Pedro de Felipe del Rey
La manipulación de la Biblia (I) (Historia de la Inmaculada Concepción) |
| Este dogma fue proclamado el día 8 de diciembre del año 1854; por tanto: "En este año 2004 celebramos el 150 aniversario de la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción de María. El Papa Pío IX definió como dogma esta verdad en 1854, en la Bula Ineffabilis Deus." (E c c l e s i a, 04-09-2004, p. 33). Este dogma consiste en afirmar que el pecado original fue transmitido de padres a hijos por vía sexual en el momento de la concepción; pero que, en la concepción de María, ese pecado no pasó a ella. Evidentemente, con esa proclamación dogmática, quedó tapada la muy polémica historia de la transmisión del pecado original en el caso de María, y lo único que puede hacer uno ahora es creer, o no creer, lo que afirma ese dogma; pero esto equivale a ponerse una venda en los ojos, cosa que interesa a algunos que prefieren que los demás permanezcan sumidos en el desconocimiento de muchas cosas; porque solamente la persona que está informada, sabe el valor que tiene cada cosa que hace. Por tanto, vamos a poner en evidencia la historia de la transmisión de dicho pecado, a fin de que sea conocida. Para presentar esta historia, debemos tratar varios puntos: 1) En qué consistió el "pecado original". 2) Quién fue el primero que dijo que ese pecado se transmite por vía sexual. 3) Qué pasó desde que se estableció la doctrina de la transmisión del pecado original hasta la proclamación de dicho dogma en 1854. 1.- En qué consistió el pecado original. Este pecado se llama "original" porque, según la Biblia, fue el primero que se cometió, y consistió en un acto de desobediencia; he aquí el relato: "Tomó, pues, Yavé Dios al hombre, y le puso en el jardín de Edén […], y le dio este mandato: ‘De todos los árboles del paraíso puedes comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comieres, ciertamente morirás’. Pero la serpiente, […], dijo a la mujer: ‘¿Con que os ha mandado Dios que no comáis de los árboles todos del paraíso? Y respondió la mujer a la serpiente: ‘Del fruto de los árboles del paraíso comemos, pero del fruto del que está en medio del paraíso nos ha dicho Dios: ‘No comáis de él, ni lo toquéis siquiera, no vayáis a morir’. Y dijo la serpiente a la mujer: ‘No, no moriréis; es que sabe Dios que el día que de él comáis se os abrirán los ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal’. Vio, pues, la mujer que el árbol era bueno para comerse, hermoso a la vista y deseable para alcanzar por él sabiduría, y tomó de su fruto y comió, y dio también de él a su marido, que también con ella comió. […]. Al hombre dijo (Dios): ‘Por haber escuchado a tu mujer, comiendo del árbol de que te prohibí comer, […]. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella has sido tomado; ya que polvo eres, y al polvo volverás’." (Génesis, capítulos 2 y 3). Es evidente que la trasgresión del mandamiento que Dios había dado al hombre consistió en un acto de desobediencia; y esa trasgresión es lo que se vino a llamar "pecado original". Ahora bien, un acto de desobediencia, cometido por un padre, ¿puede éste transmitirlo a sus hijos por vía sexual? 2.- Quién fue el primero que dijo que ese pecado se transmite por vía sexual. Sobre Dídimo el Ciego (m 398), que fue "jefe de la escuela catequética de Alejandría", se dice lo siguiente: "Para Dídimo, la caída de los primeros padres, es el pecado antiguo (palaiá hamartía) del que nos purificó Jesús en el bautismo del Jordán (DeTrini. 