Aunque esta Obra está registrada en el Registro de la Propiedad Intelectual con la calificación de Obra científica, su autor, Pedro de Felipe del Rey, autoriza a Santiago Hernández Sánchez, Román Quirós Martínez, y Diego Pedrosa, a colgarla en Internet, para que las personas, que lo deseen, puedan bajar copias completas de ella de forma gratuita (incluyendo siempre el Índice y la Bibliografía), para uso particular; pero no para editarlas, ni para venderlas, ni para traducirlas a otra lengua sin un permiso escrito y firmado por el autor. Por tanto, queda prohibido bajar la Obra completa o fragmentos de ella para colgarlos en Internet (bajo ningún concepto, ya sea de propaganda, proselitismo, etc.). Por otra parte, si alguien quiere que sus lectores tengan acceso a la Obra completa, pueden poner un enlace a ella.
Dedicado a los que buscan la Verdad (Jn. 14:6;
Ef. 4:21)
Cierto teólogo, en el momento de obtener su doctorado en
Teología, con una tesis sobre Carlos Taze Russell, dijo: "Lo que yo no sé es por
qué aparecieron los Testigos de Jehová." Exactamente eso es lo que vamos a
descubrir en este libro; vamos a probar que, por causa de una palabra
sola, mal traducida en cierta Biblia, aparecieron el Adventismo y el
Jehovismo.
Decimos Adventismo con el fin de abarcar, con este término, las
diferentes denominaciones adventistas: Iglesia Adventista del Séptimo Día,
e Iglesia Adventista del Séptimo Día (Movimiento de Reforma). La
mencionada en segundo lugar tuvo su origen escindiéndose de la anterior en
Alemania en el transcurso de la I Guerra mundial.
En la palabra Jehovismo incluimos los diferentes nombres que
los Testigos de Jehová han usado desde su aparición.
Tras descubrir por qué aparecieron el Adventismo y el
Jehovismo, estudiaremos el mensaje peculiar de cada uno:
1) El mismo Adventismo dice que su mensaje exclusivo es
éste:
"La doctrina del Santuario, incluyendo la enseñanza del
juicio investigador y la creencia en que Elena G. de White fue inspirada
divinamente, pertenecen única y exclusivamente a los adventistas del séptimo
día. Si Cristo no comenzó un ministerio de juicio investigador en el cielo en
1844, y si Elena G. de White no fue la mensajera elegida de Dios, la Iglesia
Adventista perdería dos enseñanzas que la identifican como un movimiento
profético levantado por Dios, a fin de preparar el camino para el segundo
advenimiento de Cristo." (85/7; véase el comienzo de la
Bibliografía).2) Un ex miembro del "cuerpo
gobernante" del Jehovismo dice cuál es el mensaje exclusivo de éste:
"Lo que especialmente distingue sus enseñanzas de las de
cualquier otra denominación es la doctrina fundamental que se centraliza en el
1914 como la fecha en que el gobierno activo de Cristo comenzó; [...] y, más que
nada, la selección de la organización de la Watch Tower como su canal oficial,
asignándole control completo sobre sus intereses terrenales a una ‘clase del
esclavo fiel y discreto’ y, de hecho, dando autoridad completa al cuerpo
gobernante de esta clase." (56/395-396).
"Así que algo terminó en 1914 y algo empezó. [...] Lo que
empezó fue el reino de Dios en el cielo con Cristo como Rey."
(65/173).
3) Es evidente que tanto el Adventismo
como el Jehovismo se consideran dos movimientos aparecidos en cumplimiento de
ciertas profecías bíblicas en las respectivas fechas de 1844 y 1914, y que ellos
son el pueblo de Dios en la Tierra (pero excluyéndose el uno al otro), por medio
de los cuales Dios da a conocer su último mensaje para la humanidad, el cual
ellos tienen que predicar al mundo entero; sin que lo que predica el uno tenga
ningún valor para el otro. Por tanto, esas dos fechas (1844 y 1914) y las dos
doctrinas que se sustentan en ellas (la "purificación del santuario" y el "reino
de Dios en el cielo", comenzados en dichas fechas) son objeto de nuestro
riguroso estudio, para dejar al descubierto qué es lo que en realidad pasó en
1844 y 1914, fechas míticas para el Adventismo y para el Jehovismo, de las
cuales dependen todas sus pretensiones, para, cada uno excluyendo al otro,
proclamarse el único y verdadero pueblo de Dios en la Tierra con el único
mensaje en exclusiva. El lector verá lo que queda de todas esas pretensiones, y,
además, sabrá más de esas dos organizaciones que muchas de las personas que
pasan toda su vida siendo miembros de cualquiera de ellas.
4) Al leer la presente obra, téngase en cuenta lo que dicen el
Adventismo y el Jehovismo:
a) El Adventismo:
"Estudia para aprender qué dice el Señor. Ycuando la
convicción te posea mientras investigas, si ves que tus opiniones acariciadas no
están en armonía con la verdad, no tuerzas la verdad para que cuadre con tu
creencia, sino acepta la luz dada." (142/8).b) El Jehovismo:"La exposición de errores religiosos y la revelación de las
verdades bíblicas no perturban a la persona honrada que desea servir a Dios."
(67/226).La opinión del Adventismo y del Jehovismo
sobre las iglesias:
El Adventismo dice:
"Muchas iglesias protestantes están siguiendo el ejemplo de
Roma, y se unen inicuamente con 'los reyes de la tierra'. Así obran las iglesias
del estado en sus relaciones con los gobernantes seculares y otras
denominaciones en su afán de captarse el favor del mundo. Y la expresión
'Babilonia' - confusión - puede aplicarse acertadamente a esas congregaciones
que, aunque declaran todas que sus doctrinas derivan de la Biblia, están sin
embargo divididas en un sinnúmero de sectas [...]. "Además de la unión pecaminosa con el mundo, las iglesias que se
separaron de Roma presentan otras características de ésta". (El Conflicto de
los Siglos, p. 434).
El Jehovismo afirma:
"Dios odia a los hipócritas porque los hipócritas traen oprobio
a su nombre y se oponen a su soberanía universal. Lógicamente, Dios odia a la
cristiandad. Pronto él la destruirá con el resto del mundo". (Usted puede
sobrevivir al Armagedón y entrar en el nuevo mundo de Dios, p. 53).
La Biblia advierte:
"Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos"
(Mateo 24:11). "[...] ya no seamos niños
fluctuantes, llevados por doquier de todo viento de doctrina, por estratagemas
de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error"
(Efesios 4:14).
"[...] Mirad que no seáis engañados; porque se levantarán
muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy; y: El tiempo está cerca; no vayáis en pos
de ellos" (Lucas 21:8). (Según el texto griego).
Sección primera
EL ADVENTISMO
(1 Samuel 17:45)
Primera
parte
EL ADVENTISMO Y SU PECULIAR
MENSAJE
A ti, profetisa ignorante,
inventora de visiones,
que son bodrios a montones
de tu mente petulante.
Capítulo primero
EL ORIGEN DEL ADVENTISMO
1) Un hombre estadounidense, Guillermo Miller (1782-1849), fue
quien dio origen al "Movimiento millerita", del que salió el Adventismo (como
veremos en lo sucesivo). Era el hijo mayor de una familia de dieciséis hermanos.
Aunque en su juventud no pudo cursar estudios, fue un hombre amante de la
lectura. Vivió en Low Hampton (Nueva York). Siendo agricultor de profesión,
llegó a desempeñar los cargos de condestable, aguacil mayor y juez de paz en su
comunidad. En la guerra comenzada en 1812 entre Estados Unidos y Gran Bretaña,
sirvió como capitán (1/129-130).
2) Por lo que se refiere al aspecto religioso, Miller no tuvo
interés por la religión hasta la edad de 34 años:
"Miller hizo entonces pública profesión de la fe en la religión que había despreciado antes. [...]. Resolvió estudiar las Sagradas Escrituras por su cuenta, y averiguar si toda contradicción aparente no podía armonizarse." (2/364-366).3) Así, pues, Miller empezó a estudiar la Biblia por su cuenta en 1816 y, en dos años, fundándose en Daniel 8:14, llegó a la conclusión de que la segunda venida de Cristo tendría lugar hacia 1843 aproximadamente: "La profecía de Daniel 8:14 : ‘Hasta dos mil y trescientos días de tarde y mañana y el santuario será purificado’, inquietaba a Miller. Estudió y repasó las cifras y las fechas. Alrededor de 1818, después de dos años de concentrado escudriñamiento, Miller expresó su creencia de que la venida de Cristo ocurriría dentro de unos veinticinco años." (1/131). "Había dedicado dos años al estudio de la Biblia, cuando, en 1818, llegó a tener la solemne convicción de que unos veinticinco años después aparecería Cristo para redimir a su pueblo." (2/376-377).4) Miller no dio a conocer de inmediato su creencia de que Cristo vendría a la Tierra hacia 1843; pues llegó a temer que estuviera equivocado y equivocara a otros; por esto, dedicó otros cinco años "a revisar las pruebas que apoyaban las conclusiones a que había llegado", tras lo cual quedó convencido en su creencia: "No pudo por menos que sentir que era deber suyo impartir a otros la luz que había recibido. [...]. Lo único que temía era que en su gran júbilo por la perspectiva de la gloriosa liberación que debía cumplirse tan pronto, muchos recibiesen la doctrina sin examinar detenidamente las Santas Escrituras para ver si era la verdad. De aquí que vacilara en presentarla, por temor a estar errado y de hacer descarriar a otros. Esto le indujo a revisar las pruebas que apoyaban las conclusiones a que había llegado, y a considerar cuidadosamente cualquier dificultad que se presentase a su espíritu. Encontró que las objeciones se desvanecían ante la luz de la Palabra de Dios como la neblina ante los rayos del sol. Los cinco años que dedicó a esos estudios le dejaron enteramente convencido de que su manera de ver era correcta." (2/377-378).Por fin, Miller llegó a tener una especie de autosugestión que le llevó a creer que Dios le ordenaba que diera a conocer al mundo lo que había descubierto, de lo contrario sería castigado: "El deber de hacer conocer a otros lo que él creía estar tan claramente enseñado en las Sagradas Escrituras, se le impuso entonces con nueva fuerza. ‘Cuando estaba ocupado en mi trabajo – explicó, - sonaba continuamente en mis oídos el mandato: anda y haz saber al mundo el peligro que corre. [...]’. "De continuo se presentaban a su espíritu las siguientes palabras: ‘Anda y anúncialo al mundo; su sangre demandaré de tu mano.’ [...]". (2/378).6) La autosugestión le presionaba el cerebro; la aguantó durante nueve años, hasta que, por fin, en 1831, dio a conocer su descubrimiento sobre la fecha de la segunda venida de Cristo: "Esperó nueve años; y la carga continuaba pesando sobre su alma, hasta que en 1831 expuso por primera vez en público las razones de la fe que tenía." (Ib.).7) Así, pues, en 1831, Miller empezó a predicar que la segunda venida de Cristo y el fin del mundo tendrían lugar hacia 1843. Algunos dirigentes religiosos se unieron a Miller; compusieron un diagrama con sus cálculos y fechas que apoyaban, según ellos, su creencia en la fecha indicada para el regreso de Jesús (véase el Apéndice 1); las iglesias que no aceptaron su mensaje, fueron acusadas de ser Babilonia: "En 1842, Fitch y Halle dibujaron el famoso diagrama ‘1843’. Este diagrama profético, pintado en tela, fue presentado en el congreso de Boston, celebrado en mayo de 1842, que fue presidido por José Bates. Después de la presentación del diagrama, con los símbolos gráficos y períodos de tiempo, los predicadores adventistas autorizaron hacer 300 ejemplares en litografía. En el segundo trimestre de 1843, Fitch predicó su notable sermón sobre la ‘Caída de Babilonia’. En este sermón declaró que Babilonia ya no se limitaba a la Iglesia Católica Romana, sino que debía incluir al gran grupo de la cristiandad protestante. Dijo que los protestantes habían rechazado la luz del advenimiento y amonestó a los sinceros cristianos a salir de Babilonia. "Jorge Storrs y Silvestre Biss fueron otros destacados dirigentes milleritas." (1/137-138).8) Vemos que los adventistas de ahora lo mismo llaman "adventistas" como "milleritas" a los seguidores de Miller, quienes pusieron tres fechas para el final de los 2.300 "años" (sacados de Daniel 8:14, donde se dice "días"), en cuyo momento tendrían lugar la segunda venida de Jesús y el fin del mundo; pero esas tres fechas fallaron: "Recordaremos que Miller y otros que intentaron hallar una fecha definida para el fin de los dos mil trescientos años, al principio decían ‘alrededor de 1.843’. Más tarde, señalaron como límite el 21 de marzo y luego el 18 de abril de 1844, [...]." (1/149-150).
Capítulo II
EL CHASCO DEL ADVENTISMO EN 1844
1) Tras haber fallado las tres fechas anteriores, dicen que
recibieron nueva luz, para fijar otra nueva fecha que los llevaría a un
dramático final, llamado por ellos "el chasco":
"En el verano de 1844, un nuevo torrente de luz apareció e iluminó al movimiento adventista hasta su dramática culminación, en octubre." (1/150).2) La nueva fecha era el 22 de octubre de 1844. Tan convencidos estaban de que Cristo regresaría en esta fecha, gracias a ese "nuevo torrente de luz", que muchos se deshicieron de sus posesiones: "Muchos entregaron todas sus posesiones para ayudar a esparcir el mensaje del advenimiento." (1/154).3) No faltaron quienes les recordaban las palabras de Jesús, de que nadie sabe el día ni la hora de la segunda venida (Mateo 24:36); pero ellos no tomaron en cuenta esas palabras: "La predicación de una fecha definida para el advenimiento levantó violenta oposición en todas partes, desde el ministro en el púlpito hasta el más descuidado y empedernido pecador. El ministro hipócrita y el descarado burlón decían: ‘Pero el día y la hora nadie sabe’." (3/233).4) Es evidente que los milleritas se habían jugado todo a una fecha, el 22 de octubre de 1844; por tanto, esperaban con gran tensión que llegara ese día; pero ¿se iba a presentar Cristo en esa fecha? He aquí lo que pasó aquel día: llegaron a donde los condujo aquel "nuevo torrente de luz"; a lo que ellos llaman "el chasco": "A medida que se acercaba el 22 de octubre de 1844, aumentaba la tensión entre los adventistas. [...]. "Y llegó el día. Los adventistas estaban reunidos en capillas o en los hogares particulares, [...]. Pasó el día, y se puso el sol. [...]. Finalmente pasó la media noche. Se ofrecieron oraciones y los ojos de muchos creyentes derramaron lágrimas. Por fin llegó la mañana, y ya no podían seguir pretendiendo que estaban en el día 22. Aquel día pasó y Jesús no había venido. [...]. "[...] cuando pasó el 22 de octubre de 1844 y Jesús no apareció, el chasco fue muy amargo. [...]. "[...]. Hiran Edson expresa cuáles eran sus sentimientos: ‘Nuestras más caras esperanzas y expectativas estaban marchitas y nos sobrevino una necesidad de llorar como nunca antes sentimos. Parecía que la pérdida de todos los amigos terrenales no tenía comparación con este dolor. Lloramos y lloramos hasta que aclaró el día’." (1/153-156, 443).
Capítulo III
LAS CONSECUENCIAS DEL CHASCO
1) Como consecuencias del chasco del 22 de octubre de 1844, el
grupo de milleritas (o adventistas) seguidores de Gillermo Miller saltó por los
aires; se hizo pedazos:
a) Hubo muchos milleritas que, sencillamente, se apartaron del
movimiento de Miller en cuanto se produjo el chasco; pero continuó un grupo de
ellos:
"Muchos milleritas se echaron atrás en seguida después del
chasco, aunque un grupo considerable continuó durante varios años."
(1/155).b) Este grupo que continuó con Miller,
después de la muerte de éste, se extingió:
"Miller murió en diciembre de 1849. Sus colaboradores
continuaron fijando fechas durante años. Estos llegaron a ser los adventistas
evangélicos [...]. Gradualmente se fueron
extinguiendo."(Ib.).c) Antes que este grupo se
extinguiera, muchos de sus miembros se separaron y dieron lugar a otros grupos
de adventistas: de uno de ellos, se originó "la Iglesia Cristiana Adventista",
que observaba el domingo como día de reposo, y que fijó una nueva fecha para la
segunda venida de Cristo. En contraposición con este grupo, otros de esos
milleritas formaron la "Iglesia Adventista del Séptimo Día"; la continuación del
relato así lo dice:
"Un grupo considerable se separó de estos milleritas fijando
una nueva fecha para la venida de Cristo. [...]. Fueron conocidos como la
Iglesia Cristiana Adventista, observadores del domingo; el único grupo
adventista importante fuera de los Adventistas del Séptimo Día.
"En contraste con éstos que persistieron en la
idea de que el Señor vendría pronto y continuaron fijando fechas, hubo grupos de
creyentes que se mantuvieron firmes en la convicción de que la profecía de los
dos mil y trescientos días había sido calculada correctamente al señalar 1844
como terminación de dicho período, y que la purificación del santuario empezó en
esta fecha. Pero hallaron otra explicación que señalaba otro acontecimiento en
vez de la segunda venida de Cristo. Este incluía a Hiram Edson, José Bates,
Jaime White; Elena Harmon y José Turner.
"[...[. Nos interesa especialmente el grupo de
Hiram Edson, José Bates, Jaime White y Elena Harmon, porque formaron el núcleo
de nuestra iglesia." (1/155-156).2) Vemos que, de los
seguidores de Miller, tras el chasco de 1844, se formaron varios grupos; pero
los dos más importantes que permanecieron, fueron:
a) La Iglesia Cristiana Adventista que observaba el domingo
como día de reposo. Tengamos bien en cuenta a esta Organización, porque, como
veremos en su lugar correspondiente, por medio de ella aparecerá el
Jehovismo.
b) La Iglesia Adventista del Sétimo Día, que no se llamará así
hasta 1860, ya que, en el principio de su formación, también observaba el
domingo como día de reposo hasta 1846, cuando aceptaron de forma oficial el
reposo del sábado, tras debatir este tema en un congreso celebrado a finales del
año anterior. Antes de esta fecha, hubo algunos adventistas que empezaron a
observar el sábado por su cuenta, a raíz de que Raquel Oakes (miembro de la
Iglesia Bautista del Séptimo Día) transmitiera esta enseñanza al pastor
adventista Federico Wheeler, en cuya iglesia estuvo escuchando su predicación un
domingo tras "el chasco" en 1844. Los White (Jaime y Elena) no aceptaron el
sábado hasta después de agosto de 1846; téngase esto en cuenta por las
implicaciones que tiene para ella y sus visiones anteriores a esta fecha, desde
el punto de vista del Adventismo, lo veremos más adelante (1/158-161,
443-444).
Capítulo IV
EL AMAÑO DEL
CHASCO
1) Como hemos visto, el mensaje de Miller y sus seguidores
consistía únicamente en anunciar la segunda venida de Cristo a la Tierra para el
día 22 de octubre de 1844; en este día, por tanto, tendría lugar el fin del
mundo.
2) Cuando llegó esa fecha y no sucedió nada de lo que habían
anunciado, no sólo obtuvieron un "chasco", como dice ahora el Adventismo, sino
que resultó que todo su mensaje había fallado. Por consiguiente, no les quedaba
absolutamente nada de todo lo que habían predicado hasta esa fecha. Así, pues,
lo único que podían hacer era reconocer que el mensaje anunciado por todos los
milleritas no había sido nada más que un error de bulto.
3) Ahora bien, en lugar de reconocer eso, el grupo que dio
lugar a la Iglesia Adventista del Séptimo Día, buscó hasta que halló "otra
explicación":
"Pero hallaron otra explicación que señalaba otro
acontecimiento en vez de la segunda venida de Cristo. Este grupo incluía a Hiram
Edson, José Bates, Jaime White, Elena Harmon y José Turner".
