El arrianismo a través de los siglos (X)
El arrianismo a través de los siglos (XII y último) El arrianismo a través de los siglos (XI) |
El arrianismo a través de los siglos (X) |
| La continuación del artículo anterior (BT nº 112, de fecha 09-01-04, p 15.) dice así: Ahora bien, hay que tener siempre presente que, para el arrianismo, todo gira en torno a su doctrina principal, que es el “unitarismo divino”; es decir, que no admite nada más que la existencia de una sola persona en la Divinidad: Yavé (o Jehová); por tanto, los arrianos niegan rotundamente la divinidad del Logos, el cual, para ellos, sólo es una criatura hecha (o creada) por Dios; por eso, niegan también la naturaleza divina de Cristo, quien, para los arrianos, sólo es un hombre. Dicho esto, pasemos a ver el período histórico arriano en la Península Ibérica. En el año 409, tuvieron lugar “las invasiones pacíficas”; varios pueblos bárbaros arrianos entraron en la Península Ibérica: alanos, suevos y vándalos (asdingos y slingos); vinieron por los Pirineos causando toda suerte de atropellos y saqueos; después tuvieron lugar las invasiones violentas, que acabaron con el Imperio romano occidental en el año 476; en lo sucesivo, los visigodos, que también eran arrianos, se hicieron con el control de la Península Ibérica; desde entonces, unos diez millones de hispanorromanos católicos tuvieron que soportar las imposiciones religiosas de los gobernantes arrianos, que sólo eran unos doscientos mil; baste, como botón de muestra, el asesinato de Hermenegildo, hijo y príncipe heredero del rey Leovigildo, a quien, por haber abrazado el catolicismo y negarse a volver al arrianismo, su padre mandó ejecutar. Por tanto, su hermano Recaredo heredó el reino visigodo en el año 586. Este rey, en el III Concilio de Toledo, abandonó el arrianismo y abrazó el catolicismo; es decir, de un plumazo (con una firma) hizo católico a todo el reino visigodo el día 7 de mayo del año 589. Recaredo, por medio de una embajada, envió una carta al papa Gregorio I Magno informándole de lo sucedido en dicho Concilio; a la carta acompañaba un regalo consistente en un cáliz de oro y piedras preciosas. El Pontífice respondió con otra carta, que decía: ¿Qué diré en el juicio final cuando me presente con las manos vacías, y vos vayáis seguido de rebaños de fieles cuyas almas habéis ganado a la fe con sólo el imperio de la persuasión?” (Juan Ortega y Rubio: Compendio de Historia de España, tomo I, p. 61). El Papa también agregó, a su carta de respuesta, un regalo de tres reliquias: un pedacito de madera (que, según el Papa, era del lignum crucis), una llave (que el Pontífice decía que estaba hecha con parte del hierro de las cadenas puestas sobre el apóstol Pedro cuando sufrió el martirio), y unos cabellos (que Gregorio I afirmaba que eran de Juan el Bautista). Al parecer, por fin, el catolicismo había triunfado en su lucha secular contra el arrianismo, el cual quedó eliminado en la Península Ibérica. Ahora bien, ¿cuánto tiempo iba a pasar sin volver a ser molestado otra vez el catolicismo por la doctrina arriana del unitarismo divino? Para ver esto, tenemos que dar un salto hacia atrás en la Historia. En efecto, según vimos, el Artículo IX, en el siglo IV, el arrianismo se convirtió en la religión de los pueblos que estaban fuera de las fronteras del Imperio romano. La península Arábiga era uno de esos lugares al Este de dicho Imperio; pues bien, allí también se estableció el arrianismo. Más tarde, los cristianos arrianos, en ese lugar, entraron en contacto con los primeros musulmanes; así lo dice la historia: “En cuanto a los cristianos, es un hecho su presencia en Arabia. […]. Los cristianos de Nachran enviaron una delegación para discutir con los primeros musulmanes la conclusión de un pacto y el Corán (C 3:61) menciona la ordalía que Mahoma les habría propuesto y que los cristianos rechazaron. […]. El desierto ha sido siempre el refugio – o lugar de exilio – de los no conformistas. Se