"(...) Que lo sepan, que lo oigan, que se lo graben profundamente: dejaré La Moneda cuando cumpla el mandato que el pueblo me diera, defenderé esta revolución chilena y defenderé el Gobierno porque es el mandato que el pueblo me ha entregado. No tengo otra alternativa. Sólo acribillándome a balazos podrán impedir la voluntad que es hacer cumplir el programa del pueblo (...)"

http://www.mssa.cl/fundacion/index.html


> Declaración de AI sobre el aniversario del 11 de septiembre
>
> Un año despues, los atroces atentados del 11 de septiembre en Estados
> Unidos siguen horrorizando a personas de todo el mundo.
>
> Estos atentados constituyen crimenes de lesa humanidad. Entre las víctimas
> había ciudadanos tanto estadounidenses como asiáticos, africanos,
> latinoamericanos y europeos, tanto musulmanes como cristianos y judíos: un
> verdadero microcosmos de la humanidad.
>
> Hoy, los que han sobrevivido y los familiares de los difuntos, personas
> originarias de mas 60 paises, recuerdan a las víctimas de estos terribles
> ataques. En este día de conmemoración, Amnistía Internacional quiere
> reiterar su mas profunda solidaridad con las víctimas y con quienes lloran
> a sus seres queridos en todo el mundo. Los que han participado en la
> comisión de estos atentados deben comparecer ante un tribunal.
>
> El sufrimiento de las víctimas y el dolor de los supervivientes y de los
> familiares de quienes murieron exigen compasión y justicia, no venganza.
> Pensamos en ellos, y pensamos en el número constante de víctimas de abusos
> contra los derechos humanos en todo el mundo, es decir, en los que son
> asesinados, mutilados o torturados, los que «desaparecen» y los que han
> sido encarcelados por decir lo que piensan o por su identidad.
>
> Hoy debemos recordar la humanidad que nos une. Debemos mostrar compasión
> en el apoyo a las victimas y determinación en la búsqueda de la justicia y
> en la defensa de los derechos de todas las personas.
>
> De su dolor y sufrimiento debe renacer la esperanza en el establecimiento
> de un mundo mas pacífico y seguro, que sólo sera posible alcanzar
> garantizando los derechos humanos y el Estado de Derecho. Si existe
> respeto por los derechos humanos, es mucho mas improbable que se extienda
> el odio que desencadena la violencia.
>
>
> **************************
>
>
> Información de contexto:
>
> Consideraciones de Amnistía Internacional sobre la reacción tras el 11 de
> septiembre
>
> Desde el 11 de septiembre de 2001, el entorno ha cambiado radicalmente
> para el activismo en favor de los derechos humanos. Los logros de muchos
> años han quedado menoscabados y han surgido nuevos retos para el
> movimiento mundial de derechos humanos. Son las otras víctimas del 11S.
>
> La seguridad y los derechos humanos, en la misma balanza
>
> Se ha observado una clara disposición a disminuir el valor de los derechos
> humanos y a aumentar el de la seguridad. En realidad, la doctrina de la
> seguridad nacional ya se había utilizado antes para negar derechos
> humanos, pero esta vez la diferencia radica en que son democracias
> consolidadas y no regímenes autocráticos las que encabezan la adopción de
> duras leyes que en ocasiones coartan libertades civiles en nombre de la
> seguridad pública. Aunque los Estados tienen la obligación de proteger a
> sus ciudadanos, Amnistía Internacional insiste en que no se pueden
> sacrificar los derechos humanos en aras de la seguridad.
>
> Según AI, la dicotomía que se plantea entre seguridad y derechos
> humanos es falsa:
>
> 1. porque los derechos proclamados en los tratados de derechos humanos
> -como el derecho a la vida, a no ser torturado o a ser juzgado con las
> debidas garantías-, son absolutos y deben ser respetados en todo momento,
> aun en situaciones de emergencia pública;
>
> 2. porque los derechos humanos no son un obstáculo para la seguridad,
> sino la clave para alcanzar esa meta. La seguridad del ser humano llega
> únicamente con el respeto de los derechos fundamentales y al Estado de
> Derecho. Los derechos humanos son la base para crear Estados sólidos y
> responsables y sin ellos no puede existir estabilidad política o económica