(1/155).4) La nueva explicación consistió en lo
siguiente:
a) Habían explicado que los 2.300 días de Daniel 8:14
terminaban el día 22 de octubre de 1844; por tanto, en esta fecha, tendría lugar
la purificación del santuario a que se refiere ese texto de Daniel,
interpretando, por purificación del santuario, la purificación de la Tierra y,
por consiguiente, esto suponía la segunda venida de Cristo.
b) Después, la "otra explicación" consistió en decir que la
fecha del 22 de octubre de 1844 era buena; pero se habían equivocado en lo que
era el acontecimiento que debía producirse en esa fecha; pues, en lugar de venir
Cristo a purificar la Tierra, lo que sucedió en esa fecha es que Cristo entró en
el lugar santísimo y empezó a purificar el santuario del cielo; uno del grupo,
Hiram Edson, dijo que él lo vio en visión:
"Aquel día pasó y Jesús no había venido. En la quinta de
Hiram Edson hubo mucho llanto, como en centenares de otros lugares de reunión.
Los creyentes se preguntaban uno a otro: ¿Nos han engañado las Escrituras?
Diligentes estudios posteriores revelaron que el tiempo profético era correcto
pero que el acontecimiento a ocurrir en esa fecha había sido interpretado
equivocadamente." (1/154).
"[…] La equivocación de ellos consistió en no
comprender lo que era el santuario ni la naturaleza de su purificación."
(3/243).
"Edson escribe: ‘Vi distinta y claramente que
nuestro sumo sacerdote, en vez de salir del lugar santo del santuario celestial,
para venir a esta tierra [...], al fin de los dos mil trescientos días, aquel
día entraba por primera vez en el segundo departamento del santuario y tenía una
obra que realizar en el lugar santísimo antes de regresar a esta tierra’."
(1/156).5) La visión que dijo haber tenido Edson, fue
ratificada por las visiones que dicen que tuvo después la Sra. White, que
explica que Cristo, desde que ascendió al cielo hasta el día 22 de octubre de
1844, estuvo en el lugar santo del santuario celestial y, en esa fecha, pasó al
lugar santísimo y empezó a purificar los pecados de los creyentes; cuando
termine de hacer esa obra de purificación, tendrá lugar la segunda venida. A
esta obra que dicen que hace Cristo desde aquel día, la llaman "purificación del
santuario" y "juicio investigador"; y hacen un paralelo de la obra de Cristo
desde que ascendió al cielo con lo que hacían los sacerdotes en el lugar santo,
y el sumo sacerdote una vez al año en el lugar santísimo del santuario
terrenal:
"Se me mostró – dice la Sra. White – el amargo chasco que
sufrió el pueblo de Dios por no ver a Jesús en la fecha que lo esperaban. No
sabían por qué el Salvador no había venido, pues no veían prueba alguna de que
no hubiese terminado el tiempo profético. Dijo el ángel: ‘¿Ha fallado la palabra
de Dios? ¿Ha faltado Dios en cumplir sus promesas? No; ha cumplido cuanto
prometió. Jesús se ha levantado a cerrar la puerta del lugar santo del santuario
celestial, y ha abierto una puerta en el lugar santísimo y ha entrado a
purificar el santuario. [...].
"También se me mostró en la tierra un santuario
con dos departamentos. Se parecía al del cielo, y se me dijo que era una figura
del celestial. [...]. El sacerdote oficiaba en ambos departamentos del terrenal.
Entraba diariamente en el primer departamento, y sólo una vez al año en el lugar
santísimo para purificarlo de los pecados allí transferidos. [...].
"[...]. Así como el sacerdote entraba una vez al
año en el lugar santísimo para purificar el santuario terrenal, también Jesús
entró en el lugar santísimo del celestial al fin de los 2.300 días de Daniel 8,
en 1844, para hacer la expiación final por todos los que pudiesen recibir el
beneficio de su mediación, y purificar de este modo el santuario."
(3/250-253).
"El servicio del sacerdote durante el año en el
primer departamento del santuario, ‘dentro del velo’ que formaba la entrada y
separaba el lugar santo del atrio exterior, representa la obra y el servicio a
que dio principio Cristo al ascender al cielo. [...].
"Este ministerio siguió efectuándose durante
dieciocho siglos en el primer departamento del santuario. La sangre de Cristo,
ofrecida en beneficio de los creyentes arrepentidos, les aseguraba perdón y
aceptación cerca del Padre, pero no obstante sus pecados permanecían inscritos
en los libros de registro. Como en el servicio típico había una obra de
expiación al fin del año, así también, antes de que la obra de Cristo para la
redención de los hombres se complete, queda por hacer una obra de expiación para
quitar el pecado del santuario. Este es el servicio que empezó cuando terminaron
los 2.300 días. Entonces, así como lo había anunciado Daniel el profeta, nuestro
Sumo Sacerdote entró en el lugar santísimo, para cumplir la última parte de su
solemne obra: la purificación del santuario." (2/473-474).
"En ambos servicios, el típico y el real, la
purificación debe efectuarse con sangre; en aquél con sangre de animales; en
éste, con la sangre de Cristo. [...] La remisión, o sea el acto de quitar los
pecados, es la obra que debe realizarse." (2/470).
"La obra del juicio investigador y el acto de
borrar los pecados deben realizarse antes del segundo advenimiento del Señor. En
vista de que los muertos han de ser juzgados según las cosas escritas en los
libros, es imposible que los pecados de los hombres sean borrados antes del fin
del juicio en que sus vidas han de ser examinadas. [...] Cuando el juicio
investigador haya concluido, Cristo vendrá con su recompensa para dar a cada uno
según sus obras.
"[...].
"En el tiempo señalado para el juicio – al fin de
los 2.300 días, en 1844 – empezó la obra de investigación y el acto de borrar
los pecados. Todos los que hayan profesado el nombre de Cristo deben pasar por
ese riguroso examen." (2/539-540).6) Por tanto, el
amaño del chasco que tuvo lugar el día 22 de octubre de 1844, consistió en decir
que el acontecimiento de la segunda venida de Cristo, que se tenía que haber
producido en ese día (como habían anunciado) estaba equivocado; porque lo que
tenían que haber anunciado era que, en dicho día, Cristo iba a comenzar, en el
Cielo, el "juicio investigador" o "purificación del santuario". Así retuvieron
la fecha de 1844, y cambiaron el acontecimiento que tenía que haberse producido
en ella según su anuncio.
Capítulo V
EL PECULIAR
MENSAJE DEL ADVENTISMO
1) Como acabamos de ver, el mensaje que anunciaba la segunda
venida de Cristo para el 22 de octubre de 1844, resultó totalmente erróneo y
quedó anulado al llegar esa fecha; pero el Adventismo sustituyó ese mensaje
erróneo por otro mensaje: el mensaje de que , en esa misma fecha (que
mantuvieron como auténtica), había comenzado Cristo en el cielo el "juicio
investigador" o "purificación del santuario", todo fundado en Daniel 8:14, según
la interpretación que hace el Adventismo de este texto, de acuerdo con ciertas
visiones, especialmente las de la Sra. White.
2) Por consiguiente, un año después del "chasco", en 1845, el
Adventismo no tenía otra doctrina nada más que la de la "purificación del
santuario" (o "juicio investigador"); en este año 1845, discutieron esta
doctrina junto con el tema del sábado en un congreso:
"En el congreso bíblico convocado por Hiram Edson, en Port
Gibson, a finales de 1845, se discutieron las doctrinas principales sobre las
cuales se funda nuestra iglesia. El capitán Bates aprendió más acerca del
santuario y Edson aprendió acerca del sábado." (1/160-161).3) Según hemos observado, en el capítulo III, la doctrina del sábado les
fue transmitida por Raquel Oakes (de la Iglesia Bautista del Séptimo Día). Por
consiguiente, el Adventismo no sacó la doctrina del sábado de la Biblia, por un
estudio que hiciera en ella; ni siquiera obtuvo la enseñanza del sábado por
medio de las visiones de su profetisa, Sra. White; más aún, esta señora no se
interesó en el asunto del sábado hasta después de contraer matrimonio el 30 de
agosto de 1846 (146/52):
"Hemos oído poco acerca de Jaime y Elena White, que se habían
casado en agosto de 1846. Jaime había sido invitado al congreso de Port Gibson,
convocado por Edson, pero no pudo asistir. Elena se había encontrado con José
Bates dos veces antes de su casamiento y en ambas ocasiones lo había oído
explicar el tema del sábado. Pero los White no se impresionaron con la
importancia de esta doctrina. Después de su casamiento, los White estudiaron un
folleto que Bates había publicado y aceptaron en seguida el mensaje del sábado."
(1/161).4) Por consiguiente, la única doctrina que
constituye el peculiar mensaje del Adventismo desde 1844 es la doctrina de la
"purificación del santuario" o "juicio investigador". Esta única doctrina, y
sólo ella, fue la causa de que la Iglesia Adventista del Séptimo Día se fundara
en 1844, tras "el chasco", y exista desde entonces. Después fueron adoptando las
demás doctrinas que tienen; pero esas otras doctrinas ya se hallaban en otras
iglesias, como es el caso del sábado. Por consiguiente, el mensaje del santuario
es la "razón de ser" de la Iglesia Adventista del Séptimo Día "desde 1844". Así
lo reconoce el Dr. Jean Zürcher, un alto dirigente de esta Iglesia en Europa, y
que también fue, en los años sesenta, director y profesor del Seminario
Adventista en Francia, donde impartía clases sobre "Daniel y Apocalipsis"; él lo
dice así:
"La profecía de las 2.300 tardes y mañanas constituye, en
efecto, un período profético único en la Biblia. Este período profético no se
encuentra mencionado más que en el libro de Daniel y no tiene equivalente en
ninguna otra parte de las Escrituras. De su interpretación depende no solamente
nuestra enseñanza acerca del santuario celestial y la doctrina del juicio, sino
incluso nuestra razón de ser como movimiento adventista desde 1844. Por eso
ninguna otra profecía tiene más importancia para la Iglesia Adventista que la de
Daniel 8:14, tanto desde el punto de vista doctrinal como desde el punto vista
histórico." (4/12).
"El pueblo de Dios debería comprender claramente
el asunto del santuario y del juicio investigador." (2/542).5) Es evidente que el peculiar mensaje del Adventismo y la causa de su
existencia desde 1844 es la doctrina de la "purificación del santuario", basada
únicamente en la frase "el santuario será purificado" (de Daniel 8:14); y, a
partir de esa doctrina y en relación con ella, establecieron después otras
doctrinas referentes a cualquier época de la historia de la salvación:
"[…] la doctrina del santuario se convirtió en el microcosmos
del plan de salvación. Esta enseñanza no sólo fue la 'llave' que abrió el
misterio del Chasco de 1844, sino que 'reveló todo un sistema de verdades, que
formaban un conjunto armonioso […]. La luz del santuario iluminaba lo pasado, lo
presente y lo porvenir'." (146/260).6) En la
Tercera parte, demostraremos que la palabra "purificado" de Daniel 8:14
es una errónea traducción, y, por tanto, toda la fallida enseñanza de Guillermo
Miller para el 22 de octubre de 1844, y el peculiar mensaje del Adventismo,
fundado en la misma palabra, "purificado", no tiene ni un átomo de apoyo en la
Biblia; y, si esa palabra, "purificado", hubiera estado bien traducida en la
Biblia usada por Miller, nunca hubiera aparecido el Adventismo ni el
Jehovismo.
Segunda
parte
EL DESMONTAJE DE LOS CÁLCULOS PARA
LLEGAR A 1844
Sobre arena, un edificio sostenerse no
podrá, y un cálculo tan ficticio la Historia lo arruinará.
Capítulo primero
EL
FUNDAMENTO DEL MENSAJE DE GUILLERMO MILLER
1) Miller predicó el mensaje de que el día 22 de octubre de
1844 tendría lugar la segunda venida de Cristo, como ya hemos visto en la
primera parte.
2) Ese mensaje estaba fundado en Daniel 8:14, que, según la
versión usada por Miller, como se ve por las citas aportadas ahora por el
Adventismo, decía igual que la Reina-Valera, que dice así:
"[...]: Hasta dos mil trescientas tardes y mañanas; luego el
santuario será purificado." (5/823).3) En efecto, de
este texto sacó Miller los dos componentes de su mensaje:
a) De la frase: "dos mil trescientas tardes y mañanas",
interpretadas como 2.300 días, sacó la fecha de 1844.
b) De la expresión: "el santuario será purificado", sacó la
doctrina de que el santuario que debía ser purificado en 1844 era la Tierra, lo
que suponía la segunda venida de Cristo en esa fecha, como ya hemos visto en la
primera parte.
4) por consiguiente, tenemos que estudiar estos dos puntos,
para demostrar el error en el que incurrió Miller, que construyó todo su mensaje
"sobre la arena", como probaremos en lo sucesivo; por tanto, vamos a ver cómo
hizo los cálculos para llegar a 1844; después revisaremos cada fecha de esos
cálculos; y, en la tercera parte, estudiaremos el tema de la "purificación del
santuario".
a) Los 2.300 días (de Daniel 8:14) fueron convertidos en 2.300
años, sirviéndose de dos textos: Números 14:34 y Ezequiel 4:6, de los cuales
sacan la medida de que "un día = a un año".
b) Después relacionó estos 2.300 años con la profecía de las 70
semanas de Daniel 9:24-27, y llegó a la conclusión de que estos dos períodos de
tiempo empezaban en la misma fecha, siendo las 70 semanas el primer tramo de los
2.300 días; es decir, cuando se acabara el tramo de las 70 semanas, se añadiría
el resto de los 2.300 días.
c) Ahora le faltaba encontrar la fecha para empezar a contar
las 70 semanas de Daniel. El texto de este profeta dice que esas semanas se
empezarían a contar:
"[...] desde la salida de la orden para restaurar y edificar
a Jerusalén [...]." (Daniel 9:25).d) Miller consideró
que esa "orden" fue el decreto dado por el rey persa Artajerjes a Esdras, en el
séptimo año de su reinado, según se indica en Esdras 7:6-28.
e) Después de haber hecho los cálculos que fallaron por tres
veces (como ya hemos visto en la primera parte), Miller y los suyos llegaron a
la conclusión que ese decreto dado por Artajerjes a Esdras (Esdras 7:12-13)
"entró en vigor" o "fue promulgado" en el otoño del año 457 a. C., y, por tanto,
había que empezar a contar los 2.300 años desde el otoño de ese año; así, el
final coincidiría con el otoño de 1844, en cuyo año el día 10 del mes séptimo
del calendario bíblico, en el cual era la purificación del santuario judío,
coincidía con el 22 de octubre de dicho año; así se llegó a esta fecha para la
segunda venida de Cristo:
"El simbolismo del día de la expiación, que en 1844 cayó el
22 de octubre se combinó con la profecía de los dos mil trescientos días, y los
creyentes adventistas señalaron aquel día como el de la purificación del
santuario.
"Se creía que el santuario era la tierra y su
purificación la venida de Cristo." (1/128).
"Los dos mil trescientos días habrían terminado
en la primavera [otoño meridional] (el día de año nuevo según el calendario
judío) de 1844, si el decreto de Artajerjes se hubiera promulgado el primer día
del año 457 AC. Pero siendo que el decreto no se había promulgado hasta el otoño
[primavera meridional] de aquel año, los dos mil trescientos años no podían
terminar hasta el otoño [primavera meridional] de 1844. Un estudio más detenido
del santuario y su servicio, les reveló que la purificación del santuario
ocurría el día décimo del mes séptimo. Esto confirmaba la idea de que los dos
mil trescientos años terminarían en el otoño [primavera meridional] porque el
día décimo del mes séptimo correspondía al 22 de octubre de 1844."
(1/150-151).f) La Sra. White (1827-1915), "profetisa"
del Adventismo, cuenta todo esto de la siguiente manera:
"La profecía que parecía revelar con mayor claridad el
tiempo del segundo advenimiento, era la de Daniel 8:14: ’Hasta dos mil y
trescientas tardes y mañanas; entonces será purificado el Santuario.’ (V. M.)
Siguiendo la regla que se había impuesto, de dejar que las Sagradas Escrituras
se interpretasen a sí mismas, Miller llegó a saber que un día en la profecía
simbólica representa un año (Números 14:34; Ezequiel 4:6); vio que el período de
los 2.300 días proféticos, o años literales, se extendía mucho más allá del fin
de la era judaica, y que por consiguiente no podía referirse al santuario de
aquella economía. Miller aceptaba la creencia general de que durante la era
cristiana la tierra es el santuario, y dedujo por consiguiente que la
purificación del santuario predicha en Daniel 8:14 representaba la purificación
de la tierra con fuego en el segundo advenimiento de Cristo. Llegó pues a la
conclusión de que si podía encontrar el punto de partida de los 2.300 días,
sería fácil fijar el tiempo del segundo advenimiento. Así quedaría revelado el
tiempo de aquella gran consumación, [...]." (2/371).g) Ella misma explica el resto de la interpretación de Miller,
relacionando los 2.300 días con las 70 semanas de Daniel hasta llegar a
1844:
"Había un punto importante en la visión del capítulo octavo,
que no había sido explicado, a saber, el que se refería al tiempo: el período de
los 2.300 días; por consiguiente, el ángel, reanudando su explicación, se
espacia en la cuestión del tiempo:
" ‘Setenta semanas están determinadas sobre tu
pueblo y sobre tu santa ciudad. ... Sepas pues y entiendas, que desde la salida
de la palabra para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe,
habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; tornaráse a edificar la plaza y el
muro en tiempos angustiosos. Y después de las sesenta y dos semanas se quitará
la vida al Mesías, y no por sí. ... Y en otra semana confirmará el pacto a
muchos, y a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda.’
(Daniel 9:24-27).
"El ángel había sido enviado a Daniel con el
objeto expreso de que le explicara el punto que no había logrado comprender en
la visión del capítulo octavo, el dato relativo al tiempo: ‘Hasta dos mil y
trescientas tardes y mañanas; entonces será purificado el Santuario.’ Después de
mandar a Daniel que ‘entienda’ ‘la palabra’ y que alcance inteligencia de ‘la
visión’, las primeras palabras del ángel son: ‘Setenta semanas están
determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad.’ La palabra traducida aquí
por ‘determinadas’, significa literalmente ‘descontadas.’ El ángel declara que
setenta semanas, que representan 490 años, debían ser descontadas por pertenecer
especialmente a los judíos. ¿Pero de dónde fueron descontadas? Como los 2.300
días son el único período de tiempo mencionado en el capítulo octavo, deben
constituir el período del que fueron descontadas las setenta semanas; las
setenta semanas deben por consiguiente formar parte de los 2.300 días, y ambos
períodos deben comenzar juntos. El ángel declaró que las setenta semanas datan
del momento en que salió el edicto para reedificar a Jerusalén. Si se puede
encontrar la fecha de aquel edicto, queda fijado el punto de partida del gran
período de los 2.300 días.
"El decreto se encuentra en el capítulo séptimo
de Esdras. (Vers. 12-26) Fue expedido en su forma más completa por Artajerjes,
rey de Persia, en el año 457 ant. de J. C. [...].
" ‘Desde la salida de la palabra para restaurar y
edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y
dos semanas’ – es decir sesenta y nueve semanas, o sea 483 años. El decreto de
Artajerjes fue puesto en vigencia en el otoño del año 457 ant. de J. C.
Partiendo de esta fecha, los 483 años alcanzan al otoño del año 27 de J. C.
[...] Entonces fue cuando esta profecía se cumplió. La palabra ‘Mesías’
significa ‘ el Ungido’. En el otoño del año 27 de J. C., Cristo fue bautizado
por Juan y recibió la unción del Espíritu Santo. [...].
" ‘Y en otra semana confirmará el pacto a
muchos.’ La semana de la cual se habla aquí es la última de las setenta. Son los
siete últimos años del período concedido especialmente a los judíos. Durante ese
plazo que se extendió del año 27 al año 34 de J. C., Cristo, primero en persona
y luego por intermedio de sus discípulos, presentó la invitación del Evangelio
especialmente a los judíos. [...].