2, 12). Lo han heredado por transmisión (katá diadojén), por la cópula sexual de sus padres, todos los hijos de Adán. Esta es la razón por la cual Jesús, nacido de una virgen, no ha quedado manchado con él (Contra Man. 8)." (Patrología, tomo II, pp. 91, 105). Después, como máximo exponente de la doctrina de la transmisión del pecado original, está Agustín de Hipona (m 430); de él, se dice esto: "San Agustín fue el autor que por primera vez, y con importantes consecuencias, introdujo la doctrina del pecado original en el ámbito teológico-filosófico de la cultura occidental (¡!). […]. Para san Agustín, la transmisión tuvo lugar mediante la procreación de la primera pareja." (El pecado original: ¿Un código de fiabili - dad?, Concilium, 304, febrero 2004, Editorial Verbo Divino, pp. 110, 130). Vemos que Dídimo el Ciego fue el primero que dijo que el pecado de desobediencia de Adán se transmite de padres a hijos por vía sexual, y Agustín de Hipona corroboró y promocionó esta creencia, y la introdujo en Occidente. Por tanto, en el siglo V, la creencia de que el pecado original se transmite sexualmente estaba establecida de forma total en la Iglesia católica. 3.- Qué pasó desde que se estableció la doctrina de la transmisión del pecado original hasta la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción de María en el año 1854. De la misma manera que afirmaron la doctrina de la transmisión del pecado original, dijeron que la Virgen María no había sido contaminada con ese pecado ni con ningún otro: "[…]; san Ambrosio (m 397) la apellida incorrupta, virgen inmune por gracia de toda mancha de pecado (Sermo XXII in Psal. CXVIII); san Agustín afirma, disputando con Pelagio, que todos los justos han conocido pecado, menos la Santa Virgen María, la cual por el honor del Señor no quiero que entre nunca en cuestión cuando se trata de pecados (De natura et gratia, XXXVI, 42); etc. Pronto comenzó la Iglesia a conmemorar en sus funciones litúrgicas la santidad de María en su concepción. Passaglia, en su De Inmaculato Deiparae Conceptu, cree que a principios del siglo V ya se celebraba la fiesta de la Concepción de María (con el nombre de Concepción de Santa Ana) en el Patriarcado de Jerusalén, por hallarse mencionada en la parte auténtica del Typicon de san Sebas, pero se sospecha una interpolación. El documento fidedigno más antiguo es el canon de dicha fiesta, compuesto por san Andrés de Creta, quien escribió sus himnos litúrgicos en la segunda mitad del siglo VII, […]." (Enci - clopedia Universal Ilustrad Europeo Americana, tomo 14, pp. 918-919). Así se creó, dentro de la Iglesia católica, lo que llamaban la "piadosa creencia", que consistía en creer que, a la madre de Cristo, cuando fue concebida, sus padres no le transmitieron el pecado original; pero esta creencia dividió a la Iglesia católica en dos bandos: uno favorable y otro contrario a esa creencia piadosa; esto dio lugar a acaloradas disputas entre partidarios y adversarios de esa "creencia piadosa", y, a medida que esa creencia iba progresando claramente, las luchas entre esos dos bandos también progresaban, hasta que el papa Sixto IV (1471-1484) tuvo que intervenir para acabar con esas disputas, cosa que no consiguió, a juzgar por estas declaraciones: "A pesar de esos grandes progresos de la opinión piadosa, como sus adversarios seguían impugnándola y en las disputas se empleaban términos poco comedidos, Sixto IV, que en 28 de Febrero de 1476 había aprobado la fiesta de la Concepción de María para toda la Iglesia latina por la Constitución Quum praecelsa, se vio obligado a publicar con fecha de 4 de Septiembre de 1483 la Constitución Grave nimis prohibiendo bajo pena de excomunión que los de un bando llamasen herejes a los del otro." (Id., p. 921). No obstante, esas disputas siguieron hasta que llegó el Concilio de Trento en el siglo XVI. Entonces, los partidarios de esa "piadosa creencia" querían que este Concilio acabara con esas disputas al tratar el asunto del pecado original; entre esos partidarios se destacó un español; éste es el relato: "[…] el 24 de mayo (1546) comenzó la congregación de los teólogos a examinar los artículos referentes al pecado original. Ya desde la primera congregación general de los Padres, celebrada el 28 de Mayo, rogó el cardenal Pacheco (de Jaén, España) al Concilio que se tratase de definir la Inmaculada Concepción de María. […]. En la congregación