conoce documentalmente el caso de cristianos exiliados del Imperio bizantino que fueron a dar en el oasis de Nachran. Y en Egipto los arrianos fueron enviados a los oasis por por los ortodoxos, […].” (Jacques Jomier [de la Universidad de la Sorbona, de París]: Introducción al Corán, que traduce y edita Julio Cortés [profesor de árabe en la Universidad de Carolina del Norte, EE. EE.], Barcelona, Editorial Herder, S. A., 1989, p. 17). Por eso, como es sabido, el Corán tiene algunas cosas de los cristianos; pero se trata de los cristianos arrianos, como es el unitarismo divino; el Corán lo dice así: “Vuestro Dios es un Dios Uno. No hay más dios que Él, el Compasivo, el Misericordioso.” (Corán 2:163). Por tanto, cuando el Islam entró en el reino visigodo en el año 711, otra vez tuvieron que convivir los católicos con la doctrina arriana del unitarismo divino hasta 1492. A partir de esta fecha, parecería que, en España, la única religión sería sólo el catolicismo para siempre; por lo menos, así se expresó en la Constitución de Cádiz en el año 1812, que, en su artículo 12, dice: “La religión de la nación española es y será perpetuamente la Católica, Apostólica y Romana, única verdadera. La nación la protege por leyes sabias y justas y prohíbe el ejercicio de cualquier otra.” (Historia para el Debate, año 2000, abril-junio, p. 41). Y, en el siglo siguiente, todavía se decía esto: Concordato del Vaticano con España de 1953. Artículo 1.- La Religión Católica, Apostólica, Romana sigue siendo la única de la Nación española y goza de los derechos y de las prerrogativas que le corresponden en conformidad con la Ley Divina y el Derecho Canónico.” (Id., pp. 42-43). Lo que menos podía imaginarse el catolicismo entonces es que de nuevo iba a tener que vérselas otra vez con el unitarismo divino del arrianismo en España. En efecto, en el tiempo que media entre esas dos citas, esto es, a finales del siglo XIX, el norteamericano Charles T. Russell (m en 1916) fundó, en EE. UU., “... la corporación que ahora se conoce como la Sociedad Watch Tower (Testigos de Jehová). Fue estatuida en 1884.” Russell fue sucedido (como presidente de esa Sociedad) por Joseph F. Rutherfrod (1916-1942) (La Atalaya, 1 de Abril de 1972, p. 25). En 1925, Rutherford envió a un testigo de Jehová (en lo sucesivo TJ), llamado George Yung, a España, para comenzar aquí la obra del jehovismo. Yung, con la ayuda del “embajador británico”, consiguió que las autoridades españolas le dieran permiso para que el propio Rutherford pronunciara una conferencia en Barcelona y, después, en Madrid. Yung anunció esas conferencias en los periódicos. Un domingo, a las 11h. de la maña, tuvo lugar la conferencia en Barcelona en un teatro, que estuvo protegido por la policía. Mientras Rutherford pronunció su conferencia, el gobernador de Barcelona permaneció en el estrado. “No hubo ningún disturbio, y al terminar la reunión se pidió al auditorio que firmara tarjetas en las cuales dieran su dirección. El número de direcciones que se entregaron llegó a 702 y la asistencia pasó de 2.000 personas. Más tarde, se pudo visitar a los que entregaron su nombre y dirección para estimular el interés de ellos en las Escrituras.” En Madrid se repitió la misma experiencia, con una asistencia de 1.200 personas; el subgobernador estuvo en el estrado y unas 400 personas dieron sus direcciones para ser visitadas. El subgobernador dio permiso para que, el 12 de mayo de 1925, se publicara la conferencia de Rutherford en el periódico Informaciones. Los mismos TJ dicen, sobre el resultado de esa visita de su Presidente: “El éxito de la visita del hermano Rutherford le indujo a establecer una oficina sucursal de la Sociedad Watch Tower en España, bajo la superintendencia de George Yung. Su dirección oficial era el domicilio del hermano Eduardo Álvarez Montero, en Madrid. A partir de agosto de 1925 la nueva sucursal empezó a publicar una versión reducida de cuatro páginas de La Torre del Vigía impresa por una firma comercial. (Continuará). |