" ‘A la mitad de la semana hará cesar el
sacrificio y la ofrenda.’ El año 31 de J. C., tres años y medio después de su
bautismo, nuestro Señor fue crucificado. [...].
"Hasta aquí cada uno de los detalles de las
profecías se ha cumplido de una manera sorprendente, y el principio de las
setenta semanas queda establecido irrefutablemente en el año 457 ant. de J. C. y
su fin en el año 34 de J. C. Partiendo de esta fecha no es difícil encontrar el
térnimo de los 2.300 días. Las setenta semanas – 490 días – descontadas de los
2.300 días, quedan 1.810 días. Contando desde 34 de J. C., los 1.810 años
alcanzan al año 1844. Por consiguiente los 2.300 días de Daniel 8:14 terminaron
en 1844. Al fin de este gran período profético, según el testimonio del ángel de
Dios, ‘el santuario’ debía ser ‘purificado.’ De este modo la fecha de la
purificación del santuario – la cual se creía universalmente que se verificaría
en el segundo advenimiento de Cristo – quedó definitivamente establecida."
(2/372-376).h) Una vez vista la interpretación de
Daniel 8:14 y 9:24-27, para llegar a 1844, presentada por la persona que más
autoridad tiene en el Adventismo, pasamos a poner, en un gráfico, los cálculos
que están expuestos en esa interpretación:
Gráfico primero.
i) Vemos que los 2.300 años contados desde el otoño del año 457
a. C. llegan hasta el otoño del año 1844 d. C. El Adventismo cuenta los 490 años
de las 70 semanas desde la misma fecha que los 2.300 años. Cuando terminaron los
490 años (que considera que están cortados o descontados de los 2.300), los
cuales llegan hasta el otoño del año 34 d. C., suman, a esta fecha, los 1.810
años restantes de los 2.300, y así llegan al otoño del año 1844. Veamos ahora,
en otros gráficos, el desarrollo de los cálculos de las 70 semanas (o 490 años)
hechos por el Adventismo:
Gráfico segundo.
j) Contando las 69 primeras semanas, de las 70 (Daniel 9:25), o
483 años, desde el otoño del año 457 a. C., se llega al otoño del año 27 d. C.,
cuando (según el Adventismo) Cristo fue bautizado. Así, a la mitad de la última
semana ( = 7 años), en la primavera del año 31 d. C., Jesús fue crucificado; a
esta fecha, se suman los 3 ½ años restantes de la segunda mitad de la última de
las 70 semanas, y se llega al otoño del año 34 d. C., donde termina el período
de las 70 semanas (o 490 años). Al otoño del año 34, se suman los 1.810 años
restantes de los 2.300, y se llega al otoño del año 1844 (como se ve en el
gráfico primero), que es la fecha buscada a lo largo de todos estos cálculos.
Por tanto, las fechas de los años 457 a. C., 27 d. C. 31 y 34 sólo son hitos
para llegar al año 1844, que es la fecha fundamental del Adventismo, hasta tal
punto que esta fecha figura entre las "creencias fundamentales" de la Iglesia
Adventista al mismo nivel que la creencia en Dios, en Jesucristo, etc.
(6/254-255). De aquí que, si se demuestra que alguna de esas cuatro fechas (años
457, 27, 31, 34) es falsa, resultará una catástrofe para las creencias
fundamentales del Adventismo, y para su razón de ser (como hemos visto en la
primera parte). Por tanto, pasamos a examinar esas cuatro fechas por orden
cronológico.
Capítulo II
LA FECHA DEL AÑO 457 A. C.
1) El Adventismo cuenta desde el otoño de este año 457 a. C.
las 70 semanas de Daniel 9:24-27 y los 2.300 días (convertidos en años) de
Daniel 8:14. En realidad, estos textos de Daniel contienen dos profecías
distintas entre sí, y nada tiene que ver la una con la otra. En efecto, la de
Daniel 8:14 fue dada "En el año tercero del reinado del rey Belsasar" (o
Baltasar), según Daniel 8:1, que corresponde al "año 553/552 a. C.", según el
mismo Adventismo (7/tomo 4, p. 828). Por lo que se refiere a la profecía de
Daniel 9:24-27, ésta fue dada "En el año primero de Darío hijo de Asuero, de la
nación de los medos, que vino a ser rey sobre el reino de los caldeos", según
Daniel 9:1. El Adventismo no tiene ningún interés en precisar, en este lugar de
su Comentario Bíblico, a qué fecha corresponde el primer año de este
Darío (que es el mismo mencionado en Daniel 5:31 y 11:1); pero el Jehovismo dice
lo siguiente sobre Darío el Medo (al que también llama Darío I):
"[...], por lo menos con un año y posiblemente parte de un
segundo año para Darío el Medo, el primer año del rey Ciro el Persa quizás no
haya comenzado sino hasta el año 538 a. de la E. C., extendiéndose hasta el
siguiente año, 537 a. de la E. C." (8/87).
"El reinado de Darío I fue breve; la
mención del ‘primer año’ de su reinado infiere que fue rey por lo menos por un
año completo. (Dn. 9:1; 11:1) Ciro lo siguió en el trono a fines de 538 y el
profeta de Jehová, Daniel, continuó en un puesto alto. ‘En cuanto a este Daniel,
prosperó en el reinado de Darío y el reinado de Ciro el persa.’ (Dan. 6:2, 28)
[...]." (9/13).2) Por consiguiente, el primer año de
Darío el Medo estaría en torno al año 538 a. C. Un estudio detallado sobre este
año primero de Darío el Medo se halla en (54/177-200, 469).
3) Por tanto, sabemos que la profecía de Daniel 8:14 (sobre los
2.300 días) fue dada hacia el año 552 a. C., y la de Daniel 9:24-27 (sobre las
70 semanas) fue revelada hacia el año 538 a. C. Esto supone que entre Daniel
8:14 y Daniel 9:24-27 hay 14 años de diferencia; pero parece que al Adventismo
le gustaría borrar esos 14 años de historia entre los capítulos 8 y 9 de Daniel,
para que así fuera más fácil su teoría de que las 70 semanas están cortadas del
período de los 2.300 días, y por tanto ambas profecías comienzan en la misma
fecha. He aquí un intento de borrar esos 14 años, realizado por el Dr. Jean
Zürcher (a quien ya nos hemos referido más arriba), y publicado en la Revista
oficial del Adventismo; dice así:
"[...]. Esto es lo que pide Daniel en su oración: ‘Dios
nuestro ... haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado’ (Dan.
9:17). Es verdad que el profeta pensaba en el santuario terrenal, mientras que
el ángel le habla del santuario celestial. Daniel estaba pensando en los setenta
años de la profecía de Jeremías, cuando Gabriel le declaró: ‘Hasta dos mil
trescientas tardes y mañanas; luego el santuario será purificado’ (Dan. 8:14)."
(11/11).4) Vemos cómo el Dr. Zürcher suprime los 14
años que separan los capítulos 8 y 9 de Daniel, pues, según él, cuando Daniel
estaba orando en el año 538 a. C., vino el ángel y le dijo lo que ya le había
dicho en el año 552 a. C. (es decir, 14 años antes); parece increíble que un
doctor en Filosofía razone de esta manera; pero esto sólo es un amago de los
intentos que harán para conseguir establecer su fundamental fecha de 1844, lo
veremos.
5) Por otra parte, en Números 14:34 y Ezequiel 4:6, no hay
ninguna regla, que diga que en las profecías dadas en días, éstos deban
transformarse en años; pues en esos dos textos sólo se trata de dos hechos
concretos, en cada uno de los cuales se dice lo contrario del otro: en Números
14:34, se afirma "un año por cada día", mientras que, en Ezequiel 4:6, se
informa: "día por año". Veamos esos dos textos dentro de sus contextos:
a) Dios ordenó a Moisés que enviara doce hombres a reconocer la
tierra de Canaán, donde debían entrar los israelitas; los doce espías tardaron
40 días en reconocer aquella tierra (Números 13:1-25). Diez de los doce dieron
un informe negativo, que arrastró a los israelitas a rechazar la orden de Dios
para entrar en Canaán; entonces, Dios dijo que todos los que tuvieran de 20 años
para arriba, morirían en el desierto, excepto Caleb y Josué (Números 14:1-30);
por tanto, para que los desobedientes murieran en el desierto, Dios los castigó
a deambular por allí 40 años, un año por cada día que habían tardado en
reconocer la tierra:
"Conforme al número de los días, de los cuarenta días en que
reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año
por cada día; y conoceréis mi castigo." (Números 14:34).b) En Ezequiel capítulos 4 y 5, Dios anuncia, mediante una serie de
acciones que ordena realizar al profeta, el sitio y destrucción de Jerusalén, lo
cual se explica en 2 Reyes 25:1-10. Entre esos gestos simbólicos, Ezequiel tuvo
que realizar dos, que consistían en cargar Dios, simbólicamente, la maldad de la
casa de Israel, que había durado 190 años, sobre el profeta, reduciéndola a 190
días ( un día por cada año), que el profeta tenía que dormir sobre el lado
izquierdo; después, como la maldad de la casa de Israel había durado 40 años,
Dios ordena, al profeta, que duerma otros cuarenta días sobre el lado derecho, y
dice:
"[...], y llevarás la maldad de la casa de Judá cuarenta
días; día por año, día por año te lo he dado." (Ezequiel 4:6).6) Como es evidente, estos dos pasajes van en sentido contrario. En el
primero, los 40 días se transforman en 40 años; en el segundo, los 40
años se convierten en 40 días. Por tanto, en estos dos pasajes no hay
ninguna regla profética, sino un castigo real en el primer caso, y un castigo
simbólico en el segundo. Si alguien quiere coger estos dos textos (Números 14:34
y Ezequiel 4:6), para establecer una regla que mida el tiempo profético, tiene
que, según el primer texto, transformar los días en años (40 días = 40 años), y,
según el segundo texto, tiene que convertir los años en días (40 años = 40
días). Muchos, por no fijarse bien en lo que dicen estos dos textos bíblicos,
han aplicado (cada uno como bien le ha parecido en cuanto al punto de partida)
el invento de esa regla o norma, que no existe en ninguna parte, y todos sus
cálculos han terminado en un rotundo fracaso; en ninguna ocasión se ha cumplido
lo que han anunciado con unos cálculos hechos con esa regla (véase el
Apéndice 1). Por tanto, cuando la Biblia da profecías en días, los días
sólo son días (véase el Apéndice 2). Sólo, en las 70 semanas de Daniel,
se cuenta un año por cada día; pero la medida no viene de esos dos textos que
comentamos, sino de un hecho que simboliza lo anunciado en las 70 semanas (lo
cual sí se cumplió al pie de la letra); además, en estos dos casos, la medida
del tiempo no se da en días, sino en semanas, y, en uno de ellos, se dice
claramente que son semanas de años (véase el Apéndice 3 y el Apéndice 9).
7) Por tanto, los 2.300 días de Daniel 8:14 son días literales
(véase el Apéndice 2); se trata de los días que se iba a tardar en reconstruir
el templo de Jerusalén que, cuando se dio la profecía de Daniel 8: 14 en el año
552 a. C., estaba destruido desde el año 19 del reinado de Nabucodonosor (2
Reyes 25:8-10), que es el año 586 a. C. (54/200-228). En efecto:
a) En Jeremías 17:27, se anuncia la destrucción de Jerusalén.
Esta destrucción fue realizada, como queda indicado, en el año 586 a. C., cuando
el templo también fue destruido, según se explica en 2 Reyes 25:8-10.
b) Según Daniel 8:1, en el año 552 a. C., se anuncia la
restauración de ese templo en Daniel 8:14, la cual fue terminada y el templo
dedicado en el sexto año del reinado del rey Darío, según se dice en Esdras
6:15-18. Este rey es Darío I, y su sexto año (según el Adventismo) corresponde
al año 515 a. C. (7/tomo III, p. 363). (Véase elApéndice 2).
c) En Daniel 9:26, se vuelve a anunciar la destrucción de
Jerusalén y del templo, lo cual sucedió en el año 70 d. C. por medio de las
legiones romanas al mando del príncipe Tito, hijo del emperador romano
Vespasiano (7/tomo V, p. 484).
8) Es evidente que el hecho de convertir los 2.300 días en
2.300 años no tiene base bíblica; de ahí, los intentos del Adventismo para
"cortar" las 70 semanas de los 2.300 días de Daniel 8:14, empezando los dos
períodos al mismo tiempo en el año 457 a. C., como se ve en el gráfico primero
de más arriba; pero ese subterfugio no le sirve para sus fines; porque no le
salen las cuentas en su cálculo de las 70 semanas de Daniel 9:24-27, como vamos
a demostrar a continuación.
9) En Daniel 9.25, se dice que las 70 semanas se empezarían a
contar "desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén
[...]".
10) En Esdras 7:12-13, el rey persa Artajerjes dice, al
sacerdote judío Esdras, en su decreto:
"Artajerjes rey de reyes, a Esdras, sacerdote y escriba
erudito en la ley del Dios del cielo: Paz.
"Por mí es dada orden que todo aquel en mi reino,
del pueblo de Israel y de sus sacerdotes y levitas, que quiera ir contigo a
Jerusalén, vaya."11) No se dice en qué día dio el rey
Artajerjes esta orden; pero sí se afirma en la Biblia:
"[...], este Esdras subió de Babilonia. [...] Y con él
subieron a Jerusalén algunos de los hijos de Israel, y de los sacerdotes,
levitas, cantores, porteros y sirvientes del templo, en el séptimo año del rey
Artajerjes. Y llegó a Jerusalén en el mes quinto del año séptimo del rey. Porque
el día primero del primer mes fue el principio de la partida de Babilonia, y al
primero del mes quinto llegó a Jerusalén, [...]." (Esdras
7:6-9).12) Vemos con claridad que, aunque no se dice
en qué día se emitió esa orden del rey Artajerjes, está claramente expresado que
ese viaje a Jerusalén se realizó en el año séptimo del rey Artajerjes, y que
salieron de Babilonia en el día primero del primer mes, que es Nisán,
equivalente al mes de abril (aproximadamente); y llegaron a Jerusalén el día
primero del mes quinto, que es Av, el cual corresponde al mes de agosto
(aproximadamente), (12/73, 107). Así que el viaje empezó a primeros de abril, y
llegaron a Jerusalén a primeros de agosto del año séptimo del reinado del rey
Artajerjes. Ahora hay que calcular dos cosas:
a) A qué año del calendario juliano corresponde el año séptimo
del reinado de Artajerjes.
b) En qué momento, dentro de ese año séptimo, el rey Artajerjes
emitió esa "orden", para realizar ese viaje a Jerusalén.
13) Sobre el año séptimo de Artajerjes, el Adventismo
dice:
"Uno de los papiros de doble fecha descubiertos en la colonia
judía de Elefantina, Egipto [...], fue escrito en el año de ascensión al trono
de Artajerjes, en enero del 464 a. C. [...]. Comparándolo con otros registros,
antiguos, se puede deducir que, mediante el cómputo judío, el ‘comienzo de su
reinado’ o ‘año ascensional’ comenzó después del Año Nuevo judío de 465 a. C. y
terminó en el siguiente Año Nuevo judío, en septiembre-octubre del 464 a. C.
Entonces, su ‘primer año’ (su primer año calendario completo) habría sido desde
septiembre-octubre del 464 a. C. hasta septiembre-octubre del 463 a. C. El 7º
año de Artajerjes se extendería entonces, desde el otoño (septiembre-octubre)
del 458 a. C. hasta el otoño del 457 a. C. [...]." (7/tomo 4, p. 879).
"Artajerjes ascendió al trono a finales del año
465 A. C. Pero el año 465-464 A. C. no fue el primero de Artajerjes. [...] Tanto
judíos como persas contaban los años del reinado de los monarcas a partir de
fechas fijas. Los judíos contaban los años civiles de otoño a otoño, comenzando
con el 1º de Tisri (Septiembre). El período que iba desde la ascensión al trono
hasta el siguiente día 1º de Tisri era denominado ‘comienzo del reinado’ [...].
Ahora se acostumbra llamarlo ‘año ascensional’. Podía durar días o meses. Recién
al terminar comenzaba el primer año de reinado." (13/tomo III, p.
223).14) Por otra parte, tenemos la siguiente
información sobre el comienzo del reinado de Artajerjes, cuando sucedió a su
padre Jerjes:
"JERJES. Rey de Persia, llamado Asuero en latín, hijo
de Darío I, n. hacia el año 519 a. de J. C. y m. en 465. [...], siendo
asesinado, junto con su hijo mayor Darío, por el jefe de la guardia, Artabán, en
Diciembre de 465 ó Enero del 464, que fue muerto el mismo día. Le sucedió su
hijo Artajerjes I." (14/tomo 28, pp. 2669-2670).15)
Recogiendo ahora, en un gráfico, toda la información de estas tres últimas
citas, veremos con claridad dónde queda situado el año 7º del rey Artajerjes en
el calendario juliano.
Gráfico tercero.
16) Observamos, en este gráfico, que los años del calendario
judío, que van de otoño a otoño, comprenden el último trimestre de un año
juliano más los tres primeros trimestres del año siguiente. El "año ascensional"
de Artajerjes comenzó entre finales de diciembre del año 465 a. C. y primeros
días de enero del año 464 a. C. y terminó por finales de septiembre del año 464
a. C. También vemos dónde empezó y terminó el viaje que hizo Esdras a Jerusalén
en el año 7º del reinado de Artajerjes; se observa que este año 7º comprende el
último trimestre del año 458 a. C. y los tres primeros trimestres del año 457 a.
C.
17) Una vez averiguado a qué año del calendario juliano
corresponde el año 7º de Artajerjes, nos queda deducir en qué momento, dentro de
ese año 7º, emitió el rey Artajerjes esa "orden", para realizar ese viaje a
Jerusalén, que es lo que hemos indicado más arriba, en el punto 12-b.
18) Es evidente que la "orden", para realizar ese viaje, tuvo
que emitirse antes de comenzar dicho viaje. Lógica y evidentemente los hechos
cronológicos sucedieron así:
a) El rey Artajerjes emite la "orden" para el viaje.
b) La "orden" dice que todo el que quiera ir "en mi reino" a
Jerusalén, se reúna en Babilonia; por tanto, la "orden" debe darse a conocer por
todo el reino del rey Artajerjes.
c) Cuando los judíos que vivían en el reino persa de
Artajerjes, conocieron esa "orden", los que quisieron ir a Jerusalén, se
concentraron en Babilonia para hacer el viaje con Esdras; en Esdras 8:1-36, se
habla de los que hicieron ese viaje.
d) Ahora bien, ¿cuánto tiempo pudo pasar desde que el rey dio
la "orden" hasta que estos judíos se reunieron en Babilonia? Si nos fijamos en
el mapa del reino persa (en la última página), y en (52/tomo I, p. 44), vemos
que los que vivían en la parte oriental de ese reino, por ejemplo, en la
importante ciudad de Bactra, o en el extremo occidental, tuvieron que recorrer
unas distancias mayores que el camino recorrido después para ir desde Babilonia
a Jerusalén rodeando el desierto de Arabia. Además, puesto que era un viaje sin
retorno, pues se trataba de ir a vivir en Jerusalén, es decir, volver a la
tierra de donde habían sido deportados sus padres, estos judíos tuvieron que
liquidar sus negocios y propiedades antes de ir a Babilonia para reunirse con
Esdras. Por consiguiente, aunque ese viaje hasta Babilonia se hiciera más rápido
que el de Babilonia a Jerusalén, porque un viaje individual es más rápido que el
de una caravana, si en el viaje a Jerusalén se tardó unos cuatro meses, en el
viaje hasta Babilonia, al ser la distancia, para los más alejados, casi el doble
que de Babilonia a Jerusalén, no podemos calcular que tardaran menos de otros
cuatro meses; a estos cuatro meses hay que sumar el tiempo que tardaron los
heraldos del rey (éstos más rápidos) de llevar la noticia de la "orden" del rey
hasta Bactra, por ejemplo; también hay que sumar el tiempo que estos judíos
tardaran en liquidar sus posesiones. No es ninguna exageración calcular que,
desde que el rey emitió la "orden" en cuestión hasta que los judíos de los
lugares más alejados del reino persa se pusieran en camino hacia Babilonia,
pasaron otros dos meses más. Por tanto, desde que el rey emitió la "orden" hasta
que Esdras empezó el viaje desde Babilonia, se habrían pasado seis meses como
mínimo; Así, pues, como Esdras salió de Babilonia el día primero del primer mes,
que hemos visto que corresponde a primeros de abril del calendario juliano,
resulta que seis meses antes corresponde a primeros del mes de octubre del año
458 a. C., es decir, nos situamos en el comienzo del año 7º del reinado del rey
Artajerjes, que es el comienzo del otoño del año 458 a. C., como se puede ver
más arriba (gráfico tercero).