general del 31 de Mayo casi todos los Padres opinaron que convenía excluir de la Virgen María el pecado original […]. Como quiera que algunos Padres no se mostrasen partidarios de la declaración de este dogma, pidió el cardenal Pacheco en la Pedro de Felipe del Rey congregación del 14 de Junio se manifestara que con respecto a la Bienaventurada Virgen María, el Concilio no quería decidir nada acerca de la piadosa creencia de que ella fue concebida sin mancha de pecado original. Mas los obispos y otros miembros de la orden de Santo Domingo se opusieron a que se declarase piadosa la creencia, para que implícitamente no fuera tachada de impía su opinión. Por fin se convino en que terminara el decreto acerca del pecado original con esta declaración: no hay intención de incluir en este decreto, donde se trata del pecado original, a la beata e inmaculada Virgen María madre de Dios; sino de que sean respe - tadas las constituciones de feliz memoria del papa Sixto IV, en cuyo tiempo estas constituciones recogie - ron las penas, que este decreto renueva." (Id., tomo 64, p. 108). Por tanto, las disputas de los mencionados "dos bandos" se enconaron cada vez más; ni siquiera la intervención de algunos Papas pudieron acabar con ellas, hasta que, por un argumento de autoridad indiscutible, Pío IX cortó de raíz esas disputas; he aquí el relato: " En 1617 Paulo V decretó que nadie se atreviera a enseñar públicamente que la Virgen Santísima tuvo pecado original […]. En 1622 Gregorio V prohibió que la fiesta de la Concepción de la Virgen se celebrara con el nombre de Santificación de Nuestra Señora, como venían haciendo los dominicos, y que nadie impugnase, aun en escritos y conversaciones privadas, la Concepción sin mancha de María […]. Por esta época se obligó la universidad de Granada a defender la Inmaculada Concepción con voto de sangre, es decir, comprometiéndose a dar la vida y derramar la sangre, si era necesario, por defender este misterio. Fueron sucesivamente imitando este ejemplo gran número de cabildos, ciudades, reinos, y órdenes militares (Razón y Fe, núm. extr., páginas 56 y 57). […]. Por fin, en 8 de Diciembre de 1854 Pío IX, rodeado de 54 cardenales, 42 arzobispos y 98 obispos de todo el mundo, y ante una multitud de 50.000 personas, que, venidas también de las diversas regiones del globo, inundaban la gran basílica de San Pedro, de Roma, definió: ‘que la doctrina de que la Bienaventurada Vir - gen María en el primer instante de su Concepción, por singular gracia y privilegio de Dios Omnipotente, en atención a los méritos del Salvador del género huma - no, Jesucristo, fue preservada inmune de toda mancha de culpa original, ha sido revelada por Dios, y por tanto debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles’. (Bula Ineffabilis Deus)." (Id., tomo 14, pp. 921-922). Llegados quí, podemos sacar las siguientes conclusiones: Primera: en las Sagradas Escrituras, no hay ni rastros de que el pecado de desobediencia de Adán (o pecado original) se transmitiera a su descendencia por vía sexual. El apóstol Pablo, refiriéndose a las consecuencias de aquel pecado de Adán, dice: "Así, pues, como por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, también así la muerte pasó a todos los hombres, […]." (Romanos 5:12). Es evidente, en este texto, que lo que pasó a todos fue "la muerte". Segunda: ahora bien, el obispo de Hipona manipuló este texto de Romanos 5:12; porque donde se dice: "... la muerte pasó ...", Agustín escribió: " ... el pecado pasó ..." (Hebert Haag, El pecado original en la Biblia y en la doctrina de la Iglesia, Ediciones Fax, 1969, pp. 139-147). Por otra parte, Agustín fue el mayor impulsor del bautismo de los niños pequeños, para que se les borre, ese pecado original transmitido por sus padres; así presionaba a los padres para que bautizaran a sus hijos: "Vengan, pues, los pequeñuelos, vengan; escúchese al Señor: Dejad que los niños vengan a mí. Vengan los párvulos, como enfermos