El arrianismo a través de los siglos (XI)
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La continuación del artículo anterior (BT nº 116, de fecha 04-05-04, p. 16) dice El unitarismo divino de los TJ es como una fotocopia de la doctrina de Por tanto, los TJ son auténticos arrianos, que niegan la divinidad de Por otra parte, en las Sagradas Escrituras, sólo se llama Hijo de Dios a Jesús como |
El arrianismo a través de los siglos (XII y último)
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| El artículo anterior (BT nº 117, de fecha 04-06-04, p. 12) continúa así: nuestro libro titulado Adventismo y Jehovisno (su origen y su peculiar mensaje), Ir al Texto Por consiguiente, así se encuentra ahora la cuestión del arrianismo en el mundo católico: 1) Por un lado están los que creen según la doctrina del judío neoplatónico Filón, seguida y reelaborada por los dirigentes de la Iglesia durante los siglos II y III, y elevada a dogma por los concilios de Nicea y I de Constantinopla, y rematada con el absurdo del concilio de Calcedonia en el año 451, que dice que Jesús, además de haber sido engendrado por Dios en su naturaleza humana, también fue engendrado en su naturaleza divina; por lo que el Logos-Dios era Hijo de Dios antes de encarnarse, y, después de su encarnación, volvió a ser otra vez Hijo de Dios como Hombre. Esta doctrina filosófica (porque partió del filósofo Filón) y pagana (porque sólo en paganismo es donde había dioses-hijos, debido a que los dioses se engendraban unos a otros, como ya vimos en el artículo IV; y, en el artículo V, donde Teófilo de Antioquia, dice: "Teniendo, pues, Dios a su Logos inmanente en sus propias entrañas, le engendró con su propia sabiduría, emitiéndole antes de todas las cosas." ¡Qué paganismo!). Todo consiste en que Filón dijo que el Logos había sido engendrado por el Padre; después, al querer cada uno explicar cómo fue ese engendramiento (como eso era explicar algo que nunca había existido), se hartaron todos de decir errores. 2) Por otra parte, esa doctrina pagana sirvió como base a Arrio, para inventar su doctrina del unitarismo divino contra el Logos-Dios y, después, contra la divinidad de Cristo; es decir, nada más admite una sola persona en la Deidad, el Padre, que engendró al Logos (tal como dijo Filón) y, después a Jesús (como corroboró el Concilio de Calcedonia). Por consiguiente, todos los que ahora profesan el unitarismo divino, son arrianos (con diferentes nombres). 3) Por consiguiente, mientras unos siguen la doctrina pagana de Filón, otros siguen la doctrina pagana y errónea de Arrio; pero la doctrina cristiana del apóstol Juan, la única que es bíblica, quedó muerta cuando él murió; a pesar de que, como hemos visto, es muy sencilla: en el principio el Logos era Dios, cuya existencia no tiene comienzo; por tanto, nadie le engendró y, por consiguiente, no tiene padre ni madre. Después el Logos-Dios tomó la naturaleza humana por medio de la encarnación y, así, llegó a ser un hombre llamado Jesús, que tenía oculta en él la naturaleza divina del Logos; por esto era (y es), desde su encarnación, Dios y Hombre; como hombre, su padre es "el Dios" (de Juan 1:1) y su madre es María. Decimos que Jesús continúa siendo Dios y Hombre porque así lo afirma el apóstol Pablo (en contra de los TJ, que dicen que Jesús, a partir de su resurrección, sólo es un espíritu); esto dice Pablo hablando de Cristo: "[…]; porque en él habita toda la plenitud de la Divinidad corporalmente, […]." (Colosenses 2:9). 