19) Por tanto, como la Biblia dice que las 70 semanas se
empiezan a contar "... desde la salida de la orden..." (Daniel 9:25), resulta
que, si comenzamos a contar los 2.300 días al mismo tiempo, como hace el
Adventismo, y la fecha de este comienzo es el principio del otoño del año 458 a.
C., el final de estos 2.300 días (años para el Adventismo) se sitúa en el
comienzo del otoño (primeros de octubre) del año 1843 d. C., pues al retrasar un
año el comienzo (desde el 457 al 458), también se retrasa un año el final (desde
el 1844 al 1843), como se puede observar más arriba (gráfico primero).
20) Como se ve, vamos a parar al año 1843 que es la primera
fecha que dio Guillermo Miller para el fin del mundo, fecha que fue presentada
en "el famoso diagrama ‘1843’.", donde estaban los cálculos que daban lugar a
esa fecha por cuatro caminos distintos (véase ese diagrama en el Apéndice 1).
Después, cuando esa fecha falló, dieron otras dos: "el 21 de marzo y luego el 18
de abril de 1844". Por fin, dieron la fecha del 22 de octubre de 1844, que
también falló; así retrasaron la fecha del fin del mundo un año, desde 1843 a
1844, que es el año que ahora encontramos de error en esos cálculos. Dentro del
año 1844, fijaron el día 22 de octubre porque dicen que, en ese año, ese día
correspondía al día 10 de Tisri del calendario judío, en el cual se celebraba la
fiesta de las "Expiaciones", consistente en la purificación del santuario
israelita (Levítico 16:29-30):
"Un estudio más detenido del santuario y su servicio, les
reveló que la purificación del santuario ocurría el día décimo del mes séptimo.
Esto confirmaba la idea de que los dos mil trescientos años terminarían en el
otoño [primavera meridional] porque el día décimo del mes séptimo correspondería
al 22 de octubre de 1844." (1/151).21) Ahora bien, si
cuentan los 2.300 años por el calendario juliano, dichos años tienen que haber
empezado en el día 22 de octubre del año 457 a. C.; y, si los cuentan por el
calendario judío, esos años tienen que comenzar el día décimo del mes de Tisri
del mismo año 457 a. C. En los dos casos esto da lugar a un error, que consiste
en comenzar a contar las 70 semanas (pues no olvidemos que las cuentan juntas
con los 2.300 años) en el año 8º del rey Artajerjes, pues este año 8º empezó el
día uno de Tisri del año 457 a. C., y el día de las "expiaciones" era el día
décimo de ese mes; lo mismo sucede si se cuenta por el calendario juliano, pues
el 22 de octubre del año 457 a. C. cae dentro del año 8º del rey Artajerjes
(véase el gráfico tercero).
22) Ahora tenemos que preguntar: ¿cómo justifica el Adventismo
este desplazamiento del comienzo de las 70 semanas en un año (del 458 al 457) en
contra de lo que dice la Biblia en Daniel 9:25? La profetisa del Adventismo
contesta así:
"El decreto de Artajerjes fue puesto en vigencia en el otoño
del año 457 ant. de J. C." (2/373).23) Vemos que, con
esta declaración tan rotunda como gratuita, se cambia el principio de las 70
semanas desde 458 a. C. a un año más tarde, al 457 a. C., para que, así, el
final de los 2.300 días-años no sea en 1843, como había predicado Miller, sino
que ese final sea en el otoño del año 1844. Repitamos el gráfico tercero
agregando las fechas del verdadero comienzo de las 70 semanas y de esa
pretendida puesta "en vigencia" de la "orden" o "decreto" de Artajerjes en el 7º
año de su reinado:
Gráfico cuarto.
24) Veamos ahora lo que implicaba la "orden" de Artajerjes para
los judíos que fueron con Esdras desde Babilonia a Jerusalén en el 7º año del
reinado de este rey, según lo explica la Biblia en Esdras 7:1-27 y
8:24-34:
a) Les autorizaba a concentrarse en Babilonia.
b) Marcharse a Jerusalén para residir allí.
c) Llevar consigo más de 22.000 kilos de plata y más de 3.000
kilos de oro, amén de una cantidad de valiosos objetos; parte de todo esto fue
donado por el mismo rey Artajerjes y su Gobierno (como se explica en Esdras
7:15-16).
25) El Adventismo debería explicar cómo hicieron todo eso los
judíos sin tener ninguna autorización para ello, puesto que se fueron al
principio del mes de abril del año 457 a. C., y la "orden" para hacerlo no entró
en vigencia hasta el otoño del mismo año, casi dos meses después de haber
llegado a Jerusalén, según su profetisa, Sra. White. Parece increíble que
personas con estudios de Derecho (en el Adventismo) puedan aceptar y apoyar esas
inconsecuencias de su profetisa; pero jamás nadie podrá encontrar en la Biblia
ni en la Historia ninguna prueba, para demostrar que la "orden" o "decreto" del
rey "Artajerjes fue puesto en vigencia en el otoño del año 457 a. C.". Eso es lo
que necesitaban para llegar con sus cálculos hasta el otoño del año 1844, y,
sencillamente, se lo inventaron; después lo confirmó su profetisa, que para eso
la crearon (véase el Apéndice 4).
26) Por fin, podemos preguntar, al Adventismo, que si la fecha
verdadera, para empezar a contar las 70 semanas (y los 2.300 días, según ellos)
era el otoño del año 457 a. C., para llegar al otoño del año 1844 d. C., ¿por
qué hicieron unos cálculos proféticos que llegaban sólo al año 1843, y los
exhibieron en "el famoso diagrama ‘1843’ " desde 1842? (véase el Apéndice 1). Su
profetisa contesta así, apoyándose en una de sus visiones:
"He visto que el diagrama de 1843 fue dirigido por la mano
del Señor, y que no debe ser alterado; que las cifras eran como él las quería;
que su mano cubrió y ocultó una equivocación en algunas de las cifras, para que
nadie pudiese verla, hasta que la mano de Dios se apartase."
"[...]. La mano del Señor se apartó de las
cifras, y echaron de ver el error. Advirtieron que los períodos proféticos
alcanzaban hasta 1844, y que la misma prueba que habían aducido para demostrar
que los períodos proféticos terminaban en 1843 demostraba que terminarían en
1844." (3/74, 236).27) He ahí la profetisa del
Adventismo: tan falsa es esa explicación de lo que hacía ese dios trafullero con
su mano, como la explicación de que: "El decreto de Artajerjes fue puesto en
vigencia en el otoño del año 457 ant. de J. C.". Pero una cosa es cierta: que el
Adventismo tiene un error, en su fecha del año 457 a. C., que resulta ser falsa,
por lo que no le permite llegar a establecer su creencia fundamental basada en
la fecha de 1844; porque, para llegar a ella, le falta un año, y esto no tiene
arreglo; mas sigamos con las fechas de sus cálculos y veremos más
trafullas.
Capítulo III
LA
FECHA DEL AÑO 27 d. C.
1) La fecha del año 27 d. C. es el segundo hito, en los
cálculos del Adventismo, para llegar a 1844. Deducen esta fecha contando las 69
primeras semanas (ó 483 años) de las 70 semanas de Daniel desde el otoño del año
457 a. C., cuando dice su profetisa que entró en vigencia el decreto del rey
Artajerjes; el mismo Adventismo lo explica así, apoyándose en la autoridad de
ella:
"Comenzando en el otoño [...] del 457 a. C., cuando entró en
vigencia el decreto, las 69 semanas proféticas, o 483 años, llegan hasta el
bautismo de Jesús en el año 27 d. C." (7/tomo 4, p. 879).2) Los comentaristas del Adventismo no tienen más remedio que escribir
esto para dar la razón a su profetisa, la cual también dejó establecida la fecha
del bautismo de Cristo con la siguiente afirmación rotunda (para que lo
demuestren sus seguidores):
"En el otoño del año 27 de J. C., Cristo fue bautizado por
Juan [...]." (2/373).3) La Biblia que usa el
Adventismo, en su Comentario Bíblico, dice que Jesús fue
bautizado:
"En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, [...]."
(Lucas 3:1), (5/939).4) Ahora, estos comentaristas no
pueden demostrar que Cristo fuera bautizado en el año 27; pero, como no pueden
dejar de dar la razón a su profetisa, recurren a una trafulla para demostrar que
el bautismo de Jesús tuvo lugar en ese año indicado; he aquí sus
palabras:
"Augusto murió [...] el 19 de agosto, [...] el año 14 d. C.
[...].
"[...] los judíos computaban el reinado de los
reyes extranjeros según el año que comenzaba el 1 de Tisri. Si así fue,
es de esperar que Lucas contara los años de Tiberio, gobernante romano, a partir
de 1º de Tisri, y que su 2º año comenzara el primer día de año nuevo de su
reinado, es decir, el 1º de Tisri del año 14 d. C." (7/tomo 5, pp. 235,
237).5) Por una parte, vemos que esperan que Lucas
contara los años de Tiberio por el calendario judío, "según el año que comenzaba
el 1 de Tisri"; pero, por otra parte, contara de forma que el 2º año de Tiberio
empezara en el 1º de Tisri de su reinado; es decir, que el año 2º comenzara
donde, en el calendario judío, empezaba el año 1º completo; de esta forma,
esperan que Lucas convirtiera lo que era el "año ascensional" en el año 1º.
Veamos, en un gráfico, el galimatías que hay en esta última cita:
Gráfico quinto.
6) Vemos, en este gráfico quinto, que desde la muerte de
Augusto en el día 19 de agosto del año 14, hasta el día 1º de Tisri siguiente
hay un mes y medio (aproximadamente). Puesto que esperan que Lucas contara los
años de Tiberio por el calendario judío, según el año que comienza en el 1º de
Tisri, resulta que esa fracción de un mes y medio debe ser el "año ascensional"
de Tiberio y, a continuación, comenzar el año 1º de su reinado, como en el caso
del rey Artajerjes (véase el Gráfico cuarto); pero, como esto no les interesa,
han transformado el "año ascensional" en el primer año; de esta forma, donde
debía empezar el año 1º, comienza el año 2º; por consiguiente, con este
subterfugio, han escamoteado un año al reinado de Tiberio, para que el año 15º
de éste coincida con el año 27. Mediante esta trafulla consiguen adaptar lo que
dice Lucas 3:1, 21 a la fecha del año 27 para el bautismo de Jesús, como afirma
su profetisa.
7) Ahora bien, nadie podrá demostrar jamás que alguien haya
contado alguna vez de esa manera por el calendario judío. Como es evidente, por
el calendario judío se contaban los años completos a partir del 1º de Tisri, y
la fracción de año, que había hasta llegar al 1º de Tisri, era el "año
ascensional", tal como está contado en el caso del rey Artajerjes (véase el
gráfico cuarto). Por tanto, si se aplica el sistema judío a los años del imperio
de Tiberio, hay que contar los años de la siguiente forma:
Gráfico sexto.
8) Observamos que, contando los años del imperio de Tiberio,
según se contaban por el calendario judío, el año 15º de Tiberio ya no coincide
con el año 27, sino que coincide con el 28 y con el 29. De esta forma, la fecha
que da la profetisa, para el bautismo de Jesús en el año 27, es totalmente
falsa. No obstante, veamos lo que sucede si contamos los años de Tiberio según
el sistema romano; los romanos no tenían "año ascensional", ni contaban los años
de reinado a partir de año nuevo, sino que contaban el primer año de reinado
desde la fecha que un emperador empezaba a reinar hasta la misma fecha del año
siguiente; por consiguiente, los años del imperio de Tiberio se cuentan así,
según los romanos:
"Augusto, inmediato predecesor de Tiberio, murió el 19 de
agosto del 767 a U. C. = 14 d. C. El año 15 de Tiberio empezaba el 19 de agosto
del 781.) (15/NT, tomo I-2º, p. 102).
"Las monedas prueban que Tiberio sólo tomó el
título de emperador a la muerte de Augusto; y desde este año comenzaba su
cómputo imperial. El año 15 de Tiberio va del 19 de agosto de 781 a 19 de agosto
de 782 de Roma." (16/tomo V, p. 785).9) Veamos, en un
gráfico, lo que dicen estas dos últimas citas:
Gráfico séptimo.
10) Es evidente que, contando los años del imperio de Tiberio
según los romanos, su año 15º comprende parte del año 28 y parte del año 29. Por
tanto, para poner la fecha del bautismo de Jesús en el otoño del año 15º del
imperio de Tiberio, no hay más remedio que colocar el bautismo de Jesús en el
otoño del año 28. Por tanto, la fecha del otoño del año 27 (para el bautismo de
Cristo), dada por la profetisa del Adventismo, es una fecha absolutamente falsa.
Esto hace que el segundo hito, que es este año 27, dentro de los cálculos del
Adventismo para llegar al año 1844, tenga que ser removido un año hacia delante;
es decir, desde el año 27 al año 28. Por esto, los comentaristas del Adventismo
hacen la trafulla de escamotear un año en el reinado de Tiberio (como queda
demostrado en el gráfico quinto); pero prosigamos con el hito siguiente dentro
de los cálculos del Adventismo, que corresponde a la fecha de la muerte de
Jesús.
Capítulo IV
LAS FECHAS DE LOS AÑOS 31 Y 34
1) Para saltar desde el hito del año 27 a los hitos de los años
31 y 34, la profetisa afirma rotundamente:
"En el año 31 de J. C., tres años y medio después de su
bautismo, nuestro Señor fue crucificado. [...]
"Las setenta semanas, o 490 años concedidos a los
judíos, terminaron [...] en el año 34 de J. C." (2/375).2) Ahora, los comentaristas del Adventismo tienen que intentar probar
que Jesús murió en la fecha que afirma su profetisa, así como la fecha del año
34; éstos, tras recurrir a una serie de embrollos para establecer la fecha del
bautismo de Jesús en el año 27, concluyen escamoteando un año del reinado de
Tiberio (como ya hemos visto); pero, siguiendo con su Comentario,
pretenden probar que la fecha de la crucifixión de Jesús fue en el año 31, y que
3 ½ años después concluyeron las 70 semanas de Daniel; ellos lo afirman
así:
"Esta semana, la septuagésima, comenzó en 27 d. C. al
iniciarse el ministerio público de Cristo en ocasión de su bautismo. Se extendió
más allá de la crucifixión en ‘la mitad de la semana’, ocurrida en la primavera
(marzo-abril) del 31 d. C. hasta el rechazo de los judíos como pueblo del pacto,
en el otoño del 34 d. C. [...]." (7/tomo 4, p. 880).
"En resumen: no hay una prueba decisiva,
ni histórica ni cronológica – como tampoco hay pruebas contrarias -, de que
Jesús comenzara su ministerio a fines del año 27 d. C., o sea, al final de las
69 semanas de años, contadas a partir del año 457 a. C., o que puso fin al
simbolismo de los sacrificios y las ofrendas en la cruz exactamente 3 ½ años más
tarde, en la primavera del año 31 d. C., quedando aún 3 ½ años de la 70ª semana
para completar el período de 490 años desde su punto de partida. Sin embargo,
aunque uno no pueda afirmar que estas fechas están comprobadas con fuentes
documentales históricas directas, se las puede aceptar como deducciones
muy razonables, teniendo en cuenta las profecías." (7/tomo 5, p.
239).3) Vemos que los comentaristas adventistas dicen
que "no hay una prueba decisiva, ni histórica ni cronológica [...], de
que Jesús comenzara su ministerio a fines del año 27 d. C." Esto es precisamente
lo que venimos demostrando al revisar las fechas de sus cálculos cronológicos en
la interpretación de las 70 semanas de Daniel hecha por su profetisa.
Exactamente por esto, porque no hay una prueba decisiva para establecer
la fecha del año 27 d. C., intentan fabricarla ellos, escamoteando un año en el
reinado del emperador romano Tiberio (como hemos visto en el gráfico quinto);
pero, por otra parte, afirman que "tampoco hay pruebas contrarias", para
establecer esa fecha del año 27; esto es una afirmación gratuita, porque sí hay
pruebas que tiran por tierra esa fecha; pero ellos silencian unas y
desprestigian otras con un cúmulo de embrollos hasta extremos inauditos, como
puede comprobarse en su Comentario (7/tomo 5, pp. 225-259). No obstante,
además de todas las pruebas que les venimos mostrando aquí, que desenmascaran lo
erróneas que son las fechas-hitos de su cronología, hay muchas más pruebas
bíblicas, históricas y astronómicas, que sitúan, en otras fechas correctas y
distintas de las de ellos, las fechas del bautismo y crucifixión de Cristo
(17/39-138).
4) En las dos últimas citas, también nos dicen que, sumando 3 ½
años a la fecha del año 27, se llega a la fecha de la muerte de Jesús en la
primavera del año 31; y, sumando otros 3 ½ años a esta última fecha, se consigue
la fecha del otoño del año 34, que, según ellos, este año 34 es el final de las
70 semanas de Daniel. Veamos esto:
a) En los gráficos sexto y séptimo, mostramos que, una vez
restaurado (en el reinado de Tiberio) el año que ellos habían escamoteado, el
otoño del año 15º del imperio de Tiberio ya no coincide con el otoño de año 27,
como quieren ellos, sino con el otoño del año 28. Por tanto, es en el otoño de
este año 28 donde se sitúa el bautismo de Cristo, siempre que, en Lucas 3:1, se
lea la palabra IMPERIO.
b) Por consiguiente, sumando los 3 ½ años del ministerio de
Jesús al otoño del año 28, la crucifixión de Cristo se sitúa en la primavera del
año 32; con esto, queda claro que la fecha del año 31 es totalmente falsa, a
pesar de todo lo que digan la profetisa y los dirigentes del Adventismo.
c) Si, a la fecha de la crucifixión, sumamos otros 3 ½ años,
como quiere el Adventismo, vamos a parar al otoño del año 35, y no al del año
34, aunque la susodicha profetisa diga lo contrario. Veámoslo en el siguiente
gráfico:
Gráfico octavo.
5) En consecuencia, si, como quiere el Adventismo, la fecha del
bautismo de Jesús tiene que ser en el otoño del año 15º del imperio de Tiberio
y, 3 ½ años después, tuvo lugar la crucifixión, ésta forzosamente se sitúa en la
primavera del año 32, y no del 31 donde la sitúa su profetisa; y, si a la fecha
de la crucifixión se suman otros 3 ½ años, para llegar al final de las 70
semanas de Daniel, el resultado es que las 70 semanas terminan en el otoño del
año 35, como vemos en el gráfico octavo. Esto supone que la fecha del año 34
también es falsa, a pesar de tantas trafullas y de tanta profetisa.
Capítulo V
LA
FECHA DEL AÑO 1844
1) La profetisa del Adventismo dice rotundamente cómo se llega
a establecer la fecha del año 1844, en el cual, según ella, empezó "la
purificación del santuario"; éstas son sus palabras:
"[...] el principio de las setenta semanas queda establecido
irrefutablemente en el año 457 ant. de J. C. y su fin en el año 34 de J. C.
Partiendo de esta fecha no es difícil encontrar el término de los 2.300 días.