> ni progreso social.
>
> Se socava la universalidad de los derechos humanos
>
> 1. Varios gobiernos han limitado los derechos de los extranjeros o de
> los nacionales nacidos en el extranjero, han endurecido su política de
> asilo o han ampliado las restricciones a los visados después del 11S, como
> ha ocurrido en Australia, Alemania o Canadá.
>
> 2. El clima de sospecha ha fomentado el racismo, la xenofobia y el
> antisemitismo; se ha atacado a personas no por lo que hubieran hecho, sino
> por lo que eran.
>
> 3. Se ejerce una doble moral: Los gobiernos de las grandes potencias
> han dado más peso a quienes intentan poner en tela de juicio la
> universalidad de los derechos humanos. Los mismos gobiernos que
> denunciaban abusos contra estos derechos hacían la vista gorda respecto a
> los que estaban siendo cometidos por los soldados rusos en Chechenia, por
> ejemplo.
>
> 4. Se establece un sistema judicial penal en la sombra: ciudadanos
> extranjeros son privados de libertad sin cargos ni juicio (Reino Unido);
> ciudadanos no estadounidenses que se enfrentan a la expulsión permanecen
> detenidos por tiempo indefinido por motivos de seguridad nacional; se
> constituyen «comisiones militares» para juzgar a extranjeros sospechosos
> de participar en actos de «terrorismo internacional». Para AI, estas
> comisiones son discriminatorias y conculcan las normas internacionales
> sobre juicios justos.
>
> 5. La «guerra contra el terrorismo» ha supuesto también que varios
> gobiernos hayan utilizado este paraguas para reprimir la disidencia
> política, como ha ocurrido en China, donde el gobierno intensificó su
> campaña de represión contra los uigures que se oponen al régimen chino en
> Xinjiang con el argumento de que están vinculados al «terrorismo
> internacional». Según informes, las autoridades han detenido a millares de
> opositores uigures y han aprobado nuevas restricciones sobre los derechos
> religiosos de los musulmanes.
>
> En otros países, como Jordania, se ha ampliado la definición de
> «terrorismo» para abarcar los daños al medio ambiente y se ha aumentado el
> control sobre las organizaciones públicas, privadas o internacionales y
> sobre las misiones diplomáticas. Estas enmiendas han reforzado también los
> poderes para cerrar cualquier publicación que se considere que ha
> difundido información falsa o injuriosa susceptible de «socavar la unidad
> nacional o la reputación del país».
>
>
> Surgen nuevos retos para el movimiento de defensa de los derechos humanos:
>
> Tras el 11 de septiembre, vivimos en una etapa de riesgo para las
> libertades, pero vivimos también una época de nuevas oportunidades para el
> movimiento mundial de derechos humanos, que se enfrenta a necesidades como
> las siguentes:
>
> 1. Es preciso actuar para reforzar los mecanismos regionales e
> internacionales encargados de vigilar las consecuencias que la «guerra
> contra el terrorismo» puede suponer para los derechos humanos.
>
> 2. Es necesario continuar la campaña en favor del establecimiento de un
> sistema de justicia internacional eficaz e independiente.
>
> 3. Es fundamental la construcción de una «coalición mundial en favor de
> los derechos humanos» ahora que los gobiernos están construyendo una
> «coalición mundial contra el terrorismo».
>
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> Celia Zafra Cebrián
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> Amnistía Internacional-España/ Amnesty International-Spain
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11 de septiembre del 2002


Un año después
Juan F. Martín Seco
Estrella Digital

Parece obligado escribir hoy acerca del 11 de septiembre. Escribo para declarar que no me gusta escribir sobre ello. Escribo para renegar de esa idea que, con cierto papanatismo, se repite sin cesar: el 11 de septiembre marcó la historia, ya nada será igual. Hay quien, en el colmo de la petulancia, ha afirmado que el 11 de septiembre nunca más volverá a ser, mientras perdure la civilización, un día de felicidad. Para la humanidad en su conjunto pocos son los días felices. ¿Por qué damos por hecho que sólo sufren los ricos?