al médico, como perdidos al redentor; vengan, sí; nadie se lo impida. […]. No tienen malo sino lo que se les ha remanado de la fuente; nada tienen malo fuera de lo contraído en su origen. No los aparten de la salud quienes a su pecado de herencia añadieron otros muchos." (Obras de San Agustín, tomo VII, Sermones, sermón 115, BAC). Esa presión que hacía Agustín sobre los padres, para que bautizaran a sus hijos, continuó a lo largo de los siglos; porque, en medio del siglo XX, de un niño que aún no había sido bautizado, se decía esto: "[…] el pecado original es pecado que mata el alma; y que los que mueren en él nunca verán a Dios; y que se puede decir con verdad de un niño recién nacido, antes de ser bautizado, que tiene pecado, que es enemigo de Dios e hijo de ira, y aborrecible en el acatamiento divino; y que es del bando de Satanás, esclavo y morada suya, sujeto de perdición, vaso de inmundicia y abominación y borrado del libro de la vida; porque todo esto se consigue al pecado original." (P. Pedro de Ribadeneira, Vida de la Gloriosa Virgen María, Nihil obstat: Pedro Morán, censor. Imprímase: Juan, Obispo Auxiliar y Vic. Gen.; Editorial Apostolado de la Prensa, segunda edición, 1954, p. 57). Ahora bien, en el texto completo del evangelio, que cita Agustín, Jesús dice así: Dejad que los niños vengan a mí y no los estorbéis, porque de los tales es el reino de Dios." (Marcos 10:14, Nácar- Colunga). Es evidente que Agustín escamoteó las palabras que están subrayadas en ese texto de Marcos; porque, en esas palabras, Jesús dice todo lo contrario de la doctrina de Agustín y de sus seguidores. En efecto, Jesús no dice que a los niños haya que borrarles el pecado original, para que, si mueren, vayan al reino de Dios, sino que Jesús afirma que el reino de Dios es de los niños, y eso sin haber recibido ninguna clase de bautismo. Por todo esto, es evidente que el obispo de Hipona fue un manipulador de los textos bíblicos: manipula uno (el de Romanos 5:12), para que la gente crea que los niños nacen manchados con el invento de la transmisión sexual del pecado original; y manipula otro (el de Marcos 10:14), para que haya que bautizarlos a fin de borrarles esa mancha. Así, sin necesidad de predicarles el evangelio, todos los habitantes del mundo católico son miembros de la Iglesia católica por haber nacido en ese lugar, aunque, después, no quieran saber nada de ella; y además, para más inri, oficialmente no pueden ser borrados como miembros de ella, porque, según dicen, el bautismo es un sacramento que imprime carácter. Tercera: pudiera haber sucedido que, en los primeros siglos después de Cristo, dado el nulo conocimiento de la genética, alguien creyera entonces que un delito cometido por un padre, se transmitía sexualmente a los hijos; pero, ahora, en el siglo XXI, seguir creyendo eso (como lo prueba el hecho de seguir bautizando a los niños pequeños) es una tremenda atrocidad; máxime cuando esta atrocidad es antibíblica (o anticristiana), porque se funda en unos textos bíblicos manipulados por el obispo de Hipona, quien, para que no quede ninguna duda, él mismo dice que solía manipular los textos, para que la gente entendiera lo que él quería que entendiese: "Cuando era necesario para hacerse entender, no tenía escrúpulos en introducir neologismos o saltarse las reglas de la gramática: ‘Prefiero ser criticado por los g r a m m a t i c i (gramáticos) a no hacerme entender por el pueblo’." (Patrología, tomo III, p. 416). Así, donde el apóstol Pablo escribió ... la muerte pasó ..., Agustín dijo ...el pecado pasó, en contra de todas las leyes de la Gramática; porque se trata de cambiar el sujeto de un verbo, para que la oración gramatical diga otra cosa distinta de lo que escribió su autor. Ahora bien, la manipulación del texto de Romanos 5:12, para fundar en la Biblia la doctrina de la trasmisión sexual del pecado original, no termina aquí; pero, por falta de espacio, dejamos el resto para otro artículo. |