Las setenta semanas – 490 días – descontadas de los 2.300 días, quedan 1.810
días. Concluidos los 490 días, quedan aún por cumplirse los 1.810 días. Contando
desde 34 de J. C., los 1.810 años alcanzan al año 1844. Por consiguiente los
2.300 días de Daniel 8:14 terminaron en 1844. Al fin de este gran período
profético, según el testimonio del ángel de Dios, ‘el santuario’ debía ser
‘purificado’. De este modo la fecha de la purificación del santuario [...] quedó
definitivamente establecida." (2/376).2) Los
comentaristas del Adventismo, fieles defensores y apoyadores de la doctrina de
su profetisa hasta el día de hoy, confirmando dócilmente lo dicho por ella,
afirman lo siguiente:
"Puesto que las 70 semanas, o 490 años, son parte del período
más largo de 2.300 años y puesto que los primeros 490 años de ese período se
extienden hasta el otoño del 34 d. C., es posible calcular la fecha de la
terminación de los 2.300 años. Sumando a 34 d. C. los 1.810 años restantes de
los 2.300 años se llega hasta el otoño de 1844 cuando el santuario debía ser
‘purificado’ [...]." (7/tomo 4, pp. 880-881).3) Antes
de continuar con lo relativo a la fecha de 1844, debemos hacer aquí la siguiente
observación: esta última cita está tomada del comentario al capítulo 9 de
Daniel; para el comentario a este capítulo 9 de Daniel se emplean sólo siete
páginas; pero, al final de las cuales, se dice: "COMENTARIOS DE ELENA G. DE
WHITE", y, debajo de este título, se coloca una lista de sus obras indicando la
página (o páginas) que hay que leer de cada una de esas obras, donde ella
comenta el capítulo 9 de Daniel; en total hay que leer 36 páginas de esas obras
(7/tomo 4, p. 881). Si nos fijamos, por ejemplo, en un lugar de la Biblia ajeno
a este tema, como es el capítulo 10 del evangelio de Marcos, hallamos que estos
comentaristas adventistas escriben poco más de dos páginas para comentar ese
capítulo 10; pero indican para leer 89 páginas de los libros de su profetisa,
donde ella comenta el capítulo 10 de Marcos (7/tomo 5, p. 627). Por tanto,
podemos afirmar que, como lo muestra la evidencia, el Comentario Bíblico
Adventista está hecho en favor de y por su profetisa, y sirve al
Adventismo:
a) Para paliar los errores de ella hasta donde les es
posible.
b) Como una guía para leer los libros de su profetisa.
c) Para mostrar que los comentaristas del Adventismo están
amordazados y maniatados por un servilismo ciego a su profetisa, cuya
inspiración fue fabricada por la misma Iglesia Adventista en sus primeros
tiempos (véase el Apéndice 4).
4) Volviendo a la fecha de 1844, vemos que, tanto la profetisa
como sus comentaristas, dicen que, descontando de los 2.300 años los 490 años de
las 70 semanas, restan otros 1.810 años, los cuales se agregan al año en el cual
terminan las 70 semanas. Como el fin de esas semanas es, para ellos, el año 34,
suman, a este año, los otros 1.810, y así llegan a establecer la fecha del año
1844; pero, como, según ya hemos visto, la fecha del año 34 es falsa, y la fecha
verdadera (de acuerdo con el año 15º del imperio de Tiberio) es el año 35 (véase
el gráfico octavo), resulta que esos 1.810 años hay que sumarlos al año 35;
siendo esto así, tenemos como resultado de esta suma que la fecha del año 1844
también es falsa; porque, sumando 1.810 años al otoño del año 35, vamos a parar
al otoño del año 1845. Esto nos muestra que hay una laguna de dos años en los
cálculos del Adventismo, para poder llegar al año 1844, en el cual afirma que
empezó "la purificación del santuario" o "juicio investigador". Esta laguna de
dos años se produce de la manera siguiente:
a) El Adventismo empieza a contar el período de los 2.300 años
junto con las 70 semanas en el otoño del año 457 a. C. (véase el gráfico
primero); pero, como ya queda demostrado, esa fecha del año 457 es falsa, siendo
la fecha verdadera el año 458 a. C., con lo cual el comienzo de los cálculos,
para llegar a 1844, retrocede un año.
b) El Adventismo, confirmando lo dicho por su profetisa, pone
el final de las 70 semanas (o 490 años) en el año 34 d. C.; pero, como queda
demostrado, esta fecha del año 34 también es falsa, siendo la verdadera, de
acuerdo – como el Adventismo quiere – con el año 15º del imperio de Tiberio
(Lucas 3:1) el año 35 (como se ve en el gráfico octavo); con lo cual el final de
los 490 años avanza un año, pasando del 34 al 35.
c) Por consiguiente, vemos que el Adventismo tiene una laguna
de un año al comienzo de las setenta semanas; por lo que, contando desde la
verdadera fecha, que es el año 458 a. C., los 2.300 días de Daniel 8:14, sólo
puede llegar al otoño del año 1843, con lo cual su fecha de 1844 resulta ser
falsa.
d) Ahora bien, como el Adventismo, según ya hemos visto,
"corta" los 490 años (de las 70 semanas) de los 2.300 años, y los 1.810 años
restantes los suma al año 34 (que considera el final de los 490), para llegar a
1844, y la fecha del año 34 es falsa, siendo la verdadera el año 35, hay que
sumar a este año los 1.810 años, con lo cual llegamos al año 1845; esto nos
demuestra que la fecha de 1844 no sólo es falsa, sino que, además, es imposible
llegar a ella; porque, según lo dicho en Daniel 9:25 : "desde la salida de la
orden", se produce una laguna de un año hacia atrás en el comienzo de las 70
semanas; y según lo dicho en Lucas 3:1 : "En el año decimoquinto del imperio
..." (como ellos interpretan) se produce una laguna de otro año hacia delante en
el final de las 70 semanas. Veamos esto en un gráfico.
Gráfico noveno.
5) Observando este gráfico, podemos apreciar el dilema en que
se halla el Adventismo a la hora de demostrar que los 2.300 "años" terminan en
el otoño de 1844. Veamos:
a) Si (como muestra la primera línea gruesa) se cuentan esos
2.300 años desde la verdadera fecha del comienzo de las 70 semanas, que, de
acuerdo con la Biblia (Daniel 9:25), es el otoño del año 458 a. C., sin
considerar las fechas del bautismo y muerte de Jesús, dichos años terminan en el
otoño del año 1843 d. C. (pues 457,25 años de antes de Cristo más 1842,75 de
después de Cristo nos llevan a este año); pero esto no interesa al Adventismo;
porque esta fecha es a la que llegó Guillermo Miller por cuatro caminos
distintos (véase el Apéndice 1); pero el Adventismo la cambió a 1844, como ya
hemos visto.
b) Si (como se ve en la segunda línea gruesa) se cuentan desde
la misma fecha del otoño del año 458 a. C. las 70 semanas, teniendo en cuenta la
fecha del bautismo de Jesús (según Lucas 3:1), estas semanas (ó 490 años)
terminan en el otoño del año 33 d. C., pues 457,25 años de antes de C. más 32,75
de después de C. suman los 490 años. Ahora bien, como los 1.810 años restantes
(de los 2.300) hay que sumarlos a la fecha en la cual termina la última de las
70 semanas, que, como se ve en el gráfico octavo, es el otoño del año 35,
sumados aquí estos 1.810 años nos llevan al otoño del año 1845. Así, el año 1844
no aparece por ninguna parte; porque se produce una laguna de dos años, que son
los que hay entre el otoño del año 33 (donde concluyen los 490 años) y el otoño
del año 35 (donde deben empezar a contarse los 1.810 años).
6) El Adventismo, con su profetisa a la cabeza, solucionan este
dilema tapando esa laguna de dos años, mediante las dos artimañas
siguientes:
a) Primera artimaña: contradiciendo lo que dice la Biblia,
afirman gratuitamente que las 70 semanas no se cuentan desde que salió la
"orden" de Artajerjes (como dice Daniel 9:25), sino desde que esa "orden" entró
en "vigencia", y el momento de esa entrada en vigencia fue en el otoño del año
457 a. C. De esta forma hacen avanzar un año el principio de los 490 años (como
se ve en la tercera línea gruesa de ese gráfico noveno), con lo cual el final,
en vez de terminar en el otoño del año 33, termina en el otoño del año 34; de
esta forma cubren la laguna de un año, que es el que hay desde el otoño del año
458 al otoño del 457 a. C.
b) Segunda artimaña: ésta consiste en que, mediante la argucia
de un galimatías, escamotean un año en los años de reinado del emperador
Tiberio, como ya hemos visto en el gráfico quinto. Con este escamoteo de un año
consiguen que la última semana de las 70 termine en el otoño del año 34, en
lugar del año 35; de esta forma cubren la laguna de otro año, que es el que va
desde el otoño del año 34 al otoño del año 35. De esta manera, haciendo
retroceder un año el final de los 490 años, se sitúan en el otoño del año 34 y,
contando desde aquí los 1.810 años, llegan al otoño de 1844 (pues 456,25 años de
antes de Cristo más 1843,75 años de después de Cristo son 2.300 años), una fecha
falsa conseguida mediante dos artimañas trafullescas (véase Efesios 4:14); pero
que, para el Adventismo, es una creencia fundamental (6/41-42) y (142/360-382);
pero veamos lo que depende de esa fecha de 1844.
Tercera
parte
EL DESMONTAJE DE LA PURIFICACIÓN
DEL
SANTUARIO CELESTIAL COMENZADA EN
1844
Una doctrina tan falsa prevalecer no
podrá, la doctrina de la Biblia con ella acabará.
Capítulo primero
LA
PURIFICACIÓN DEL SANTUARIO CELESTIAL
COMENZADA EN 1844 FRENTE A LA
BIBLIA
1) Guillermo Miller y sus seguidores, entre los cuales estaba
la que después sería la profetisa del Adventismo, creían que la purificación del
santuario, a la cual alude Daniel 8:14 (según ciertas traducciones, 142/380),
era la purificación de la Tierra en el momento de la segunda venida de Cristo,
la cual ellos anunciaron, por cuarta vez, para el día 22 de octubre de 1844.
Cuando llegó esta fecha y no vino Cristo, no sabían a qué se refería esa
"purificación del santuario":
"Se creía que el santuario era la tierra y su purificación la
venida de Cristo." (1/128).
"En ese cálculo, todo era claro y armonioso,
menos la circunstancia de que en 1844 no se veía acontecimiento alguno que
correspondiese a la purificación del santuario." (2/462).2) La profetisa cuenta que entonces investigaron en la Biblia y vieron
que la Tierra no era el santuario; pero también encontraron, en ella, la
explicación de todo lo relativo al tema del santuario:
"En sus investigaciones vieron que en las Sagradas Escrituras
no hay prueba alguna en apoyo de la creencia general de que la tierra es el
santuario; pero encontraron en la Biblia una explicación completa de la cuestión
del santuario, su naturaleza, su situación y sus servicios; [...]."
(2/463).3) Según la misma "escritora", la
purificación del santuario indicada en Daniel 8:14 se refiere a la purificación
del santuario celestial, del cual era una sombra el tabernáculo construido por
Moisés; por tanto, en 1844, empezó la purificación del santuario del cielo; ella
lo dice así:
"Las Escrituras contestan con claridad a la pregunta: ¿Qué es
el santuario? La palabra ‘santuario’, tal cual la usa la Biblia, se refiere en
primer lugar, al tabernáculo que construyó Moisés, como figura o imagen de las
cosas celestiales; y, en segundo lugar, al ‘verdadero tabernáculo’ en el cielo,
hacia el cual señalaba el santuario terrenal. Muerto Cristo, terminó el ritual
típico. El ‘verdadero tabernáculo’ en el cielo es el santuario del nuevo pacto.
Y como la profecía de Daniel 8:14 se cumple en esta dispensación, el santuario
al cual se refiere debe ser el santuario del nuevo pacto. Cuando terminaron los
2.300 días, en 1844, hacía muchos siglos que no había santuario en la tierra. De
manera que la profecía: ‘Hasta dos mil y trescientas tardes y mañanas; entonces
será purificado el Santuario,’ se refiere indudablemente al santuario que está
en el cielo." (2/469-470).4) La misma autora,
haciendo un paralelo con el servicio que se realizaba en el santuario terrenal,
explica en qué consiste la purificación del santuario celestial, que, según el
Adventismo, empezó en 1844:
"Pero queda la pregunta más importante por contestar: ¿Qué es
la purificación del santuario? [...].
"El servicio del santuario terrenal consistía en
dos partes; los sacerdotes ministraban diariamente en el lugar santo, mientras
que una vez al año el sumo sacerdote efectuaba un servicio especial de expiación
en el lugar santísimo, para purificar el santuario. [...]
"El servicio del sacerdote durante el año en el
primer departamento del santuario, ‘adentro del velo’ que formaba la entrada y
separaba el lugar santo del atrio exterior, representa la obra y el servicio a
que dio principio Cristo al ascender al cielo. [...]
"Este ministerio siguió efectuándose durante
dieciocho siglos en el primer departamento del santuario. La sangre de Cristo,
ofrecida en beneficio de los creyentes arrepentidos, les aseguraba el perdón y
aceptación cerca del Padre, pero no obstante sus pecados permanecían inscritos
en los libros de registro. Como en el servicio típico al fin del año, así
también, antes de que la obra de Cristo para la redención de los hombres se
complete, queda por hacer una obra de expiación para quitar el pecado del
santuario. Este es el servicio que empezó cuando terminaron los 2.300 días.
Entonces, así como lo había anunciado Daniel el profeta, nuestro Sumo Sacerdote
entró en el lugar santísimo, para cumplir la última parte de su solemne obra: la
purificación del santuario.
"[...]. Y así como la purificación típica de lo
terrenal se efectuaba quitando los pecados con los cuales había sido contaminado
(el santuario), así también la purificación real de lo celestial debe efectuarse
quitando o borrando los pecados registrados en el cielo. Pero antes de que esto
pueda cumplirse deben examinarse los registros para determinar quiénes son los
que, por su arrepentimiento del pecado y su fe en Cristo, tienen derecho a los
beneficios de la expiación cumplida por él. La purificación del santuario
implica por lo tanto una obra de investigación – una obra de juicio. Esta obra
debe realizarse antes de que venga Cristo para redimir a su pueblo,
[...].
"Así que los que andaban en la luz de la palabra
profética vieron que en lugar de venir a la tierra al fin de los 2.300 días, en
1844, Cristo entró entonces en el lugar santísimo del santuario celestial para
cumplir la obra final de la expiación preparatoria para su venida."
(2/470-475).5) Por consiguiente, siempre según la
profetisa del Adventismo, Cristo desarrolló su ministerio en el lugar santo del
santuario celestial desde su ascensión hasta 1844; entonces pasó desde el lugar
santo al lugar santísimo del santuario celestial, donde estaba su Padre; en
aquel momento empezó "el juicio investigador", para averiguar quiénes, de entre
los creyentes, permanecieron fieles hasta el fin de su vida; si éste fue el
caso, se les borran los pecados y quedan destinados para la vida eterna, de lo
contrario quedan destinados a la condenación. Veamos, según la profetisa, cómo
escudriña, Dios, la vida de cada creyente para enterarse de lo que cada uno ha
hecho o dejado de hacer; y a toda esa inquisición es a lo que ella llama "el
juicio investigador", para expiar y borrar los pecados de los que permanecieron
fieles; en eso consiste "la purificación del santuario", porque éste es
purificado de los pecados de los creyentes que permanecieron fieles hasta el
final de sus vidas; cuando ese juicio investigador termine y en él se borren los
pecados de los creyentes, Cristo vendrá:
"Acompañado por ángeles celestiales, nuestro gran Sumo
Sacerdote entra en el lugar santísimo, y allí, en la presencia de Dios, da
principio a los últimos actos de su ministerio en beneficio del hombre, a saber,
cumplir la obra del juicio y hacer expiación por todos aquellos que resulten
tener derecho a ella.
"[...].
"La obra de cada uno pasa bajo la mirada de Dios,
y es registrada e imputada ya como señal de fidelidad ya de infidelidad. Frente
a cada nombre, en los libros del cielo, aparecen, con terrible exactitud, cada
acto egoísta, cada deber descuidado, y cada pecado secreto, con todas las tretas
arteras. Las admoniciones o reconvenciones divinas despreciadas, los momentos
perdidos, las oportunidades despreciadas, la influencia ejercida para bien o
para mal, con sus abarcantes resultados, todo fue registrado por el ángel
anotador.
"A medida que los libros de memoria se van
abriendo en el juicio, las vidas de todos los que hayan creído en Jesús pasan
ante Dios para ser examinadas por él. Empezando con los que vivieron los
primeros en la tierra, nuestro Abogado presenta los casos de cada generación
sucesiva, y termina con los vivos. Cada nombre es mencionado, cada caso
cuidadosamente investigado. Habrá nombres que serán aceptados, y otros
rechazados. [...]
"La obra del juicio investigador y el acto de
borrar los pecados deben realizarse antes del segundo advenimiento del Señor.
Pero el apóstol Pedro dice terminantemente que los pecados de los creyentes
serán borrados ‘cuando vendrán los tiempos del refrigerio de la presencia del
Señor, y enviará a Jesucristo.’ (Hechos 3:19,20.) Cuando el juicio investigador
haya concluido, Cristo vendrá con su recompensa para dar a cada cual según sus
obras." (2/534-539).6) Toda esta doctrina (o
creencia) fundamental (para el Adventismo) de la purificación del santuario
celestial, consistente en un "juicio investigador", comenzado en 1844, para
purificar dicho santuario borrando los pecados de los creyentes (y que ese
juicio tiene que terminar antes de la segunda venida de Cristo), desde el punto
de vista de la enseñanza del Nuevo Testamento no es nada más que un galimatías
embrollesco y antibíblico. Veamos esto por partes:
a) El texto empleado por la profetisa, al final de la última
cita, dice según ella:
"[...] los pecados de los creyentes serán borrados ‘cuando
vendrán los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor, y enviará a
Jesucristo.’ (Hechos 3:19,20)." (2/539).b) Pero la
Biblia dice esto:
"Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados
vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de
refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; [...]." (Hechos
3:19,20).c) Los acontecimientos, en este texto,
siguen este orden:
1º) "arepentíos y convertíos": esta expresión es la oración
principal de la frase.
2º) "para que sean borrados vuestros pecados;"
esto es una oración final, que indica que el hecho de borrar los pecados tiene
lugar cuando se realiza lo dicho en la oración principal, que es cuando uno se
arrepiente y se convierte; por tanto, ya se borraban los pecados cuando los
creyentes se arrepentían y se convertían en los tiempos de los apóstoles, sin
que tuvieran que esperar a que llegara el año 1844.
3º) Todo eso daría como consecuencia lo que dice
la segunda oración final: la llegada de tiempos de refrigerio de la presencia
del Señor, lo cual sucede después de lo indicado en la oración principal y en la
primera final.
4º) Por último, Dios enviaría a Jesucristo; es
decir, llegaría la segunda venida.d) La profetisa
invierte los hechos reseñados en este texto bíblico; lo hace así:
a) En primer lugar vienen los tiempos del refrigerio.
b) Entonces se borran los pecados a los
creyentes.
c) La segunda venida.e) Se ve que la profetisa ha escamoteado, en ese texto bíblico, la causa
del borramiento de los pecados de los creyentes, que está expresada en el punto
1º; que es el arrepentimiento y la conversión; por medio de este galimatías
traslada el borramiento de los pecados a otro momento distinto al que dice el
texto bíblico, que es el momento cuando el creyente se arrepiente y se
convierte; porque, para la profetisa, los pecados de los creyentes no pueden ser
borrados nada más que durante ese inventado "juicio investigador" comenzado en
1844; así, ella contradice la enseñanza de la Biblia.
7) Hay otro texto bíblico que la profetisa ni siquiera usa en
la obra donde expone su doctrina sobre su invento del "juicio investigador".
Este texto dice así:
"Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que
juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, [...]."
