Pedro de Felipe del Rey

La manipulación de la Biblia (II) (El escamoteo de una palabra)
En el artículo anterior (BT nº 122, de fecha 04-12-04, p. 16), vimos que el obispo de Hipona manipuló el texto bíblico de Romanos 5:12; porque, donde este texto dice que "la muerte pasó...", él escribió "el pecado pasó..."; y, en esta manipulación, fundó su errónea doctrina de la transmisión sexual del pecado original. Ahora bien, el texto bíblico de Romanos 5:12 va todavía más lejos, hasta tal punto que hace imposible la transmisión del pecado original; por consiguiente, hace inútil el bautismo de los niños para borrarles ese pecado. En efecto, cuando copiamos el texto de Romanos 5:12, en el artículo anterior, cortamos la última frase, para comentarla ahora; por tanto, he aquí el texto completo, cuya última frase subrayamos: "Así, pues, como por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, también así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto EN EL CUAL todos pecaron." (Romanos 5:12, según el texto griego). Esta frase subrayada, en las traducciones tradicionales de la Biblia, se suele traducir así: "... por cuanto todos pecaron." Es evidente que el pronombre relativo que destacamos con mayúsculas, "EN EL CUAL", queda escamoteado en esas traducciones. Este relativo, en el texto griego, está formado por una sola palabra y, esa sola palabra, sólo tiene una letra, que es la letra omega (w), (esta letra lleva, debajo, una iota subscrita y, encima, un espíritu áspero y, encima de éste, un acento circunflejo; los ordenadores no tienen estos signos del griego bíblico, porque ahora no se usan en el griego moderno); se trata del pronombre relativo en dativo, cuyo antecedente es "un hombre". En general, los traductores de la Biblia huyen de esa palabra, la escamotean; ¡por algo será! (podéis comprobarlo en vuestras Bíblias). El hecho de que escamoteen esta palabra es porque la aceptación de ella tiene unas consecuencias teológicas muy importantes con relación al origen del pecado y de la muerte, así como para la solución de estos dos problemas. En efecto, al decir el apóstol Pablo: "...en el cual todos pecaron", se refiere al que, al principio de ese texto de Romanos 5:12, llama "un hombre", que es el antecedente del relativo "en el cual" (como ya hemos apuntado más arriba), y se refiere a Adán, como lo vimos en el artículo anterior, donde observamos que el pecado de desobediencia de Adán acarreó, como consecuencia, la muerte. Por consiguiente, en aquel momento, Adán era la humanidad; por tanto, al pecar él, la humanidad pecó; por eso, el apóstol dice: "... en el cual todos pecaron"; y, por ese pecado, la humanidad adquirió la mortalidad. Por esta razón, todos los hombres y mujeres de todos los tiempos mueren, porque pertenecen a la humanidad, que adquirió la mortalidad cuando ella era Adán solamente; por esto, el mismo apóstol dice: "... en Adán todos mueren..." (1Corintios 15:22). Por lo que se refiere a Eva, ésta fue sacada de Adán (según Génesis 2:22); por esto, para Dios, los dos eran uno solamente, pues llamó Adán a los dos (según Génesis 5:2); fue el hombre quien llamó Eva a su mujer (según Génesis 3:20).

Por otra parte, Dios nunca perdonó aquel pecado de Adán; porque, si lo hubiera perdonado, eso habría supuesto suprimir la mortalidad de la humanidad, ya que la mortalidad fue la consecuencia de dicho pecado. Por tanto, he ahí la inutilidad del bautismo de los niños para borrarles el pecado original; y el error de decir que ese pecado se transmite de padres a hijos, pues esto es imposible; porque unos y otros pecaron al mismo tiempo cuando la humanidad pecó en Adán: por tanto, el pecado original fue un hecho puntual terminado en el mismo momento que se cometió, y, desde entonces, ese pecado ni se perdona ni se transmite, ni se puede eludir su consecuencia, que es la muerte.

Por otro lado, la traducción tradicional de Romanos 5:12, que, escamoteando dicha palabra, traduce: "... por cuanto todos pecaron", da a entender que cada persona muere porque ha pecado ella personalmente, cosa absurda y errónea, ya que lo mismo muere un criminal que un niño (incluso aunque pretendan haberle quitado dicho pecado por medio del bautismo). Por tanto, es evidente que la muerte que pasó a todos los hombres (según Romanos 5:12), no es debida a pecados personales de cada uno, sino que la muerte de cada uno es debida a que pertenece a la humanidad que adquirió la mortalidad al pecar Adán, porque, en él, toda la humanidad pecó y se hizo mortal.

Ahora bien, ¿qué solución hay para el problema de la muerte que afecta a todos por el solo hecho de ser humanos, aunque uno tenga pocos días de vida y, por tanto, no haya cometido ningún pecado personal? Cristo soluciona este problema de la muerte resucitando a todos, sin tener en cuenta, para resucitarlos, los pecados personales de cada uno, puesto que ellos no han muerto por sus pecados personales, sino que han muerto sólo por pertenecer a la humanidad, que es mortal (el asunto de los pecados personales vendrá después, según 2 Cor. 5:10). Así se refirió Jesús a dicha resurrección de todos: "[…] vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación" (Juan 5:28-29). Cuando acontezca esa resurrección, los pecados personales de los que se hayan adherido a Cristo por medio del bautismo voluntario (como él indica en Marcos 16:15- 16), habrán quedado pagados con la muerte de Jesús en la cruz; pero los que no se hayan adherido a Jesús, pagarán sus pecados personales con su propia vida muriendo otra vez (lo que es la muerte segunda), ya que, aunque Cristo murió por todos, en los que no se adhirieron a él por medio del bautismo voluntario, la muerte de Jesús no tiene efecto; así lo dicen las Sagradas Escrituras: "Y él (Jesucristo) es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo." (1 Juan 2:2). " P e d ro les dijo: Arrepentios, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; […]." (Hechos 2:38). "Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. […]. El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda." (Apocalipsis 21:5-8). Por tanto, puesto que todos los hombres resucitarán, pero sólo serán salvos los que se adhirieron a Cristo, mientras que los demás están destinados a la segunda muerte, el que quiera librarse de ésta, puede hacerlo creyendo en Dios y siguiendo a Jesús; cuando uno hace esto, pasa de estar destinado a esa muerte segunda, a estar destinado a la vida eterna que Jesús da a los que le siguen; así lo dice él mismo: "De cierto, de cierto, os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida." (Juan 5:24). Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano." (Juan 10:27-28). "Porque la paga del pecado es muerte, pero el don de Dios es vida eterna en nuestro Señor Jesucristo" (Romanos 6:23). Llegados aquí, observamos que el texto de Romanos 5:12 (reponiendo en su lugar la palabra escamoteada) muestra que es errónea la doctrina de la transmisión sexual del pecado original (con todas las consecuencias apuntadas más arriba), así como pone en evidencia la absoluta inutilidad del bautismo de los niños. En efecto, cuando Cristo, por medio de la resurrección de todos, resucite a los niños, que murieron sin haber cometido ningún pecado personal, éstos (sin necesidad de haber sido bautizados) serán salvos; es decir, irán a donde dijo Jesús: "Dejad que los niños vengan a mí y no los estorbéis, porque de los tales es el reino de Dios." (Marcos 10:14).

 

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