4) Por si no estuviera el asunto que hemos tratado hasta aquí suficientemente enfollonado con las doctrinas de Filón y de Arrio, y las calles llenas de predicadores del unitarismo divino, aparece ahora un nuevo filoarriano, del cual y de su condena ya hemos hablado en el artículo I. En efecto, en él, vemos que el teólogo y profesor Tamayo expresa su simpatía por Arrio, pues dice: "Recuerdo a Arrio (256-336), sacerdote piadoso, que situaba a Jesús en la máxima cercanía de Dios, pero no lo reconocía como Dios […]." Y, en su libro titulado Dios y Jesús , p. 125, se sirve de un texto bíblico que parece ser el caballo de batalla de los arrianos de todos los tiempos para mostrar que Cristo no puede ser verdadero Dios, porque él dice que es inferior a su Padre: el texto es el de Juan 14:28 (Vimos, en el artículo XI, que ese texto fue empleado por Arrio y , ahora, por los TJ), y, en parte, dice así: "[…] el Padre es mayorque yo." En esta frase, se apoyan los arrianos; pero obvian la otra frase del mismo Jesús, que dice: "Yo y el Padre somos una cosa." (Juan 10:30). Es difícil llegar leyendo al texto anterior sin haber pasado por éste; pero así de absurdos son los arrianos. No quieren reconocer que al ser, Jesús, Dios y hombre, se refiere a su humanidad en el primero de estos dos textos, y, a su divinidad, en el segundo. Esto lo hizo Jesús en más de una ocasión, para desesperación de los judíos, que no entendían nada; como cuando dice: "[…], antes que Abraham llegara a existir, yo soy. Cogieron entonces piedras para arrojárselas; […]." (Juan 8:58-59). Aquí, es eviden - te que Jesús se refiere a su existencia prehumana como el Logos- Dios, y, además, se identifica con el Dios que mandó a Moisés que fuera a Egipto, quien le dijo: "[…]. Así responderás a los hijos de Israel: Yo soy me manada a vosotros." (Éxodo 3:14). Jesús insistió en identificarse con el Yavé (el Yo soy) del Antiguo Testamento: "[…]; porque si no creéis que yo soy, moriréis en vuestros pecados." (Juan 8:24); y, en el AT, leemos: "Así habla Yavé, el rey de Israel, su redentor, Yavé de los ejércitos: Yo soy el primero y el último y no hay otro Dios fuera de mí." (Isaías 44:6); y ese Yavé se identifica con Cristo, así: "No temas, yo soy el primero y el último, el viviente, que fui muerto y ahora vivo por los siglos de los siglos, […]." (Apocalipsis 1:18). "Esto dice el primero y el ú l t i m o, que estuvo muerto y ha vuelto a la vida […]" (Apocalipsis 2:8), etc. Por esto, cuando un arriano recurre a los escritos del apóstol Juan para negar la divinidad de Jesús, comete su suicidio teológico, como ha hecho el teólogo Tamayo en su libro precitado Dios y Jesús; del que se dice así: "La Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe, […], considera necesario hacer algunas aclaraciones sobre la enseñanza contenida en el libro de Don Juan José Tamayo Acosta, Dios y Jesús […], selección arbitraria – no justificada – de pasajes del Nuevo Testamento con abandono expreso de otros […]. La aportación del autor no es sino una versión renovada del antiguo error arriano: negación de la divinidad de Jesucristo, presentación de Jesús como un mero hombre, […]." (ECCLESIA, 18 de enero de 2003, p. 10). Por lo visto hasta aquí, dedicamos estos sonetillos a todos los arrianos: LOS ARRIANOS ANTIGUOS Unos Padres semiarrianos falsa doctrina inventaron, un falso Logos crearon, intelectuales enanos, iletrados, no cristianos, que la fe abandonaron, y al Logos-Dios falsearon con caracteres humanos. Entre ellos, surgió un tal Arrio, que el arrianismo inventó con talante temerario, con un credo estrafalario, do al Logos-Dios él negó, el engreído y falsario. LOS ARRIANOS MODERNOS En USA, nació el jehovismo, que falsea la doctrina, del cristianismo, prístina, y predica el arrianismo. Es un falso cristianismo, que a muchos causa la ruina, los sume en una rutina, mas a ellos les da lo mismo. Al Logos-Dios ellos niegan y adulteran su doctrina, su divinidad reniegan con tesón y con inquina, y todos los días bregan en la plaza o en la esquina. LOS ARRIANOS ACTUALES Surgen los nuevos arrianos ahora en el siglo veintiuno, no lo esperaba ninguno de los llamados cristianos. De unos teólogos enanos, en momento inoportuno, de pronto va y sale uno, de un grupo de semiarrianos. Nuevo Arrio innecesario, engreído como un gallo, le apoya un evangélico, lo cual no era necesario, casi al verlo me desmayo, es un proceder diabólico. |