(2 Timoteo 4:1).8) Evidentemente la "manifestación"
de Cristo es su aparición en el momento de su segunda venida, y, antes de ese
momento, no habrá sido juzgado ningún muerto ni ningún vivo, justo lo contrario
de lo que dice la profetisa del Adventismo; a saber, que Cristo no vendrá hasta
que termine de juzgar a los muertos y a los vivos creyentes. Por consiguiente,
este texto bíblico tira por tierra el cuento de ese "juicio investigador"
inexistente.
9) Por otra parte, el montaje del Adventismo sobre la
"purificación del santuario celestial" mediante la expiación y el borramiento de
los pecados de los creyentes, hallados fieles en ese "juicio investigador",
comenzado en 1844, tropieza con una dificultad bíblica insuperable.
Veamos:
a) La profetisa dice que Cristo, desde su ascensión, estuvo en
el lugar santo del santuario celestial hasta 1844; entonces entró en el lugar
santísimo, donde estaba su Padre, para realizar ante él dicho "juicio
investigador":
"El servicio del sacerdote durante el año en el primer
departamento del santuario [...] representa la obra y el servicio a que dio
principio Cristo al ascender al cielo. [...]
"Este ministerio siguió efectuándose durante
dieciocho siglos en el primer departamento. La sangre de Cristo, ofrecida en
beneficio de los creyentes arrepentidos, les aseguraba perdón y aceptación cerca
del Padre, pero no obstante sus pecados permanecían inscritos en los libros de
registro. Como en el servicio típico había una obra de expiación al fin del año,
así también, antes de que la obra de Cristo para la redención de los hombres se
complete, queda por hacer una obra de expiación para quitar el pecado del
santuario. Este es el servicio que empezó cuando terminaron los 2.300 días.
Entonces, así como lo había anunciado el profeta Daniel, nuestro Sumo Sacerdote
entró en el lugar santísimo, para cumplir la última parte de su solemne obra: la
purificación del santuario.
"[...]. Acompañado por los ángeles, nuestro gran
Sumo Sacerdote entra en el lugar santísimo, y allí, en presencia de Dios, da
principio a los últimos actos de su ministerio en beneficio del hombre, a saber,
cumplir la obra del juicio y hacer expiación por todos aquellos que resulten
tener derecho a ella." (2/473-474, 534).b) Por
consiguiente, hasta 1844, Cristo estuvo en el lugar santo, mientras que su Padre
estaba en el lugar santísimo. Por fin, según la profetisa, en 1844, Cristo entró
en el lugar santísimo donde estaba su Padre. Esta teoría que dice que Cristo no
se juntó con su Padre hasta 1844, es contraria a la Biblia, que en más de una
ocasión dice que Cristo está junto con su Padre desde que ascendió al cielo; he
aquí dos citas bíblicas (de entre otras que dicen igual):
"Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el
cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, [...].
(Hechos 7:55).
"[...], buscad las cosas de arriba, donde está
Cristo sentado a la diestra de Dios." (Colosenses 3:1).10) Por tanto, estos textos bíblicos demuestran que es imposible que
Cristo no estuviera con su Padre hasta 1844; como consecuencia, la enseñanza de
la profetisa resulta falsa, y la teoría de su "purificación del santuario" y su
"juicio investigador", comenzados en 1844, no son nada más que una fantástica
quimera.
11) Ahora bien, el Adventismo no se rinde, y, como lo que dice
su profetisa, para él, está inspirado por Dios (véase el Apéndice 4), ésta se
encarga de solucionar esa dificultad, para convertir esa quimera en una verdad,
asegurando que Dios tiene dos tronos: un trono en el lugar santo, donde estuvo
sentado con Cristo desde que éste ascendió al cielo hasta el momento en que pasó
a sentarse, en 1844, en su otro trono situado en el lugar santísimo; así que, en
esa fecha de 1844, el Padre cambió de lugar, y, a continuación, Jesús hizo lo
mismo; así se volvieron a juntar los dos en el lugar santísimo; no es que ella
se haya imaginado todo esto, sino que, con toda seriedad, afirma que lo vio en
una de sus visiones; he aquí sus palabras:
"Vi un trono, y sobre él se sentaban el Padre y el Hijo. Me
fijé en el rostro de Jesús y admiré su hermosa persona. No pude contemplar la
persona del Padre, pues le cubría una nube de gloria. [...]
"Vi al Padre levantarse del trono, y en un carro
de llamas entró en el lugar santísimo, al interior del velo, y se sentó ("en el
gran trono blanco", 3/38). Entonces Jesús se levantó del trono, y la mayoría de
los que estaban posternados se levantó con él. [...]
"Después de eso, un carro de nubes, cuyas ruedas
eran como llamas de fuego, llegó rodeado de ángeles, adonde estaba Jesús. Él
entró en el carro y fue llevado al lugar santísimo, donde el Padre estaba
sentado. Allí contemplé a Jesús, el gran Sumo sacerdote, de pie delante del
Padre." (3/54-55).12) Evidentemente, en ningún lugar
de la Biblia se enseña que Dios tenga dos tronos; por lo que esta enseñanza sólo
es fruto de esta pretendida visión, la cual no es nada más que una gran patraña;
porque, mediante ella, la profetisa contradice totalmente lo que dice la Biblia;
en efecto, la profetisa afirma que, cuando Jesús pasó al lugar santísimo en 1844
fue para realizar allí la obra que estaba simbolizada por lo que hacía el Sumo
Sacerdote judío una vez al año entrando en el lugar santísimo del santuario
terrenal, para purificarlo de los pecados:
"Una vez al año, en el gran día de las expiaciones, el
sacerdote (sic, era el Sumo Sacerdote) entraba en el lugar santísimo para
purificar el santuario. [...]
"[...]. Como en el servicio típico había una obra
de expiación al final del año, así también, antes de que la obra de Cristo para
la redención de los hombres se complete, queda por hacer una obra de expiación
para quitar el pecado del santuario. Este es el servicio que empezó cuando
terminaron los 2.300 días. Entonces, así como lo había anunciado Daniel el
profeta, nuestro Sumo Sacerdote entró en el lugar santísimo, para cumplir la
última parte de su solemne obra: la purificación del santuario." (2/471,
474).13) En efecto, esta teoría de la profetisa
contradice lo que enseña la Biblia, afirmando que lo que hacía "el sumo
sacerdote [...] cada año con sangre ajena." Cristo lo hizo "una vez para siempre
por el sacrificio de sí mismo [...]" (Hebreos 9:25-26).
14) Por tanto, la obra simbólica que realizaba el Sumo
sacerdote una vez cada año entrando en el lugar santísimo, ya la había realizado
Cristo en la realidad, cuando se escribió la epístola a los Hebreos en el siglo
I; por consiguiente, es antibíblica la doctrina que enseña que Cristo empezó esa
obra en 1844, como quiere el Adventismo con su profetisa a la cabeza; por esto,
esta profetisa no emplea este pasaje de Hebreos 9:25-26 al hacer el paralelo
entre lo que hacía el Sumo Sacerdote una vez cada año simbolizando lo que hizo
Cristo una sola vez en el siglo I; ella no emplea este pasaje bíblico en sus
obras, a pesar de que es el texto específico de la Biblia donde se habla de ese
paralelo, porque la profetisa quiere que lo que la Biblia dice que Cristo dejó
terminado en el siglo I, comenzara a hacerlo en 1844. Los comentaristas del
Adventismo, en su Comentario Bíblico, rehuyen explicar el significado del
paralelo entre las expresiones "cada año" y "una vez para siempre" de Hebreos
9:25-26 (7/tomo 7, p. 472). Por algo será.
15) Por otra parte, eso de que Dios tenga dos tronos en el
cielo: uno en el lugar santo y otro en el lugar santísimo y que, en 1844, se
cambiara de uno a otro, es totalmente antibíblico, pues en toda la Biblia sólo
se habla del trono de Dios (en singular), no de los tronos de Dios (véase Salmo
11:4; 45:6; 47:8; 89:14; Mateo 23:22; etc.). Por tanto, esa pretendida
purificación del santuario, comenzada en 1844, cuando Dios pasó de un trono a
otro, sólo se apoya en visiones fantásticas y antibíblicas de la profetisa del
Adventismo; en la Biblia, como queda demostrado, no existe esa enseñanza de la
profetisa, y ella lo sabía; por eso no empleó el pasaje de Hebreos 9:25-26,
porque, en él, no cabe esa doctrina del Adventismo.
Capítulo II
LA PALABRA
"PURIFICADO" DE DANIEL 8:14
1) Si nos fijamos atentamente en lo que dice el Adventismo
referente a Guillermo Miller, observaremos que la base de su predicación,
anunciando la segunda venida de Jesús para los años 1843-1844, era la palabra
"purificado", de Daniel 8:14; estas son sus palabras:
"La profecía de Daniel 8:14 : ‘Hasta dos mil y trescientos
días de tarde y mañana y el santuario será purificado’, inquietaba a Miller.
[...] Su error consistió en interpretar el santuario como la tierra, [...], y
que su purificación sería la destrucción de la tierra por fuego."
(1/131).2) Exactamente igual veremos si prestamos una
especial atención a lo que dice la profetisa del Adventismo. En efecto,
observamos que la palabra "purificación", extraída de Daniel 8:14, y referida a
la segunda venida de Cristo, para realizar esa purificación (de la tierra, como
ellos decían), era el "santo y seña de su fe"; así lo dice ella:
"El pasaje bíblico que más que ninguno había sido el
fundamento y el pilar central de la fe adventista era la declaración: ‘Hasta dos
mil y trescientas tardes y mañanas; entonces será purificado el Santuario.’
(Daniel 8:14, V. M.) Estas palabras habían sido familiares para todos los que
creían en la próxima venida del Señor. La profecía que encerraban era repetida
como santo y seña de su fe por miles de bocas. [...] los adventistas creían
entonces que la tierra, o alguna parte de ella, era el santuario. Entendían que
la purificación del santuario era la purificación de la tierra por medio del
fuego del último y supremo día, y que ello se verificaría en el segundo
advenimiento. De ahí que concluyeran que Cristo volvería a la tierra en 1844."
(2/461).3) Por consiguiente, cuando Cristo no vino en
la fecha que ellos esperaban, no veían a qué correspondía la purificación del
santuario:
"Pero el tiempo señalado había pasado, y el Señor no había
aparecido. Los creyentes sabían que la Palabra de Dios no podía fallar; su
interpretación de la profecía debía estar pues errada; ¿pero dónde estaba el
error? [...].
"En ese cálculo, todo era claro y armonioso,
menos la circunstancia de que en 1844 no se veía acontecimiento alguno que
correspondiese a la purificación del santuario." (2/461-462).4) Vemos que, para el Adventismo, en 1844, algo se tenía que purificar;
pero no veían a qué se refería dicha purificación. Después, como ya sabemos,
transfirieron esa purificación de la Tierra, al santuario celestial. Por
consiguiente, si la palabra "PURIFICADO" no hubiera estado en el texto de Daniel
8:14, Guillermo Miller no habría podido hacer ningún cálculo para averiguar la
fecha de la PURIFICACIÓN de la Tierra mediante la segunda venida de Cristo; pero
lo sorprendente e inaudito es que los mismos comentaristas del Adventismo
afirman que la palabra "PURIFICADO", de Daniel 8:14, NO ESTÁ EN EL TEXTO HEBREO
de ese pasaje de Daniel; así lo dicen ellos:
"Será purificado. Del hebreo tsadaq, ‘ser justo’, ‘ser
recto’. La forma nifal, nitsdaq, sólo aparece aquí, lo que puede sugerir
que se deba dar a este término un significado especial. Los lexicógrafos y
traductores sugieren varios significados, tales como ‘ser puesto en rectitud’, o
‘ser puesto en una condición correcta’, ‘ser rectificado’, ‘ser declarado
recto’, ‘ser justificado’, o ‘ser vindicado’. La traducción ‘será purificado’ es
la forma en que aparece en la LXX que aquí usa la forma verbal
katharisthesetai. No se sabe si los traductores de la LXX dieron un
significado adaptado al vocablo hebreo nitsdaq o tradujeron manuscritos
que tenían otra palabra hebrea, quizá tahar, que significa ‘estar
limpio’, ‘limpiar’. La Vulgata usa la forma mundabitur, que también
significa ‘limpiado’." (7/tomo 4, pp. 870-871).5)
Analicemos las afirmaciones que se hacen en esta cita:
a) Se dice que, en el texto hebreo, se halla la palabra
"nitsdaq", que es "la forma nifal" del verbo "tsadaq", del cual dan los seis
significados (o acepciones) que ponemos a continuación:
1º) "ser puesto en rectitud",
2º) "ser puesto en una condición
correcta",
3º) "ser rectificado",
4º) "ser declarado recto",
5º) "ser justificado" y
6º) "ser vindicado".b)
Por consiguiente, la expresión "SERÁ PURIFICADO" no está en el texto hebreo de
Daniel 8:14, sino que esta expresión es la traducción del texto griego de la
Septuaginta (o de los LXX), que "usa la forma verbal katharisthesethai", que
significa exactamente "será purificado".
c) También se dice, en esa cita, que "la Vulgata usa la forma
mundabitur, que también significa ‘limpiado’.". Pero esto no es cierto,
sino que se ve aquí un intento de despistar al lector escamoteando la realidad,
para que nadie pueda relacionar la palabra "limpiado" con la expresión "será
purificado" de Daniel 8:14, de la traducción que ellos usan en su
Comentario, que es la que está en el número 5 de la Bibliografía.
En efecto, la forma "mundabitur", de la Vulgata, es la 3ª persona del
singular, del futuro imperfecto de indicativo, en voz pasiva, del verbo "mundo",
de la primera conjugación, cuya traducción, en las dos acepciones que da el
siguiente diccionario (18/312), es:
*) "será limpiado" (que no es igual que "limpiado", como
dicen los mencionados comentaristas).
*) "será purificado" (que es lo que no quieren
ver esos mismos comentaristas).6) Ahora tenemos la
secuencia completa, de esta manera:
1º) En el texto hebreo, están las seis acepciones
indicadas; pero NO ESTÁ la expresión "será purificado".
2º) En la Septuaginta, SÍ ESTÁ, en Daniel
8:14, la expresión: "será purificado".
3º) En la Vulgata, TAMBIÉN ESTÁ, en Daniel
8:14: la expresión: "será purificado".
4º) En la versión Reina/Valera, IGUALMENTE
ESTÁ la expresión: "será purificado".
5º) En la versión inglesa, usada por
Guillermo Miller, TAMBIÉN ESTABA la expresión: "será purificado" (esto lo
sabemos porque así lo dicen el Adventismo y su profetisa, puntos 1 y 2 del
presente capítulo).7) Por tanto, como el texto hebreo
no dice "será purificado", la evidencia manifiesta que los LXX, en lugar
de traducir por una de esas seis acepciones (u otra parecida) la palabra
"nitsdaq", tradujeron "será purificado"; después, a partir de los LXX, tradujo
la misma expresión la Vulgata, y, de ésta versión, pasó a la traducción
usada por Miller, y a la Reina/Valera y a otras lenguas, como se puede ver en
las versiones indicadas en la Bibliografía con los números (19/866), (20/888),
(21/710).
8) No obstante, ahora hay algunas traducciones al español que
emplean expresiones parecidas a esas seis acepciones del término hebreo que
hemos indicado más arriba (punto 5, a); por ejemplo:
"[...] será reivindicado el santuario" (22/1216).
"[...] el santuario será restaurado"
(23/751).9) Es evidente que, según el contexto
histórico, una de estas dos últimas traducciones (u otra parecida) es la
correcta; porque, cuando se escribió la profecía de Daniel 8:14, el Santuario de
Jerusalén estaba destruido, y lo primero que tenía que suceder, a ese Santuario,
era que fuera RESTAURADO, y la Historia demuestra y confirma que eso es lo que
sucedió, cuando se reconstruyó y se dedicó, según se explica en Esdras 6:14-18.
Por tanto, con esta restauración del Santuario de Jerusalén y de su culto, se
cumplió lo profetizado en Daniel 8:14, según la traducción indicada en último
lugar, que dice: "el santuario será RESTAURADO" (23/751); también está esto
contenido en una de las seis acepciones indicadas más arriba (punto 5, a,
2º).
10) Ahora resta aclarar por qué, en la Septuaginta,
tradujeron, en Daniel 8:14: "el santuario será PURIFICADO", ¿de dónde sacaron la
palabra PURIFICADO, que no está en el texto hebreo de Daniel 8:14? Los
comentaristas del Adventismo no hacen nada más que suposiciones sobre esa
traducción; por lo que no podemos conocer si es que no lo saben o es que no lo
quieren decir, porque no les interesa aclarar por qué los LXX tradujeron
PURIFICADO en Daniel 8:14; pero la Historia nos aclara este asunto
perfectamente; veamos los hechos que tuvieron lugar para que los judíos pusieran
la palabra PURIFICADO en Daniel 8:14 en la LXX:
a) El rey Antioco IV Epífanes, en el siglo II a. C., conquistó
el territorio de Israel y profanó y saqueó el Templo de Jerusalén:
"Antioco IV, hijo menor de Antioco III y de Laodicea, sucedió
a su hermano Seleuco IV en 175 (a. C.). [...] Antioco visitó Jerusalén en el 169
e insistió en entrar en el lugar santísimo, de donde se llevó algunos de los
utensilios de oro y de plata. Presiones ejercidas por Egipto lo convencieron de
la necesidad de helenizar Palestina, y las medidas adoptadas contra la antigua
religión dieron por resultado la cesación de los sacrificios en el templo y la
construcción de un altar griego en el lugar del altar viejo el 25 de diciembre
de 167. La revuelta dirigida por Matatías de la casa de Asmón y sus cinco hijos
condujo a la consagración del templo sólo tres años después. Antíoco, quien en
monedas correspondientes a los últimos años de su reinado se hizo llamar
(Theos) Epífanes, ‘(dios) manifestado’, murió en campaña en Media
en el 146 (a. C.)." (24/75).b) El libro 1º de los
Macabeos lo cuenta así (fechándolo con la Era de los Seleucidas):
"Antíoco ocupó las ciudades fuertes de Egipto y se alzó con
los despojos del país. El año ciento cuarenta y tres, después de vencer a
Egipto, emprendió el camino de regreso. Subió contra Israel y llegó a Jerusalén
con un poderoso ejército. Entró con insolencia en el santuario y se llevó el
altar de oro, el candelabro de la luz con todos sus accesorios, la mesa de la
proposición, los vasos de las libaciones, las copas, los incensarios de oro, la
cortina, las coronas, y arrancó todo el decorado de oro que recubría la fachada
del Templo. Se apropió también de la plata, oro, objetos de valor y de cuantos
tesoros ocultos pudo encontrar. Tomándolo todo, partió para su país después de
derramar mucha sangre y de proferir palabras de extrema insolencia. En todo el
país se alzó un gran duelo por Israel." (1 Macabeos 1:19-25),
(22/547).11) Por fin, los Macabeos vencieron al
ejército de Antíoco IV Epífanes y recuperaron su territorio. En cuanto les fue
posible, limpiaron el Templo, reconstruyeron el altar de los holocaustos y
consagraron el Templo a Dios:
"Judas y sus hermanos se dijeron: ‘Nuestros enemigos están
vencidos; subamos, pues, a purificar el Lugar Santo y a celebrar su dedicación.’
[...]