El 11 de septiembre del 2001 Nueva York vivió una enorme tragedia, se cometió una atrocidad, una salvajada, pero ¿cuál es el día que en una u otra parte del planeta no se da una tragedia de proporciones similares e incluso mayores? Varios miles de personas inocentes murieron en las Torres Gemelas, pero ¿cuántas muertes causa diariamente en el Tercer Mundo la desnutrición, la falta de higiene o de agua potable, o la ausencia de medicamentos? Cuarenta mil niños fallecen de hambre en el mundo cada jornada. ¿A qué número se elevan las víctimas inocentes del bloqueo ejercido sobre Irak? ¿Acaso sólo los muertos norteamericanos o europeos son merecedores de luto?

Hubo en 1973 otro 11 de septiembre. Allá en Chile, los que ahora son víctimas fueron verdugos, y puestos a ser grandilocuentes, aquel día también cambió la historia, al menos para América Latina. Se abortó la posibilidad de que los países del hemisferio sur americano se adentrasen por la senda de la justicia y de la democracia.

Se cumple un año del atentado de las cumbres gemelas y pocos hasta ahora, a pesar de la tinta vertida, han sido los que se han preguntado el porqué. ¿Qué circunstancias económicas, sociales y políticas abonan el campo para que en ciertas sociedades se extienda cada vez más una ideología tan insana como la del fundamentalismo islámico? Cualquier terrorismo puede tener mucho de demencia criminal, pero reducir su análisis exclusivamente a este aspecto es una postura simplista, que cierra de antemano la posibilidad de conocer sus entresijos y por lo tanto de anularlo.

Tras el 11 de septiembre, el Gobierno estadounidense, lejos de enfrentarse de verdad al problema y preguntarse el porqué de ese antiamericanismo que recorre el mundo asentado en lo profundo de las sociedades, por más que los gobiernos den a entender otra cosa, optó por utilizar el terrorismo como coartada. Aprovechó el envite para remover los sentimientos nacionalistas más oscuros, que siempre anidan en las entrañas de un pueblo, para plantear una grotesca cruzada, tanto más grotesca cuanto que el terrorismo es siempre difícil de localizar.

Pero es ese carácter volátil del terrorismo el que hace tanto o más peligrosa la respuesta americana. Le permite a Bush situar al enemigo allí donde le apetezca, y por ello intervenir a sus anchas en el mundo, violando todas las convenciones internacionales. La coartada es perfecta. Basta acusar como terrorista a un país, incluirlo en el "eje del mal", para justificar el ataque y la invasión si fuese precisa. Antes fue Afganistán, ahora Irak.

El terrorismo sirve también para ocultar las vergüenzas internas. Los enemigos exteriores unen a los pueblos con sus gobernantes, y hacen que las sociedades se olviden de los verdaderos problemas políticos, en especial de los económicos y sociales. Bush pasó de ser un presidente en entredicho, cuestionado y criticado, a líder indiscutible de la nación. Nadie le reprochó el fallo estrepitoso de los servicios de inteligencia o los errores manifiestos en la seguridad. Al contrario, su popularidad, que rondaba un ramplón 51 por ciento, llegó al 96 por ciento.

Por último, aunque no menos importante, agitar el fantasma del terrorismo se convierte en la excusa perfecta para el sueño conservador de restringir libertades y garantías, potenciando hasta el límite el Estado-policía. La violación de los derechos más elementales ha sido una constante este año en la actuación de la Administración Bush, dentro y fuera de EEUU. Aquél sobre quien se extiende la sospecha de terrorista -y no olvidemos la imprecisión que muchas veces caracteriza tal acusación- queda privado de todo derecho: tribunales militares, falta de asistencia jurídica, tortura, detenciones indefinidas, deportaciones, campos de concentración, cuerpos especiales de delatores, etc. Guantánamo quedará grabado en la historia como una vergüenza de la humanidad.