"Judas dio orden a sus hombres de combatir a los
de la Ciudadela hasta terminar la purificación del Lugar Santo. Luego eligió
sacerdotes irrepochables, fieles a la Ley, que purificaron el Lugar Santo y
llevaron las piedras contaminadas a un lugar inmundo." (1Macabeos 4:36, 41-43),
(22/554).12) Por otra parte, debemos considerar que
la Septuaginta fue traducida del hebreo al griego en un período que
abarca desde el año 250 a. C. hasta el año 100 a. C., aproximadamente:
"Versión de los Setenta Intérpretes o
Alejandrina. [...] Tolomeo Filadelfo (285-247) pidió a Eleazar, sumo
sacerdote de los judíos, que le enviara hombres doctos en ambas lenguas hebrea y
griega para la traducción de la Ley; [...]. Los prolijos estudios llevados a
cabo por numerosos críticos acerca de nuestro texto inducen a formular las
siguientes conclusiones: 1ª el Pentateuco de los Setenta fue traducido en
Alejandría en tiempo de Tolomeo Filadelfo (285-247 a. de Jesucristo),
probablemente hacia el año 250 a. de J. C.; 2ª los demás libros fueron siendo
sucesivamente traducidos por diferentes autores, y 3ª hacia el año 130 antes de
J. C. la mayor parte de los libros (si no ya todos) estaban traducidos, de
suerte que con toda probabilidad puede señalarse como tiempo término máximo de
la traducción llamada de los Setenta hacia el año 100 a. de J. C. [...]."
(14/tomo 68, p. 67).13) Por consiguiente, cuando los
LXX tradujeron del hebreo al griego el Pentateuco, faltaba mucho tiempo para que
Judas Macabeo purificara lo que había profanado Antíoco IV; pero, cuando se
tradujo el libro del profeta Daniel al griego de los LXX, cerca del año 100 a.
C., la purificación macabea ya estaba en el pasado; porque debemos tener en
cuenta estos dos hechos:
a) El libro del profeta Daniel ocupa el lugar cuarto (empezando
por el final) en el AT hebreo de los judíos (28/1190-1215), mientras que, en los
LXX, ocupa exactamente el último lugar (29/870-941). Por tanto, el libro del
profeta Daniel fue traducido al final de ese período de tiempo que duró la
traducción de los LXX, es decir, después de haber tenido lugar los hechos de
Antíoco IV y de los Macabeos.
b) Precisamente, el libro 1º de los Macabeos fue introducido
entre los libros del AT en la versión de los LXX:
"La versión griega del primer libro de los Macabeos fue
inserta en la de los Setenta y se conserva en el Códice Alejandrino y en el
Sinaítico y también en el Véneto, [...]." (14/tomo 31, p.
1122).14) Teniendo en cuenta todos esos hechos, vemos
que la restauración del Santuario de Jerusalén profetizada en Daniel 8:14, y
realizada en el siglo VI a. C., según Esdras 6:15-18, fue atribuida a la
purificación realizada por Judas Macabeo en el Siglo II a. C.; pero, para hacer
este cambio en la profecía de Daniel 8:14, fue necesario cambiar el texto de ese
pasaje. En efecto, el texto hebreo dice: "[...] el santuario será restaurado",
lo que significa que el Santuario de Jerusalén, destruido por Nabucodonosor,
según 2 Reyes 25:8-10, en el año 586 a. C., sería restaurado, como así sucedió;
pero, para aplicar esa profecía a la purificación llevada a cabo por Judas
Macabeo, había que modificar el texto de Daniel 8:14, porque Judas Macabeo no
reconstruyó o restauró el Santuario como hicieron los Judíos en el siglo VI a.
C., según se dice en Esdras 6:15-18, sino que Judas Macabeo purificó el "Lugar
Santo"; por esto, donde se decía en hebreo "el santuario será RESTAURADO", se
dijo en griego "el santuario será PURIFICADO"; de esta manera, la profecía de
Daniel 8:14 quedó atribuida a la obra de Judas Macabeo; Flavio Josefo así lo
dice, afirmando que la desolación del Templo realizada por Antíoco, que dio
lugar a la purificación realizada por Judas Macabeo, había sido profetizada "por
Daniel cuatrocientos años antes"; éstas son sus palabras:
"Después de haber vencido tantas veces a los generales de
Antíoco, Judas convocó una asamblea. Dijo que convenía, después de haber
obtenido tantas victorias, subir a Jerusalén para purificar el Templo y ofrecer
los sacrificios acostumbrados. […]
"Ordenó a algunos de sus soldados que atacaran a
los que estaban en la fortaleza, mientras él purificaba el Templo. Después de
purificarlo con sumo cuidado, colocó vasos nuevos, el candelabro, una mesa, todo
de oro; de nuevo suspendió velos en las puertas y puso a éstas en su lugar.
[…]
"[...]. La desolación del Templo se realizó de
acuerdo con lo predicho por Daniel cuatrocientos años antes; […]." (26/libro
XII, cap. VII, 6).15) Esa purificación llevada acabo
por Judas Macabeo dio lugar a la institución de la fiesta de "La dedicación del
Templo":
"La fiesta de la dedicación del Templo […] llamada en 1
Macabeos 4:52-59 'la dedicación del altar', y por Fosefo (Antigüedades,
XXII, 7:7) 'la Fiestas de las Luces', era otra fiesta popular gozosa. Fue
instituida por Judas Macabeo en 164 a. C. cuando, después de ser recobrada la
independencia judía del dominio greco-sirio, el Templo de Jerusalén fue
solemnemente purificado, el viejo altar contaminado quitado, sus piedras puestas
en un lusar reparado del monte del Templo, y restaurado el culto del Señor. La
fiesta comenzaba el 25 de Quisleu (Diciembre), y duraba ocho días."
(32/355) y (143/81-89).16) Los judíos celebran
todavía esta fiesta con el nombre de JANUKÁ:
"El 22 de diciembre (del 2000) comienza la celebración de la
Fiesta de Januká que recuerda durante ocho días la purificación del Templo por
los macabeos." (144/8).17) Por consiguiente, los
traductores de la Septuaginta, en lugar de hacer una traducción del texto de
Daniel 8:14, hicieron una corrupción de ese texto, al cambiar la palabra
"RESTAURADO" por "PURIFICADO", lo que también constituye una adaptación del
texto de Daniel 8:14 a un asunto que no le correspondía.
18) Ahora ya tenemos todos los pasos dados hasta llegar a
Guillermo Miller: los traductores de la Septuaginta corrompieron el texto de
Daniel 8:14; desde la Septuaginta pasó esa corrupción a la Vulgata; desde aquí
pasó a la Biblia usada por Guillermo Miller, y éste construyó sobre esta
corrupción nada menos que la fecha de la segunda venida de Cristo, mediante unos
cálculos tramoyescos y tramposos, como queda demostrado más arriba y en el
Apéndice 1.
19) Después, sobre todo ese fundamento corrupto textualmente de
Guillermo Miller, el Adventismo edificó su doctrina fundamental y peculiar de su
"juicio investigador", alegando que la fecha de 1844 era correcta, que el error
sólo estaba en la interpretación del acontecimiento; pero esto no es cierto,
porque el mismo Guillermo Miller, en 1845, confesó, y por escrito, que él se
había equivocado en la fecha; estas son sus palabras:
" ‘Que yo he cometido una equivocación en la fecha, lo
confieso libremente; y no tengo deseos de defender mi proceder más allá de que
he actuado por motivos puros, […]. Mis equivocaciones y errores Dios, confío,
los perdonará ...’. Wm. Miller’s Apology and Defence (Boston, 1845), pp.
33, 34. Esta es una confesión humilde y honesta, verdaderamente rara entre los
autoproclamados profetas a través de los siglos." (30/201, nota
26).20) Vemos que Guillermo Miller no dice que la
equivocación estaba en el acontecimiento, sino que estaba en la fecha, en contra
de la profetisa del Adventismo, que afirma que la fecha era buena; pero que el
acontecimiento estaba equivocado. Por tanto, el Adventismo retuvo la fecha de
1844, y cambió el acontecimiento fallido; es decir, la fábula terrenal de que
Cristo iba a venir en 1844, fue cambiada por la fábula celestial del "juicio
investigador" comenzado en esa fecha en el cielo; allí, donde nadie puede ir
físicamente a comprobar que eso es otro error como esa primera fábula; pero, por
medio de la Teología, demostraremos que ese "juicio investigador" no existe ni
puede existir en ninguna parte y, además, perjudica la obra de Cristo; esto es
lo que vamos a demostrar en el capítulo siguiente.
21) Por tanto, está claro que, por la errónea traducción de la
sola palabra "PURIFICADO" de Daniel 8:14, apareció el millerismo, que dio lugar
al Adventismo y al Jehovismo. Si Guillermo Miller no hubiera encontrado en ese
texto de Daniel la palabra "PURIFICADO", nunca habría podido hacer cálculos para
buscar la fecha de la "purificación de la tierra", y, en consecuencia, nunca
habrían aparecido el Adventismo ni el Jehovismo.
Capítulo III
LA
DOCTRINA ADVENTISTA DE LA PURIFICACIÓN DEL SANTUARIO
DESTRUYE LA OBRA DE LA RECONCILIACIÓN
HECHA POR CRISTO
A) La purificación del Santuario israelita según el
Adventismo.
1) La profetisa del Adventismo explica la obra que realizaban
los sacerdotes y el sumo sacerdote en el Santuario israelita; éstas son sus
palabras:
"El servicio del santuario terrenal consistía en dos partes;
los sacerdotes ministraban diariamente en el lugar santo, mientras que una vez
al año el sumo sacerdote efectuaba un servicio especial de expiación en el lugar
santísimo, para purificar el santuario. Día tras día el pecador arrepentido
llevaba su ofrenda a la puerta del tabernáculo, y poniendo la mano sobre la
cabeza de la víctima, confesaba sus pecados, transfiriéndolos así
figurativamente de sí mismo a la víctima inocente. Luego se mataba el animal.
[…] La sangre, que representaba la vida comprometida del pecador, cuya culpa
cargaba la víctima, la llevaba el sacerdote al lugar santo y la salpicaba ante
el velo, detrás del cual estaba el arca que contenía la ley que el pecador había
transgredido. Mediante esta ceremonia, el pecado era transferido
figurativamente, por intermedio de la sangre, al santuario. […]
"[…]. El día de la expiación, el sumo sacerdote,
después de haber tomado una víctima (un macho cabrío) ofrecida por la
congregación, iba al lugar santísimo con la sangre de dicha víctima y rociaba
con ella el propiciatorio, encima mismo de la ley, para dar satisfación a sus
exigencias. Luego, en calidad de mediador, tomaba los pecados sobre sí y los
llevaba fuera del santuario. Poniendo sus manos sobre la cabeza del segundo
macho cabrío, confesaba sobre él todos esos pecados, transfiriéndolos así
figurativamente de él al macho cabrío emisario. Este los llevaba luego lejos y
se los consideraba como si estuviesen para siempre quitados y echados lejos del
pueblo.
"Tal era el servicio que se efectuaba como ‘mera
representación y sombra de las cosas celestiales.’ […]."
(2/470-473).2) Vemos que la obra que realizaba, una
vez al año, el sumo sacerdote, era lo que se llamaba "la purificación del
santuario"; porque, mediante esa obra el santuario quedaba purificado de los
pecados acumulados en él a lo largo del año mediante la obra llevada a cabo
diariamente por los sacerdotes. Ahora bien, según la misma profetisa del
Adventismo, cuando Cristo ascendió al cielo, empezó a realizar la obra
simbolizada por la función diaria de los sacerdotes; pero, en 1844, comenzó a
efectuar la obra simbolizada por la función que, una vez al año, realizaba el
sumo sacerdote; por lo cual, lo mismo que aquél entraba en el lugar santísimo
para llevar a cabo la purificación del santuario terrenal, Cristo también entró
en el lugar santísimo del santuario celestial, en dicha fecha, para purificar el
santuario, limpiándolo de los pecados de los creyentes; para descubrir esos
pecados realiza el "juicio investigador"; una vez conocidos los pecados, los
borra expiándolos con su sangre; así el santuario celestial quedará purificado
cuando acabe ese juicio, y entonces tendrá lugar la segunda venida de Cristo;
así lo dice la profetisa:
"[…]. Y lo que se hacía típicamente en el santuario terrenal,
se hace en la realidad en el santuario celestial. […]
"El servicio del sacerdote durante el año en el
primer departamento del santuario […] representa la obra y el servicio a que dio
principio Cristo al ascender al cielo. […]
"Este ministerio siguió efectuándose durante
dieciocho siglos en el primer departamento del santuario. La sangre de Cristo,
ofrecida en beneficio de los creyentes arrepentidos, les aseguraba perdón y
aceptación cerca del Padre, pero no obstante sus pecados permanecían inscritos
en los libros de registro. Como en el servicio típico había una obra de
expiación al fin del año, así también, antes de que la obra de Cristo para la
redención de los hombres se complete, queda por hacer una obra de expiación para
quitar el pecado del santuario. Este es el servicio que empezó cuando terminaron
los 2.300 días. […]
"[…]. Y así como la purificación típica de lo terrenal se
efectuaba quitando los pecados con los cuales había sido contaminado, así
también la purificación real de lo celestial debe efectuarse quitando o borrando
los pecados registrados en el cielo. Pero antes de que esto pueda cumplirse
deben examinarse los registros para determinar quienes son los que por su
arrepentimiento del pecado y su fe en Cristo, tienen derecho a los beneficios de
la expiación cumplida por él. La purificación del santuario implica por lo tanto
una obra de investigación – una obra de juicio. […]
"[…]. Esta tarea de examinar los caracteres y
determinar los que están preparados para el reino de Dios es la del juicio
investigador, la obra final que se lleva a cabo en el santuario
celestial.
"[…]. Así que cuando Cristo entró en el lugar
santísimo para consumar la obra final de la expiación, cesó su ministerio en el
primer departamento. Pero cuando terminó el servicio que se realizaba en el
primer departamento, se inició el ministerio en el segundo departamento. Cuando
en el servicio típico el sumo sacerdote salía del lugar santo el día de la
expiación, se presentaba ante Dios, para ofrecer la sangre de la víctima
ofrecida por el pecado de todos los israelitas que se arrepentían
verdaderamente. Así también Cristo sólo había terminado una parte de su obra
como intercesor nuestro para empezar otra, y sigue aún ofreciendo su sangre ante
el Padre a favor de los pecadores." (2/473-474, 481-482).3) Observamos que, según la profetisa, el día de las expiaciones se
realizaba la purificación del santuario terrenal mediante dos obras:
a) Se efectuaba el sacrificio de un macho cabrío.
b) Con la sangre de ese animal, se realizaba la purificación
del santuario.
4) Ahora bien, el Adventismo, con su profetisa a la cabeza, no
quiere ver (o tener en cuenta) que, a continuación de esas dos obras, se
realizaba una tercera obra, que era la principal, y que, para llegar a ella, se
realizaban las otras dos obras preliminares indicadas. Esta tercera obra era la
RECONCILIACIÓN; ilustremos esto en un sencillo gráfico:
5) El Adventismo se ha quedado atascado en el segundo escalón,
lo cual anula o destruye la obra del tercer escalón, que era la que culminaba
toda la obra de la purificación del santuario israelita en el día de la
expiación o purificación del santuario. Esto lleva, al Adventismo, a la
destrucción de la obra de Cristo, simbolizada por el tercer escalón; lo veremos
a continuación.
B) La purificación del santuario israelita según la
Biblia.
1) Presentamos, en primer lugar, un esquema del santuario
portable que construyó Moisés; así como de cada una de sus partes, indicando los
textos bíblicos donde se habla de cada una de estas cosas
Gráfico undécimo:
Esquema del Santuario:
1.- Santuario (Éxodo 25:8).
2.- Atrio (Éxodo 27:9-19; 38:9-20; 40:8).
3.- Tabernáculo (Éxodo 26:1-30; 36:8-38).
4.- Lugar santísimo (Éxodo 26:33).
5.- Lugar santo ( Ib.).
6.- Arca del testimonio con el propiciatorio (Éxodo 25:10-22; 26:33-34;
37:1-9).
7.- Altar del incienso (Éxodo 30:1-6; 37:25-28).
8.- Mesa para el pan de la proposición (Éxodo 25:23-30; 26:35;
37:10-16).
9.- Candelabro de oro (Éxodo 25:31-40; 26:35; 37:17-24).
10.- Fuente de bronce (Éxodo 30:17-21; 40:7).
11.- Altar de los holocaustos (Éxodo 38:1-8; 40:6).
12.- Velo de separación entre el lugar santo y el lugar santísimo (Éxodo
26:31-33).
13.- Velo para la puerta del tabernáculo (Éxodo 26:36-37; 36:37).
14.- Cortina para la puerta del atrio (Éxodo 27:16;
40:8).
2) En tiempos de Cristo, todo ese esquema del Santuario era
diferente. El tabernáculo era lo que se llamaba el Santuario; el atrio era
llamado atrio de los sacerdotes; en torno a éste, estaba el atrio de Israel; a
continuación de la parte oriental de éste, se hallaba el atrio de las mujeres;
y, en torno a estos dos últimos atrios, estaba el atrio de los gentiles; entre
unos atrios y otros, y rodeando todos, había una multitud de columnatas y
diversos edificios; el conjunto de todas estas instalaciones era lo que
constituía el Templo; al cual ya no se accedía a través de una cortina, como en
tiempos de Moisés se entraba al atrio; sino que había una serie de puertas; una
de ellas, situada en la parte oriental, llamada la Hermosa, fue escenario de un
célebre milagro realizado por el apóstol Pedro (Hechos 3:1-10). Por otra parte,
tampoco había un velo en la entrada del lugar santo, sino una puerta; por lo
que, desaparecida la cortina de acceso al atrio y el velo de entrada al Lugar
Santo, sólo quedaba, en el Templo, el velo que hacía separación entre el Lugar
Santo y el Lugar Santísimo; pero este velo era doble; es decir, se trataba de
dos telas gruesas que pendían una junto a la otra:
"El Santuario en sí estaba en una terraza más elevada que el
Patio (o atrio) de los sacerdotes. Doce escalones llevaban a su pórtico, que se
extendía más allá y a cada lado (norte y sur). […] El Pórtico estaba adornado
por presentes votivos y conspicuos; entre ellos había una parra de oro enorme.
Una puerta de dos niveles se abría hacia el Santuario mismo, que se dividía en
dos partes a su vez. El Lugar Santo tenía el Candelabro de oro (sur), la Mesa de
los panes de la proposición (norte) y el altar de incienso, entre ellos. Un
doble velo de tela gruesa y pesada cerraba la entrada al Lugar Santísimo, que en
el segundo Templo estaba vacío; no había en él nada más que un pedazo de roca,
llamada la Ebhen Shethiyah, o Piedra del Fundamento, […]. Pero todo esto
no da idea adecuada de la inmensidad de los edificios del Templo. Porque
alrededor del Santuario y de cada uno de los patios había varias cámaras y
cobertizos que servían propósitos distintos relacionados con los servicios del
Templo." (31/tomo 1, p. 288).3) Al parecer, ese doble
velo era considerado como uno solo, pues, cuando se rompió en el momento de la
muerte de Cristo, sólo se hace referencia al velo (Mateo 27:51). Es posible que
el hecho de ser el velo doble fuera con el fin de tener mayor seguridad de que
nadie pudiera mirar al interior del Lugar Santísimo con sólo retirar o doblar el
extremo junto a una pared; porque, como el velo estaba extendido en dirección
Norte-Sur, da la impresión que el primer velo estaba fijado a la pared del
Norte, mientras que el segundo velo estaba fijado a la pared del Sur; de esa
forma, aunque alguien doblara el extremo que estaba suelto del primer velo, no
podía ver el interior del Lugar Santísimo, porque se encontraba con el segundo
velo, que, en ese extremo, estaba fijado a la pared. Por esta causa, debía ser
que, cuando el sumo sacerdote iba a entrar en el Lugar Santísimo, pasaba al
interior del primer velo por el lado de la pared del sur; después marchaba entre
los dos velos, y, por junto a la pared del norte, pasaba al otro lado del
segundo velo, y así accedía al interior del Lugar Santísimo. Los rabinos, que
hablan de estos dos velos, explican ese recorrido que hacía el sumo sacerdote,
para entrar en el Lugar Santísimo:
"Los rabinos hablan de dos velos, y dicen que el sumo
sacerdote entraba por el borde del sur del primer velo, y luego caminaba hasta
que llegaba al borde del norte del segundo velo, por donde entraba en el lugar
santísimo." (32/69, nota 29).4) Los servicios diarios
en el Santuario eran así:
a) Cuando un israelita pecaba, debía ofrecer el sacrificio de
un animal para obtener el perdón de su pecado.
b) El pecador llevaba el animal al Tabernáculo y confesaba su
pecado poniendo la mano sobre la cabeza del animal; después lo degollaba; así,
simbólicamente, el pecado iba a parar a la sangre del animal.
c) Un sacerdote llevaba la sangre en un recipiente y, con ella,
rociaba unas veces sobre el velo que separaba el lugar santo del lugar
santísimo, luego untaba con esa sangre en las esquinas del altar del incienso; y
echaba el resto de la sangre al pie del altar de los holocaustos;
simbólicamente, el pecado que iba en esa sangre, quedaba en esos mismos lugares
donde había ido a parar la sangre del mencionado animal; no se hacía siempre ese
mismo recorrido con la sangre; todo dependía del rango de la persona que ofrecía
el sacrificio; pero, de todas formas, a lo largo del año, simbólicamente
quedaban llenos de pecados: el lugar santísimo (hacía el cual se había rociado
sangre), el lugar santo (en cuyo altar se había untado sangre), así como el
atrio; porque su altar también había sido untado con sangre y, en el suelo,
junto al mismo, se había echado sangre; por lo que todo el Santuario estaba
lleno de los pecados que habían llegado a todos esos sitios en la sangre de esos
mencionados sacrificios (Levítico 4:1-7, 13-18, 22-25, 27-30).
d) Por consiguiente, era necesario purificar el Santuario de
todos esos pecados que, simbólicamente, se habían ido acumulando día tras día a
lo largo de un año.
5) El servicio anual para purificar el Santuario seguía este
programa:
a) Una vez al año, el día 10 del mes séptimo (hacia primeros de
octubre), era la fiesta de la expiación, para purificar el Santuario de los
pecados acumulados a lo largo de un año (Levítico 23:27).
b) El sumo sacerdote entraba al lugar santísimo, donde se
manifestaba la presencia de Dios (Levítico 16:2).
c) Primero, el sumo sacerdote, mediante el sacrificio de un
becerro, se reconciliaba con Dios, junto con su familia (Levítico 16:6,
11-14).
d) A continuación se echaba suertes sobre dos machos cabríos:
uno para Dios, y el otro para Azazel (el Diablo), (Levítico 23:7-8).
e) El macho cabrío que caía en suerte a Dios, se ofrecía en
expiación, el otro quedaba vivo (Levítico 16:9-10).
f) Una vez sacrificado dicho macho cabrío, el sumo sacerdote
entraba al lugar santísimo con la sangre de este animal y, rociándola,
simbólicamente limpiaba los pecados del lugar santísimo, del lugar santo y de
todos los sitios donde se habían ido acumulando los pecados a lo largo de un año
(Levítico 16:15-19).
g) Todos esos pecados que el sumo sacerdote limpiaba de esos
lugares, simbólicamente pasaban a él; por tanto, a continuación confesaba todos
esos pecados sobre la cabeza del macho cabrío de Azazel; entonces los pecados
pasaban a ese macho cabrío; éste, cargado con todos esos pecados, era abandonado
lejos del Santuario, el cual, de esta manera, quedaba limpio de los pecados una
vez cada año (Levítico 16:20-22, 29-34).
6) Hasta aquí tenemos las dos primeras obras, de las tres de
que constaba el servicio de ese día 10 del séptimo mes. En efecto:
a) La primera obra era el SACRIFICIO del macho cabrío.
b) La segunda obra consistía en que, mediante la sangre de ese
sacrificio, se obtenía la PURIFICACIÓN de los pecados.
c) La tercera obra era la RECONCILIACIÓN, que se conseguía como
resultado de la purificación que quitaba los pecados del Santuario, que estaban
haciendo separación entre Dios y los creyentes israelitas (Isaías 59:2; Levítico
23:26-28).
7) En realidad, lo importante era esta tercera obra, para cuya
consecución se realizaban las dos primeras.
C) El simbolismo de la purificación del Santuario fue
cumplido con la muerte de Cristo.
1) Todo el simbolismo del Santuario israelita constaba de
cuatro partes: los sacerdotes, sus sacrificios, los sumos sacerdotes, sus
sacrificios, y Cristo puso fin a todo esto:
a) Los sacerdotes eran un símbolo del sacerdocio de Cristo; por
tanto, ellos terminaron, para Dios, cuando Cristo llegó a ser sacerdote (Hebreos
7:20-25).
b) Los sacrificios, que, como en una cadena de cuerpos de
animales, los sacerdotes venían ofreciendo desde los tiempos de Moisés (excepto
mientras el exilio en Babilonia), los cuales eran un símbolo del sacrificio de
Cristo; por esto, cuando éste murió, el sacrificio de su cuerpo fue el último
eslabón de esa cadena (Hebreos 10:1-14).
c) Los sumos sacerdotes eran un símbolo de Cristo, en quien ese
símbolo terminó (Hebreos 6:17-20; 8:1-3).
d) El sacrificio del macho cabrío que el sumo sacerdote ofrecía
una vez cada año, para purificar los pecados del Santuario, era un símbolo del
sacrificio de Cristo, hecho una vez para siempre, el cual puso fin al pecado
(Hebreos 9:23-26; Daniel 9:24).
2) La purificación del Santuario que el sumo sacerdote
realizaba simbólicamente en el lugar santísimo, donde se manifestaba la
presencia de Dios (Éxodo 25:21-22), una vez cada año, el día 10 del séptimo mes,
fue realizada por Cristo en la realidad ante su Padre cuando resucitó. En
efecto, Cristo cumplió en la realidad las tres obras que se realizaban el día de
la expiación, a saber: sacrificio, purificación y reconciliación.
a) SACRIFICIO: Cristo, lo mismo que aquel macho cabrío
simbólico que se ofrecía cada año, fue sacrificado, en la realidad, para acabar,
de una vez por todas, con los pecados de todos los hombres de todos los
tiempos:
"El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He
aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo." (Juan 1:29).
"Y él (Jesucristo) es la propiciación por
nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo
el mundo." (1 Juan 2:2).
"[…], se presentó una vez para siempre por el
sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado." (Hebreos
9:26).b) PURIFICACIÓN: igual que el sumo sacerdote se
presentaba ante la presencia de Dios en el lugar santísimo con la sangre del
macho cabrío para expiar (o purificar) los pecados del Santuario, también Cristo
se presentó ante Dios en el cielo cuando resucitó (Juan 20:1-18):
"Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas
celestiales fuesen purificadas así: pero las cosas celestiales mismas, con
mejores sacrificios que estos. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de
manos, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por
nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo
sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le
hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero
ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el
sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado." (Hebreos 9:
23-26).*) La expresión "... una vez para siempre ..."
se contrapone a la expresión "... cada año ...".
*) Y la expresión "... por el sacrificio de sí mismo ..." se
contrapone a la expresión "... con sangre ajena.".
*) En consecuencia, lo que repetía el sumo sacerdote una vez
cada año, lo hizo Cristo solamente una vez para siempre; y lo que hacía el sumo
sacerdote en esas ocasiones con la sangre del macho cabrío (sangre ajena), lo
hizo Cristo, en esa única vez, con la sangre de su propio sacrificio.
*) También dice el texto de esta cita que Cristo entró en el
cielo, para presentarse ante Dios, y "... se presentó ... por el sacrificio de
sí mismo para quitar de en medio el pecado." Este hecho de presentarse ante Dios
en el cielo es la realidad que estaba simbolizada por el sumo sacerdote cuando
entraba con la sangre del macho cabrío al lugar santísimo ante la presencia de
Dios. En la realidad, Jesús se presento ante su Padre en el cielo en el mismo
día que resucitó, según lo explica el apóstol Juan (Juan 20:1-18). Así se
cumplió lo que estaba anunciado por el profeta Daniel, que vio cómo Jesús llegó
ante su Padre en el cielo (Daniel 7:13-14); entonces también se cumplió lo
anunciado por Daniel: que el Mesías, dentro del período de las 70 semanas, entre
otras cosas, iba a "... poner fin al pecado,...", haciendo "... cesar el
sacrificio y la ofrenda." (Daniel 9:24, 27).
*) Se ve claro que el hecho de presentarse Jesús ante su Padre,
en el día de su resurrección, corresponde al momento indicado en Daniel 7:13-14,
porque Jesús, hasta el momento de su muerte, sólo era un siervo, que no podía
hacer nada por sí mismo (Filipenses 2:5-8; Juan 5:19); pero, en el momento de
ascender al cielo, dijo que le había sido dado todo el poder en el cielo y en la
tierra (Mateo 28:18), y, como recibió ese poder en el cielo ante su Padre, según
Daniel 7:13-14, tiene que haberse presentado allí Jesús, para recibirlo, en
algún momento entre la hora de su muerte y la hora de su ascensión, y el momento
de esa presentación ante su Padre fue en el día de su resurrección, como lo
afirmó él mismo en Juan 20:17; en ese día y en ese momento realizó Jesús la
purificación de los pecados.
*) Por consiguiente, y sin ninguna discusión posible, cuando
Jesús ascendió al cielo cuarenta días después de su resurrección ya había hecho
la purificación de los pecados, como queda afirmado de forma concluyente en el
texto bíblico de Hebreos 1:3:
"[…], habiendo efectuado (Jesús) la purificación de los
pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas."
(33/747).*) Como se ve, la purificación de los
pecados es anterior a la ascensión.
*) La profetisa del Adventismo ignora este texto en la obra
donde trata este tema (2/755), y, a sus seguidores, no les gusta que, en Hebreos
1:3, se use la palabra clave "PURIFICACIÓN", a juzgar por lo que hizo el pastor
adventista C. P. B., quien, al hacer una traducción del francés al español, de
un texto donde se hablaba de Hebreos 1:3, para un artículo sobre este tema, lo
tradujo de esta forma (veamos primero el texto francés):
"[…] qui (le Christ), après avoir accompli la purification
des péchés, s’est assis à la droite de Dieu." (34/508).
Traducción (del pastor C. P. B.):
"[…] quien (Cristo), después de haber hecho la
purgación de nuestros pecados, se sentó a la diestra de Dios."
(35/15).*) Este pastor sabe perfectamente francés;
por lo que el hecho de cambiar la palabra "PURIFICACIÓN" por "PURGACIÓN" (que,
aunque sea parecida, no es igual, ni está en el texto francés) es evidente que
lo hace, porque el Adventismo no puede digerir que Cristo hiciera la
"PURIFICACIÓN DE LOS PECADOS" y la dejara TERMINADA el mismo día que resucitó;
porque su profetisa (como ya hemos visto más arriba) dice que Cristo NO empezó a
hacer esa purificación HASTA el día 22 de octubre de 1844, y continúa todavía
haciéndola; y los comentaristas del Adventismo lo confirman, para que sus
comentarios coincidan con las enseñanzas de su profetisa (véase el Apéndice 4);
éstas son las palabras de ellos sobre Hebreos 1:3:
"[…]. Esta última purificación, también hecha posible
mediante la cruz, aún se lleva a cabo, y continuará hasta cuando sea posible
salvar la última persona." (7/tomo 7, p. 412).*) Por
tanto, está claro que la doctrina del Adventismo sobre la purificación del
Santuario, que, según afirman esos comentaristas, se está llevando a cabo en el
"juicio investigador" desde 1844, es una doctrina siniestra para la obra
salvadora de Cristo.
*) En conclusión: los apóstoles enseñan que Jesús dejó
terminada la purificación de los pecados en el siglo I (según Hebreos 1:3); pero
el Adventismo afirma que esa purificación no comenzó hasta el siglo XIX y
continúa todavía; por lo que esta enseñanza del Adventismo es otro evangelio,
condenado por los apóstoles (según Gálatas 1:8-9). Además, en el nuevo pacto,
los pecados perdonados por la fe en el sacrificio de Cristo son pasados "por
alto" por Dios, y no se acuerda más de ellos (según Romanos 3:25 y Hebreos
10:16-17); por eso, no puede existir ese "juicio investigador", en el cual Dios
examine esos pecados; pero estos tres textos bíblicos (Hebreos 1:3; Romanos 3:25
y Hebreos 10:16-17) no los usa la profetisa en sus obras (2/755-756),
(36/558-560), (37/563-564).
c) RECONCILIACIÓN: Hemos visto que, en el día de la expiación,
día 10 del séptimo mes, mediante la sangre del sacrificio del macho cabrío, se
realizaba la purificación de los pecados de los creyentes, los cuales se habían
acumulado en el Santuario a lo largo del último año, y que esa PURIFICACIÓN (o
expiación) de los pecados se hacía para conseguir la RECONCILIACIÓN:
"Y esto tendréis por estatuto perpetuo: En el mes séptimo, a
los diez días del mes, afligiréis vuestras almas, ninguna obra haréis, ni el
natural ni el extranjero que mora entre vosotros. Porque en este día se hará
expiación por vosotros, y seréis limpios de todos vuestros pecados delante de
Jehová." (Levítico 16:29-30).
"A los diez de este mes séptimo será el día de la
expiación; tendréis santa convocación, y afligiréis vuestras almas, y ofreceréis
ofrenda encendida a Jehová. Ningún trabajo haréis en este día; porque es día de
expiación, para reconciliaros delante de Jehová vuestro Dios." (Levítico
23:27-28).*) Un autor cristiano (de origen judío)
habla así de la RECONCILIACIÓN que se realizaba en el día de la
expiación:
"'Día de la Expiación […]. Tenía lugar en el día décimo del
mes séptimo[…]. El mes séptimo […] cerraba el ciclo festivo, siendo la fiesta de
los tabernáculos, que comenzaba el día 15 de aquel mismo mes, la última del año.
Pero […] antes de aquella gran fiesta de la cosecha y de acción de gracias,
Israel debía, como nación, reconciliarse con Dios, porque sólo un pueblo en paz
con Dios podía regocijarse delante de Él en la bendición con la que Él había
coronado el año." (32/325).*) De la misma forma como
en el Santuario israelita, mediante la expiación (o purificación) de los
pecados, se conseguía la RECONCILIACIÓN simbólica de los israelitas con Dios,
también Cristo, en la realidad, mediante la purificación de los pecados (Hebreos
1:3), consiguió la reconciliación de los hombres con Dios:
"Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por
la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su
vida." (Romanos 5:10).*) Es evidente, según este
texto bíblico, que, cuando el apóstol Pablo escribió esta cita, la
RECONCILIACIÓN ya estaba hecha y terminada; y que, lo mismo que, en el Santuario
israelita, se obtenía simbólicamente la reconciliación cuando, con la sangre del
macho cabrío, se purificaban los pecados, así también, en la realidad, con la
sangre del sacrificio de Cristo ("la muerte de su Hijo"), éste obtuvo la
purificación de los pecados y la reconciliación con Dios.
*) Ahora bien, lo mismo que simbólicamente en el Santuario
israelita no se podía obtener la reconciliación sin haber efectuado antes la
purificación de los pecados, tampoco, en la realidad, Cristo podría haber
obtenido la reconciliación sin haber terminado antes la purificación (Hebreos
1:3; Romanos 5: 10-11; Colosenses 1:21-22).
*) Por tanto, como el Adventismo enseña que Cristo aún no ha
terminado la purificación de los pecados, es lógico que no quiera saber nada de
la reconciliación, ya que, según él, ésta no puede tener lugar hasta después de
terminarse la purificación que, según su profetisa, durará hasta la "Parusía",
puesto que Cristo no vendrá hasta que termine el "juicio investigador"; por
tanto, en la doctrina de la profetisa, nada se dice de la reconciliación
simbólica, ni de la reconciliación en la realidad, efectuada por Cristo con su
sacrificio. Veamos esto en el siguiente gráfico (en el cual, los dos recuadros
del tercer escalón, rodeados con una línea de puntos, no existen en el peculiar
mensaje del Adventismo):
Gráfico duodécimo:
En conclusión: la profetisa no usa ninguno de los ocho textos
bíblicos que están en este gráfico, en su obra donde trata el tema de la
purificación del Santuario (2/461-475, 751-757), ni en otra de sus obras
destinada a los que han de predicar el peculiar mensaje del Adventismo
(37/561-565); porque dejó anclada la doctrina adventista sobre la "purificación
del santuario" en el texto de Levítico 16:29-34, sin querer ver que este texto
se complementa con el de Levítico 23:26-28, como se puede ver en las siguientes
palabras de ella:
"[…] los símbolos que se refieren al segundo advenimiento
deben cumplirse en el tiempo indicado por el ritual simbólico. Bajo el régimen
mosaico, la purificación del santuario, o sea el gran día de la expiación, caía
en el décimo día del séptimo mes judío (Levítico 16:29-34), cuando el sumo
sacerdote, habiendo hecho expiación por todo Israel y habiendo quitado así sus
pecados del santuario, salía a bendecir al pueblo. Así se creyó que Cristo,
nuestro Sumo Sacerdote, aparecería para purificar la tierra por medio de la
destrucción del pecado y de los pecadores, y para conceder la inmortalidad a su
pueblo que le esperaba. El décimo día del séptimo mes, el gran día de la
expiación, el tiempo de la purificación del santuario, el cual en el año 1844
caía en el 22 de octubre, fue considerado como el día de la venida del Señor.
Esto estaba en consonancia con las pruebas ya presentadas, de que los 2.300 días
terminarían en el otoño y la conclusión parecía irrebatible."
(2/451).*) Por tanto, como ya hemos visto, cuando
falló la predicación de la venida de Cristo para 1844, dijeron que, en esa
fecha, Jesús había empezado a purificar el santuario del cielo, por medio de
realizar un "juicio investigador" para descubrir los pecados de los creyentes y
expiarlos, y, cuando acabe ese juicio, vendrá Jesús; así lo enseña la
profetisa:
"Solemnes son las escenas relacionadas con la obra final de
la expiación. Incalculables son los intereses que ésta envuelve. El juicio se
lleva ahora adelante en el santuario celestial. Esta obra se viene realizando
desde hace muchos años. Pronto – nadie sabe cuándo – les tocará ser juzgados a
los vivos. En la augusta presencia de Dios nuestras vidas deben ser pasadas en
revista. […].
"Cuando quede concluida la obra del juicio
investigador, quedará también decidida la suerte de todos para vida o para
muerte. […]." (2/544-545).
"Cuando el juicio investigador haya concluido,
Cristo vendrá con su recompensa para dar a cada uno según sus obras."
(2/539).3) Así, la doctrina de la purificación del
Santuario, según la enseña el Adventismo con su profetisa a la cabeza, ignora y
destruye la doctrina de la reconciliación simbólica que se obtenía en el
Santuario israelita el día de la expiación, mediante la purificación de los
pecados; y, en consecuencia, también ignora y deja destruida la obra de la
reconciliación efectuada por Cristo en la realidad (según Romanos 5:10),
mediante la purificación de los pecados por su sacrificio en la cruz (según
Hebreos 1:3).
4) Como la reconciliación no se podía obtener hasta quedar
terminada la purificación de los pecados, y, como para el Adventismo esa
purificación no ha concluido todavía, resulta que la reconciliación no existe en
sus doctrinas, ni en los símbolos ni en la realidad, como se puede ver en el
gráfico duodécimo.
5) Ahora bien, Dios encargó a los cristianos que predicaran el
mensaje de la reconciliación:
"Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo
mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba
en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres
sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que,
somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de
nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios." (2 Corintios
5:18-20).6) Así, mientras los apóstoles predicaban
(de parte de Dios) la reconciliación, el Adventismo predica (de parte de su
profetisa) el "juicio investigador", y éste es su peculiar mensaje; pero este
mensaje pertenece a un evangelio diferente al que predicaron los apóstoles y,
por tanto, está condenado por la Palabra de Dios, como está claramente afirmado
en Gálatas 1:8-9; en consecuencia, ese peculiar mensaje del Adventismo no es un
mensaje cristiano, sino un mensaje falso, fundado en una errónea interpretación
de Daniel 8:14, y esta falsa interpretación constituye la "razón de ser" del
Adventismo (como se ve en la primera parte, capítulo V, punto 4).